Orlando Guillén México, Carlos Salinas y la generación del
68
Cuando puedas me pasas el taladro, ¿no? para instalar
una cierta infinitud en la pared del fondo y mañana te lo
regreso.
Enric Casasses
A
manera de cierre a las presentaciones paralelas de mi libro de inminente
aparición “Doce poetas catalanes del siglo XX”
que he venido llevando a cabo en recurso a la opinión pública
nacional e internacional y en respuesta a la actitud asumida por
el Fondo de Cultura Económica de México en mi perjuicio
y el de la difusión y el conocimiento de esta obra panorámica
y monumental de traducciones (en demérito de mi autoría
esa editorial sembró recientemente confusión en los
lectores mediante un montaje fársico de prensa en periódicos
mexicanos), doy a conocer ahora, por primera vez en cualquier medio
formal y extensivo este documento, origen de la persecución
octaviopazcarlosalinista en mi contra. Va también por la
plena vigencia de los derechos del hombre y del ciudadano en México
y por el alto al veto y toda forma de omisión hasta la desaparición
de escritores vivos en mi patria.
Se lo dije en entrevista a Gordon Ross: parece fatalidad llulliana
(su obra también fue perseguida), y Llull es mucho poeta:
hoy, tras los hechos de delirio tremendo del franquismo contra las
lenguas minoritarias y sus autores, la poesía catalana del
siglo XX también entra perseguida a la lengua castellana.
México, Carlos Salinas y la generación del 68
PRIMERA CUCHILLA
(Prolegato)
Señoras y señores y público en general: el
11 de noviembre del año pasado el diario EL PAÍS publicó
un artículo del profesor Enrique Ruiz García en torno
al virtual en ese momento prójimo presidente de México.
Lo ahí expuesto -sobre todo la ubicación generacional
de Carlos Salinas, cuya cabeza proponía con arte menor que
maña en la bandeja sangrienta del 68 mexicano-, me impuso
la mordiente que acosa mi respuesta (cuyo contenido reproduciré
íntegro en la segunda cuchilla de estas páginas negras,
y eso a pesar de los acontecimientos políticos mexicanos
más recientes y conocidos). Tengo a mano la evidencia epistolante
de que el consejo de redacción de ese periódico precisó
de alrededor de 45 días para ‘desestimar’ su
publicación. Para desestimarla, es cierto, pero también
para vulnerar mi más que elemental derecho a la réplica:
como escritor y como ciudadano mexicano, y desde luego como persona
que en su momento fui de un movimiento juvenil, universitario y
urbano que aún hoy nomina con su número extremo a
una generación de mi país
-cualitativamente viva para decirlo en términos de sociología
en chinga. ¿Me halagó elegante tal actitud desde un
periódico cuya sedicencia independiente y democrática
se contesta sola por ser coto cercado de una misma filia (en sus
10 0 12 años de vida las voces a capela pueden fácil
contarse con los dedos de la manca), y por una constante editorial
que en líneas generales es expresa apología del tedio?
Quizá. Razones diversas que no tienen por qué venir
a cuento al paso de los días me alejaron de esta cuestión.
La aparición en el mismo matutino de un artículo de
Jorge Castañeda, destinado a legitimar la campaña
electoral mexicana por méritos del candidato del partido
gobernante; más la publicación también en ese
medio de algunos artículos y hasta crónicas sobre
el asunto (a los que alguien pudiente suministró el arduo
honor de la tipografía); y más, finalmente, el panegírico
del sistema político mexicano que acometió en ese
mismo lugar pero en fechas más cercanas el embajador de México
en España (excelentísimo señor cuyo nombre
no recuerdo), han venido en cambio, sí, de sopetón
a recordarme la segregación de que fui objeto por motivos
de opinión, y a plantearme la difusión de mi texto
por imperativos de conciencia -y no sólo de conciencia política.
Esto no es pues ni quiere ser una denuncia que pudiera formar parte
de algún etéreo y particular anecdotario de ninguneos:
es simplemente un modo de dar a conocer a la opinión pública
española (y por extensión a la europea) una visión
de la actual política mexicana que, por más que subjetiva
y vagamente sombría, se engendra y se alza desde la periferia
crítica -frente a la que se ofrece directamente procesada
por los fuegos fatuos del panteón intelectual mexicano. Es
discutible si por motivos distintos, pero igual que al enano Tuntún
al Octavio Paz hay que guisarle aparte, y si el lector es paciente
e improbable le verá servir de pasto al colofón.
