Prófugo de la gran letrina verde cúpula del setentón
FCE, el insecto díptero de Navarijo a esta nota epónimo
se pasea zancudo revoloteando la infección de su propio
aire sintáctico, y en oídos sordos a la infamia
deslizumba pertérrito estas palabras necias (que son confesión
de parte):
Orlando:
Tengo en mi oficina las pruebas de tu libro. Puedes pasar a recogerlas
cuando quieras.
Sólo debo advertirte que eliminé el original en
catalán de todos los textos en prosa (incluido el epílogo),
pues habíamos quedado en que no irían.
Aun así, el mero apéndice ocupa 480 páginas,
lo que es en mi opinión un exceso, y el epílogo
de Enric otras 77. Espero que estés de acuerdo.
Por fin nos llegó la aceptación
oficial por parte del IRL del incremento en el subsidio.
Lo que es un exceso es que esta clase de misereres cobre sueldo
de privilegio del Estado mexicano en materias que competen al
cultivo del espíritu. Y nunca he quedado en nada (pero
menos en esto) con un correo de voz de fosa séptica como
ese.
Fallados ya todos los intentos de impedirla a obra de muchos que
poco valen, Martí Soler quiere ahora obstaculizar y retrasar
la aparición inminente de Doce poetas catalanes
del siglo XX en el FCE, fintando con su mutilación.
Más alla de los agravios autorales, de imagen y los daños
patrimoniales que tal conducta supone, esto dice sin embargo en
su parte relativa el contrato respectivo: “El autor asume
la responsabilidad última del establecimiento del texto
interior en catalán y en español” y también:
“Las modificaciones que sufra el material al adecuarse a
la paginación y al diseño de la colección
Tierra Firme, serán supervisadas hasta la etapa de segundas
galeras, pudiendo el autor verificar que la composición
gráfica no altere la intención de la obra”.
La obra es de mi autoría y es cerrada y unitaria y con
el hábil revuelo de un franelazo de bolero en el aire a
modo de chicote se sacude sangrienta el revoloteo que no es lo
mismo que revuelo de esta clase de mosconas verdes. Este es el
alcance del FCE, limitado por esta cláusula cuya inserción
exigí en previsión de osadías viles como
esta.
El funesto degradador galimático y ripioso de la obra de
J. V. Foix al según él traducirla al castellano
se lanza ahora contra la prosa catalana del siglo XX tomándola
por tan desprotegida como la de Corella cuando la vilipendió
cacaraqueante. Pero Quevedo me paga con un chiste suyo una vieja
visita. Una mosca de cagadero de más chirriante zumbar
que esta, cupular de la época, manda a un mandao como este
a cagarse en la mesa quevedesca, provisto de orden regia. Quevedo
descuelga el pistolón, y le dice: Puedes cagar mientras miro
Puesto que el rey lo mandó
Pero mear, ¡eso sí no!
Si lo haces te pego un tiro
Lo que no es en mi opinión un exceso. Es justicia distributiva.