SEGUNDA CUCHILLA
(México, Carlos Salinas y la generación del
68)
Jilguero
llama el pueblo allá en el rancho grande al mitinero en campaña
que tañe las excelencias del Ungido sexenal de turno, y tal
se gradúa el 11 de noviembre de 1987 y con el artículo
“El próximo presidente de México”, Enrique
Ruiz García: jilguero de lujo si se quiere, pero jilguero;
jilguero que presenta en sociedad al Candidato frente a Europa.
Doy cuenta de tan brusca ave de entrada porque es pájaro
de cuenta, mas lo que realmente cuenta son las corcheas del trino,
incidentes melódicos de los que pasaré a ocuparme
ahora ya sin más.
Afronto el riesgo de poner a salvo un muerto por un vivo obvio,
pero por mí que siga la yunta andando: ni la mexicana ni
la realidad política de ningún otro país permiten
una lectura enrevesada, al revés o mágica: requieren
por lo llano de una lectura informada y crítica; de que quien
las esté leyendo no lo haga con los pies. Hay que saber que
en la vida la lectura interesada o usurera de, por ejemplo, La Serpiente
Emplumada, antes que echar a volar se morderá la cola. De
antemano privada la llamada cosa pública, la democracia clásica
es un garbanzo de frimén: en el interior de un mundo esclavista
no deciden más que los hombres libres: es decir: los amos.
Los pocos kilos que desde entonces el asunto ha perdido en sustancia
los ha recuperado en la forma, y así se mantiene sin un solo
gramo de grasa patinal. Brazos de una misma camisa de fuerza, dos
tendencias dirimen entre ellas la cabeza espantapájaros visible
del imperio del sol poniente, y no se olvidan de guardar por eso
la forma votiva de las urnas. A imagen y desemejanza, tampoco y
mucho menos el sistema político dominante mexicano pierde
compostura de clase y, por encima y por debajo del dedazo, pasa
por los comicios el tarjetón del carro de su legitimación.
En ambos casos pues el grueso de la gente vota a menos y, según
su circunstancia gobiernan los intereses que gobiernan, y las personas
según su capacidad y según su bellaquería.
La administración política mexicana forma parte precaria
de las nominadas democracias occidentales, lo que no da a estas
alturas para que nadie se rasgue los sarapes. Los partidos tradicionales
mismos, giróvagos a derecha e izquierda del que ejerce el
poder, han venido bailando hasta ahora el Son de laNegra de la comparsa.
Con los naturales vaivenes de la danza, claro.
La primera fase del movimiento armado que acabó con la dictadura
de Porfirio Díaz abrió de patas al poder a Francisco
Madero. Tras el cuartelazo de La Musa de La Cucaracha y más
balas y más muertos, la segunda elevó más bajo
a la zorra miope Venustiano Carranza. Esta época no significó
ni tenía por qué ningún salto cualitativo en
la vida de las grandes mayorías. Su papel fue el de poner
los muertos, y su beneficio retórico: el contenido de un
par de artículos de la Constitución de 1917. Y es
que, asunción aparte de factores internos y externos, Madero
estaba hecho de la misma madera que el resto de la burguesía
terrateniente, y Carranza venía nada menos que de ser gobernador
de Cohahuila con el pájaro porfirio. A Madero lo sobrevive
todavía la frase emblemática “Sufragio efectivo.
No reelección”, una de las claves de la abundante estabilidad
política mexicana; a Carranza apenas si sus crímenes.
Pancho Villa y Emiliano Zapata que encarnaron cada uno a su modo
la figura real del pueblo en armas y son los grandes perdedores,
pagaron con la vida su ingenuidad frente al poder, su propio peso
militar y su temida capacidad de convocatoria.
El tributo a la no reelección, ‘postulado’ que
tantos reyezuelos sexenales nos deparó a los mexicanos, lo
pagó con cuerpo y alma el general Alvaro Obregón,
llamado El Manco de Celaya, al intentar de mano el doblete. ¡El
fusil ha muerto; viva el cañón!: porque instituye
míticamente la corrupción endémica del sistema
mexicano, a Obregón le sobreviven: primo: el grito de que
nadie resiste un cañonazo de cincuenta mil pesos; secundo:
su viuda alegre llamada Hacienda, Los Pinos o Programación
y Presupuesto; tertio: el monumento a su brazo maese en el saco
de San Angel.
La asamblea dispersa de los intereses o tendencias o facciones surgidos
de tantos caudillatos productos por la lucha armada, expresaba su
poder a través de una intrincada gama de partidos locales,
regionales o cuasinacionales. El colmillo sin escrúpulos
retorcido de la zorra hipermétrope Plutarco Elías
Calles, alcanzó a fundirlos en el crisol por consenso (es
un decir) del Partido Nacional Revolucionario, abuelo del PRI actual,
y se erigió a la sombra en Jefe Máximo, y fue el último
Caudillo. Y así parió la zorra a la familia revolucionaria
sin haberla parido, y fue su comadrona, y así comenzó
a nalgadas chillando ese atroz bebé.
(Podría, pero no me resisto a ahorrarme el paréntesis:
evidentemente aquí está el punto de arranque de otro
de los ‘insondables misterios’ del PRI: el reparto del
pastel entre parientes y compadres: cabezas de tendencias; cabezas
de intereses creados de la Revolución que empieza a institucionalizarse.
Todo queda en familia. Hasta hoy que, perdida la memoria, a los
ojos de Onán todo es puñeta) Al
Maximato le dio la patada en el culo Lázaro Cárdenas
tras alcanzar la presidencia bajo su manga. Al hacerlo, consolidó
el poder presidencial pero también su funesta secuela: el
presidencialismo, que padecemos. Estos son los hechos de Lázaro
cuando se levantó y andó: hizo efectivo el mando último
de la institución presidencial sobre la milicia; inició
un plan de reforma agraria, educación básica gratuita
y expansión y fomento del sindicalismo; orientó su
gobierno hacia un socialismo populista; fortaleció las bases
del reetiquetado Partido de la Revolución Mexicana; echó
a andar la tradición de refugio y asilo políticos,
y proclamó la independencia nacional y la autodeterminación
de los pueblos. Y fueron todos los días de su poder 6 años;
y engendró con el dedo a Manuel Avila Camacho, que comenzó
la larga marcha atrás manteniendo en lo posible la retórica;
y engendró con el dedo a Miguel Alemán, que casó
los intereses de gobierno con los de la burguesía nacional,
abrió las puertas al capital estadunidense (por lo que se
ganó a pulso el título de Míster Amigo) y amasó
una formidable riqueza personal de la que hoy es testimonio lleno
de imágenes el emporio televisivo Televisa, por ejemplo;
y engendró con el dedo a Adolfo Ruiz Cortines, que hizo poca
y sórdida política y mucha administración;
y engendró con el dedo a Adolfo López Mateos, que
se paseó por el mundo al grito de “concordia en el
concierto de las naciones”, y que reprimió a ferrocarrileros
y maestros; y engendró con el dedo a Gustavo Díaz
Ordaz, que en 1968 hizo tomar por el ejército la Universidad
Nacional y saludó con sangre los Juegos Olímpicos
al ordenar la matanza indiscriminada de manifestantes estudiantiles
y vecinos en la Plaza de las Tres Culturas del complejo habitacional
de Tlatelolco; y engendró con el dedo a Luis Echeverría,
que ni pudo restañar heridas (salvo la propia en plena frente
-producto de un hondazo que algún estudiante a David pretendiente
no mereció en efectivo ni siquiera el cheque de una porra
entre los goliatras -acaso por su escasa eficacia y por la edad
de su talonario), ni sustraerse a la represión paramilitar
de 1971 conocida como El Halconazo, y que, por si fuera poco, comenzó
la política devaluacionista; y engendró con el dedo
a José López Portillo, que nos exhortó a prepararnos
para administrar la riqueza, nacionalizó la banca, devaluó
con su aro al empujarlo al peso, y tuvo que salir por piernas; y
engendró con el dedo a Miguel de la Madrid, que esta es la
hora en que todavía no para de devaluar y devaluar, y que,
como se sabe, no hace mucho engendró con el dedo a Carlos
Salinas de Gortari.
Tales los antecedentes y tal la genealogía, ¿quién
es como persona pública el púgil heredero de la corona
extra de los pesos gallo mexicanos? Sin alma de denuesto lo informa
Ruiz García: “es hijo de un senador (en funciones)
de la República, también economista de profesión
y de influencia real después de una extensa vida política
y administrativa. En suma, sin equívocos, el nuevo candidato
del PRI es representante de una clase” (la dominante). Y añade
fractual el informante: “es actualmente el protagonista esencial
de la política económica de Miguel de la Madrid”.
O sea: el autor del macrodiseño de la caída en picada
del poder adquisitivo de las grandes mayorías de las clases
medias y populares en los últimos cinco años. La más
prójima consecuencia de su diseño se acaba de producir
(una vez puesto a salvo el diseñador por la proclamación
de su candidatura): una partida por media madre de la moneda del
orden del 55 por ciento frente al dólar.
El hecho de que Carlos Salinas tenga hoy 39 años prueba que
nació en 1948, no que “la generación de Tlatelolco,
aunque él viera el toro desde otras barreras, sabe muy bien
que el desarrollo es una exigencia irreversible que pasa por la
democracia”. Ver el toro 68 desde otras barreras prueba en
cambio que no pertenece a esa generación, puesto que esta
no se diluye en un mero dato cronológico como las promociones
del servicio militar. Si ese año guarda la suficiente fuerza
histórica como para nominar a una generación mexicana
(urbana en cuanto a su radio de amplitud estricto, y en general
universitaria en todo el país) es por quienes defendieron
en la plaza y en la calle (lo que muchos pagaron con la cárcel
o con la muerte) la libertad civil del pensamiento y la acción
frente a los cuentahabientes de un sistema corrupto, anquilosado
y prepotente. El meritorio empeño de ERG por calzar al pie
Salinas zapato tan rejego, y cuyo reiterado esfuerzo es tan plausible
como el de la madrastra de La Cenicienta, no se entiende sino a
la luz de que la generación del 68 ‘vende’ en
Europa. Porque no es nada del otro mundo situar por su generación
y en su lugar a Carlos Salinas. Lombardo Toledano llamó a
Miguel Alemán “Cachorro de la Revolución”
(era hijo de un general dudoso, cuyas hazañas no recogió
nadie, ni siquiera cuando pudo ser rentable hacerlo); pero la figura
del primer yúnior bien puede cubrirla López Mateos:
por el discurso (“mi gobierno es de extrema izquierda dentro
de la Constitución”, llegó a decir) y por la
arrogancia. A los hijos de estos hijos pertenece Carlos Salinas:
es decir: es el primero de una generación de nietos institucionales
que llega al poder; una generación que ya no conoce la Revolución
como guerra más que por los libros, y a cuyos padres (que
la conocieron vagamente) se enfrentaba la contestación estudiantil
del 68; una contestación a la que él asiste desde
el frente contestado y que es abiertamente su contemporánea:
Carlos Salinas pertenece a una generación de recambio del
sistema, no a una generación emergente como la que tuvo delante.
Los naipes de CS más que “contados y fascinantes”
se me aparecen, así, simplemente marcados. Marcados por el
orden por el que apuesta no por la fatalidad ni por la sangre de
enfrente.
Ya he dicho que la administración política mexicana
pertenece, precariamente como tantas otras, a las democracias occidentales.
Por su parte, ERG cree que “el desarrollo es una exigencia
[...] que pasa por la democracia”, lo que equivale a decir
que no la hay. Pero sucede que confunde democracia con democratización,
y a esta con la interna del PRI: lo que llama opción doble
cero no es otra cosa que la erradicación del dedazo y de
la ejecución moral del presidente anterior. Al considerar
esto último imprescindible, y a la vista de que no aduce
más que espantajos tales la sociedad adulta reclamante de
cambios y de formas modernas de participación, más
parece a ultranza un defensor agazapado del actual ocupante de Los
Pinos que un politólogo que reflexionara. Por otra parte,
presentar al andante ápodo de la corriente democrática
como una ‘ocurrencia’ sólo a él se le
ocurre: se trata de una jugada que ha permitido ya, en el interior
del PRI, abrir por primera vez “una preselección de
seis que dejó al final un candidato único, solar y
solitario” (lavándole de paso la uña a la práctica
del dedazo), y que puede permitir, con la candidatura parasatélite
de Cuauhtémoc Cárdenas, restar votos por la izquierda
a la oposición de ese signo, hoy agrupada bajo una misma
cobija.
El análisis global de ERG no toca siquiera el problema agrario
mexicano ni mucho menos el indígena (en México, pongamos
por dato, se mantienen vivas 56 lenguas vernáculas frente
a la dominante); pero aún en el entorno de la problemática
urbana (que de ningún modo puede entenderse cabalmente sin
el flujo constante de la inmigración campesina), ante el
hecho de que el nuevo gobierno verá crecer los estratos poblacionales
mayores de 15 años, con sus correspondientes exigencias de
vivienda y empleo, el ‘analista’ no otea más
salida que la modernización y un nuevo discurso. Discurso
que, supongo, no será sopa de letras.
No escapa al click de la cámara de los clichés ERG
cuando dice que el próximo mandato será único,
pero sí cuando apronta lo que sigue: “La bendición
para México no es el petróleo. Lo es, paradójicamente,
que Carlos Salinas no sea un demagogo. Sabe el valor del filo de
la navaja. Esa generación lo tiene en la memoria”.
Desde cuál perspectiva generacional ha visto CS el filo de
la navaja ya ha quedado dicho; cómo guarde esa miradura en
la memoria pertenece al reino de su razón subjetiva; mas
es de elemental watsonería que de todo ello no puede concluirse
que CS sea o no un demagogo. “El niño Dios te escrituró
un establo/ y los veneros de petróleo el diablo”, gañe
con mejor retórica el pariado famoso del caminante tísico
que se cobró la noche de la suave patria. Una lectura más
allá de la muerte escinde por los polos la realidad mexicana:
por un lado la urbe, las urbes, el centralismo, la burocracia, el
petróleo, la ilusoria industrialización nacional y
los grandes cinturones o incluso bolsones de miseria; y enfrente
el campo: el ejido en quiebra, los jornaleros (también llamados
proletarios del campo), los largos mojones de la pequeña
propiedad ganadera en la base del neolatifundismo; pero sobre todo
el ejido, ruina de sueño, como la alucinación de alguien
embalsamado vivo.
TERCERA CUCHILLA
(Dos precisiones -más o menos)
Algunos amigos mexicanos que le han atorado en vivo al patín
poelítico que antecede me han dicho que pareciera como que
yo de algún modo ameritara por exceso el sexenio cardenante
(y eso que fuera de la elipsis indirecta a la quijada no me ocupé
de la nacionalización del petróleo); o como si valuara
a la baja los tipos de interés político que el jaleo
de sus acciones en este orden perseguía. Para ahorrarme unas
cuantas líneas, arrastro por los pelos otras de Octavio Paz
hasta esta página, y las pongo en chinga a resumir por mí
la inteligencia de la astucia cardenicia: componer lo que hoy es
el PRI no por individuos sino por corporaciones: sectores obrero,
campesino y popular. Ese desnuque nucleado comenzaría a partir
de los sexenios de Avila Camacho y de Miguel Alemán a cobrar
la facha de proboscidio blanco -cuyas duras y pesadas patas han
venido andando, aplanando o aplastando desde entonces. Lo que ni
el exembajador de Díaz Ordaz en la India subraya ni yo acerté
a recalcar es que Cárdenas hizo lo que hizo con su partido
pensando en consolidarlo como máquina última electoral
y brazo largo civil del gobierno. Más de cincuenta años
nos contemplan, y o palidecen o callan.
A la vista de los sucesos políticos más recientes
en México, se me impone la búsqueda y captura de los
mínimos datos indispensables para acreditar sin lugar equívoco
lo que da lo mismo nombrar virginidad que castidad política
de los dos más picudos cabecillas de la ya bastante asendereada
corriente democrática: 1) Porfirio Muñoz Ledo fue
presidente del comité ejecutivo nacional del PRI; ministro
de educación en su momento (y por tanto, y dentro de las
viejas reglas del juego, habilitado meritorio para aspirar a la
presidencia mexicana), e incluso jugó su carta como embajador
del gobierno ante la ONU; 2) por su parte, el hijo de Lázaro
Cárdenas (cuyo cocuyo es su mérito) salía de
ser gobernador de Michoacán (por el PRI, claro) cuando se
aventó no sé si a seguir en ellas o a remontar las
aguas de la corriente.
Es válida entonces pues la hipótesis de que todo este
esperpentáculo formara parte de una alta cubiletada de laboratorio
política (¡oh sombra de Jesús Reyes Herodes!),
cuyo ortodoxo frankenstein inopinadamente rebasara por la zurda
a sus creadores. Pero aunque también pudiera por la diestra
y ganas no le faltaran, y así resultase frankenstein o gólem,
tengo que admitir, por lo que a mi capacidad de juicio directamente
respecta, que en ningún momento conté con el oprtunismo
histórico de la izquierda mexicana (oficial o paraoficial)
que terminaría metiendo la popa de su chinampa en las aguas
turbias pero no Revueltas (homenaje a Pepe) de tan prometedor Cuemanco.
Porque a partir de la vindicante y victoriosa autogestión
ciudadana que desencadenó por encima del gobierno y sus adláteres
la última más importante catástrofe telúrica
que asoló al DF (y de cuyo miedo escénico se hizo
eco necesariamente EL PAÍS -bajo la firma bajo cuerda funámbula
del simulacrista lírico que finta escribir con La Manca)
la democratización interna del PRI y de su aparato disperso
era cosa cantada -sobre todo en vísperas de la sucesión
presidencial. Porque me temo que de lo que se trataba era de proponer
al PRI como alternativa al PRI (y sin más riesgos); y mejor
todavía si el quiebre de cintura al punching bagg por la
izquierda prefería pasarse a los rounds de sombra.
CUARTA Y ÚLTIMA Y EN PIEDRA DE SOL AFILADA CUCHILLA
(Octavio Paz: Triptongo)
Triptongo: palabragueta abierta hija del claroscuro ayuntamiento
de tríptico y de tongo, me parece justa a la medida para
la triple entrega (para variar también en EL PAÍS)
que los días 22, 23 y 24 de agosto último Octavio
Paz publicó bajo el reclamo general que sigue: “México
ante un presente incierto”; y puesto que tal sastrería
menor estricta me parece, se la aplico, y con ello defino esa entrega:
está destinada (bajo las atávicas pero ya habituales
máscaras del autor -que en este terreno es más hábil
que Milmáscaras pero menos que El Rayo de Jalisco) a la descalificación
de los oponentes electorales del caballo ganador y a montar al trote
una defensa (que no se atreve a decir su nombre) de la legitimidad
de este. Pero Paz no se limita a eso y emite tales juicios que me
veo obligado a ponerles música -con y sin licencia de la
Unión de Organilleros.
Siempre OPortuno OP dice que asistimos a un proceso que se inició
hace más de 20 años. Tengo para mí que asistimos
a un proceso que se inició alrededor de 1800 y pico, y si
alguien lo duda que se lo pregunte a dos que muy me importan: a
Pípila, y a Pío Marcha -si es que en la historia existe
el principio de contradicción. Si no es severo con la historia
menos lo es con las matemáticas sociales, pero que se refería
al 68 se hace en seguida evidente: “En 1968 estalló
la revuelta de los estudiantes. Fue un aviso y algo más:
una fractura”. El aviso: “la ciudad de México
es una caldera que contiene esos elementos inflamables que son las
masas urbanas, especialmente las de los jóvenes. La caldera
puede estallar cada vez que el vapor que despide no tiene salida
o cada vez que manos insensatas atizan el fuego”; la fractura:
el movimiento juvenil “mostró que nuestra sociedad
no era un todo homogéneo y que el sistema político
mexicano no correspondía ya a la realidad social y cultural
de nuestro país. México había crecido y se
había diversificado; el régimen le quedaba chico a
la nación y la rigidez del sistema la ahogaba”. Pero
el analista, situado ayer y hoy dentro del sistema, también
le quedaba y le queda chico a la nación y al análisis.
Para comenzar, ¿qué chingaos quiere decir con que
la caldera puede estallar cada vez que el vapor que despide no tiene
salida (lo que tendría por los aires a la ciudad de México
como incógnita para paleólogos -hoy lo es para ecologistas
del cosmos, si los hay-, por lo menos desde el sexenio más
apaleador que paliador de Adolfo López Mateos); y para seguirla,
¿qué con lo de las manos insensatas que atizan el
fuego? ¿Está acusando a la sombra negra (Black Shadow
fue siempre un artista del pancracio) de un supuesto complot extranjero
contra México, argumento reiterado y reiterante del gobierno
en aquellas fechas? Dejo al lector la libertad de que presuma tal
instancia. Yo me limito en este caso a informarle que el hombre
que posee el tambache más jugoso y atestado de galardones
culturales en todo el ámbito de la lengua española
(locales o internacionales, pero oficiales o paraoficiales siempre),
esperó hasta el último minuto la matanza ordenada
por su Jefe en octubre de aquel año infame y miserable y
terrible, para ‘poner a la disposición’ (no renunciar
a) su cargo de embajador. La OPortuna OPeración de prestigio
(sobre todo internacional) le cayó de perlas y de oquis:
puesto que no le costaba ni la soldada y la presentan calva, no
la desaprovechó...
El aviso y la fractura reales los proporcionó el poder: 1)
el principio de autoridad presidencial es intocable; 2) para el
presidente y sus secuaces, el crimen es un arma que no cesa y, dado
el caso, no distingue. Las únicas manos insensatas fueron
las que tiraron a lo bestia del gatillo sobre civiles inermes. Aviso
y fractura que nunca olvidaremos quienes éramos jóvenes
no sé si ilusos o ilusorios entonces. Me
ha llegado la hora de decir que, por su parte, el OPinante propicia
preciosamente la avasalladora peripecia de que los jóvenes
de entonces no éramos demócratas ni creíamos
“desdeñosamente” en las libertades formales de
la burguesía; nos inclinábamos, abusa, acusa o retrodelata,
por un cambio revolucionario violento. También el gobierno
manejaba en el 68 ese mismo rollo, pero es cosa que se caía
y se cae por su propio peso: ¿se iba a hacer la revolución
con lo que aquí llaman tirachinas, en mi tierra tirador y
charpe en algún lugar del DF? ¿O con piedras, a secas,
como hoy los aventajados de David intifantes palestinos? Y ya que
me ha llegado la hora, propongo y propago que el juicio del OPinador
es juicio de salón encerado cuya chancleta resbala no sólo
al generalizar.
Para Paz la crisis mexicana es una crisis de crecimiento (¿de
crecimiento de qué?), y la salida hacia formas más
‘plurales y democráticas de convivencia’ debe
ser pacífica y gradual. Y de súbito dorsal un cable
desde el laberinto de la soledad sociológica vaciada revela
al mundo lo que todo el mundo sabe: en México, hoy por hoy,
está totalmente enquistado ya un poderoso grupo social que
domina al gobierno y la vida nacional entera. Abstrae, aunque conciente
que el término es insuficiente, en la palabra burocracia
tan ingente mole de mierda: “es un estrato social muy extenso
y poderoso, situado en lo alto de la pirámide y con ramificaciones
en los puntos vitales de la economía y la cultura”.
En el campo de la cultura el propio Paz es muestra extrema de que
lo que aquí dice es cierto. Por eso resulta complementario
que añada que el mayor obstáculo para la ‘modernización’
resulta ser el inmovilismo de la democracia dominante. Y absolutamente
consecuente que diga que no es fácil renunciar voluntariamente
a los privilegios. Su autoridad en el asunto es inapelable: él,
desde luego, no da señal alguna en ese sentido volitiva.
Ya cadáver Juan Rulfo, difícilmente podrá encontrarse
en México una testa intelectual más dispuesta a ser
largamente coronada; pero a diferencia del difunto aquel (que también
tuvo su corazoncito), a manejar los hilos culturales de ese poder
hasta que la muerte lo separe.
El triptongo de la paz octaviana da para un rato largo a salto de
mata. Pero las parcelas místicas que constriñen todo
espacio periodístico están a punto de cerrar valvas
etéreas en tres o cuatro observaciones más. Juego
de manos: “El realismo consistió y consiste en desmantelar
de una vez por todas el patrimonialismo del Gobierno y convertir
a México en una sociedad y un Estado [...] modernos. Puede
definirse a la modernización [...] como una tentativa para
devolver a la sociedad la iniciativa que le fue arrebatada”
(es de suponerse que por la Revolución) “y así
romper la inmovilidad forzada a que nos ha condenado el patrimonialismo
estatal”. Tal modernización, por la que también
se tira de pura casualidad a la piscina Salinas de Gortari, consiste
en reprivatizar toda actividad empresarial en la que el Estado fuera
o sea accionista mayoritario. Voy a dar tres rápidos ejemplos:
1) Aeroméxico, empresa deficitaria fue liquidada y declarada
en quiebra; hasta donde públicamente ha trascendido los Vázquez
Raña se aprestaban a rapiñarla en puja por cargarse
a cambio Mexicana de Aviación, la otra compañía
aérea nacional considerada rentable. 2) Rentable también
Cananea lo era cuando fue vendida en abril al poderoso grupo Protexa
de Monterrey (apoyado por un trust bancario estadunidense).
Cananea es la tercera más importante mina de cobre en el
país y la décima por su producción en el mundo.
Sin embargo, algo así como la mitad del costo de la operación
ha sido cubierta con la compra de deuda externa mexicana. Vamos
de alivio. 3) La nacionalización de la banca (herencia curiosa
de López Portillo) comenzó su cuenta atrás
con de la Madrid (aunque con medida, pues que él estuvo involucrado
en su implantación); pero CS, su estratega en política
económica es de hecho el nuevo presidente mexicano. Y en
ese sentido, Agustín Legorreta, presidente del Consejo Coordinador
Empresarial, ha declarado ya que “no hay ninguna razón
de peso para que las instituciones financieras sigan perteneciendo
al Estado”. Razón de peso o razón de dólar,
la llamada economía mixta, a la que Paz llama a su vez patrimonialismo,
es quizá el fruto menos podrido de las administraciones del
PRI, y ha servido de válvulva de escape precaria a la desesperación
y a la miseria en México. La anunciada y ya comenzada política
de reprivatización (salvo, oficialmente, en el aparato productivo
de interés estratégico: el sector energético
y un mínimo etcétera) puede ser un golpe de dados,
pero no abolirá al azar: lejos estamos de Dios y muy cerca
de los Estados Unidos. Los europeos nacidos en México y los
oriundos de Oxford entre otros peces gordos puestos a ‘modernizar’,
olvidan que México no es Canadá ni mucho menos Europa.
Por
lo demás, yo digo lo que dice el verso: “Nadie sabe/
Nadie supo/ Quién chingó/ A la CONASUPO”.
La Compañía Nacional de Subsistencias Populares, ¿morirá
abaratando la vida de tantos millones de mexicanos también?
La escisión del PRI era previsible, según el OPerario
de la poémica poépica modernicista: “Podría
ser que un nuevo partido surgiese de una división en el PRI.
Esta es una de sus posibilidades históricas”, recuerda
haber declarado (no dicho) a principios de los ochenta. Su argumento:
los choques de intereses internos inherentes a ese poderoso gran
pegote de contradicciones que entre la infamia y la paradoja sustenta
a ese partido. En el caso concreto de la escisión de ahora,
yo aventuré una cuchilla antes por hipótesis y la
sostengo: sin embargo, yo no hablé de partido nuevo alguno,
y mi OPositado sí, pero tampoco: al neocardenismo lo llama
nada más que ‘movimiento’. Aunque la razón
a lo mejor la tenga otro: mi difunto amigo Jesús Luis Benítez
que escribió en las “Canciones para gandallas”
(ediciones Calandria, México, 1987) en mi casa de entonces
en Jalapa en 1976 lo que sigue y cierra esta bragueta: “El
motín de las putas en un barco de madrotas/ va a acabar con
el PRI”.
Y todo porque el paraguas civil que de cuando en cuando abren bajo
el ala nuclear o bajo la lluvia ácida los cerebelos mercenarios
al servicio de los célebres cuchillatos del hambre y de la
guerra, se despliega ahora para hacernos saber que, en los últimos
10 años, se ha venido desarrollando la formulación
matemática y el garfio físico necesarios para lanzarse
al abordaje de nuestra incapacidad de predecir. Ese tal gusano de
doble ramazón científica ofrece la peculiar maña
política de que con sólo arrastrar sus babas verdes
de la periferia al centro (y viceversus), logra que se las denominen
‘sistemas dinámicos’; mas la sabiduría
corriente por perversa indocta llama a tan astuta onda simplemente
Caos.
CUCHILLA DE MONTE FURTIVA A TRAVÉS DEL ESPEJO DEL PAÍS
DEL AJO DIDO El costillar de Caín (Una fractura)
El saludo a los muertos de un pedo de mano de los lobos
se echa con disimulo en el aire nubes de culebras bumerang
que por entre las narices de los generales vienen
que por entre las narices de los presidentes van
La picadura del clan mata a los muertos
Y en la cuenta bancaria de las claves meten mano los enigmas
Habría que tener la cabeza de hojalata de los cosmonautas
para creerse aquello de que alguien caga por primera vez en el cosmos
No puede ser Calixto gobernador siendo su papá
gendarme
Tan claro como que nadie se masturba por primera vez en el infinito
Tan claro como que han muerto los carbones que al primer soplo
del polvo se encendían
La niña cuya muerte dio la luz a los zopilotes en flor apabulla
a pedos
el talco de las témporas Y nace por primera vez
Y chupa por la chiche del culo la chimenea de los sabios
por el mero ejercicio de ser
La mata de plancton en la mierda
como la suegra de azufre en los pedos de mi novia
PIEDRA DE AFILAR LA CUCHILLA DE LOS CRÉDITOS
Estaba escrito que yo nací en Acayucan en 1945; de que seguí
escribiendo se encargó mi menda con el tiempo y un ganchito:
“Versario pirata”, “Títulos del miedo”
y “Un muerto rema rayo abajo” entre el hedor de otros
despojos, chuparon faros, esmog y mundo bajo el firmato de mi compadre
de horca Orlando Guillén (único cuate que conozco
a quien no le importa ser petate donde yo le caiga muerto). En 1985
la Universidad Chapingo publicó en México “Rey
de bastos” en una suerte de versión que vulnera y lastra
y distorsiona mi original. Dejo aparte a la institución (que
no es más que ficción jurídica) pero no así
al ‘editor’ directamente responsable: un papatintas
anonimal -a quien aplicándole la china se le reduce a mera
bacinica nominal. También en 1985 apareció “Hombres
como madrugadas: la poesía de El Salvador” en la editorial
Anthropos de Barcelona. La edición es de cuidado: la cuidé
yo. Y la fractura de “El costillar de Caín” es
producto del culatazo de uno de mis inéditos.
Rilke Guillén Roca, nacido en 1978, se chingó el
tecolote antropoético de la portada hará ya unos dos
años, sobre el modelo de una pegatina de uno de tantos álbumes
de cromos, y el avioncito bandera mexicana hace apenas un minuto.
Martorell, Barcelona:
por la segunda cuchilla,
noviembre de 1987;
por las demás:
setiembre de 1988.
S. K. Brown
[Ediciones Le Prosa,
colección Armaño,
número 3,
Martorell, setiembre, 1988]
El artículo original está en http://uruguay.indymedia.org/news/2004/05/25316.php
México, Carlos Salinas y la generación del 68
por Orlando Guillén Saturday May 08, 2004 at 09:37 AM
floresdeuxmal@yahoo.com.mx 0052 55 11 07 67 12 Uxmal 430, México,
03020, DF
Documento original (1988) que desencadenó la persecución
hasta la desaparición en mi contra en México, encabezada
y promovida por la yunta Salinas-Octavio Paz