El poeta con mayúsculas Orlando Guillén, nacido hace
cincuenta y seis o cincuentisiete años en el pueblo mexicano
de Acayucan (Veracruz), escribió, envió e hizo pública
este invierno una carta al presidente de la república Vicente
Fox; un extraordinario documento de siete páginas que comienza:
“Sea cruenta o incruenta la vía de su práctica,
el asesinato selectivo es guerra sucia”.
Guillén tiene escrita y publicada una obra que debe contarse
entre las más importantes de la literatura mexicana, y así
entonces, no hay ni que decirlo, de la creación (poética,
teatral y crítica) en lengua castellana; y ahora resulta
que se encuentra demandando y exigiendo que lo dejen trabajar en
un trabajo (la escritura), donde precisamente él es de los
mejores; exigiendo justicia y que se le respeten sus más
elementales derechos humanos; es decir: que desde arriba y desde
los flancos dejen de ponerle trabas y de impedirle el ejercicio
de su trabajo de escribir en libertad.
¡Los de arriba! Los capitostes de las alturas del poder, los
clarinetistas de la fama que ellos entre ellos se otorgan saben
perfectamente que Orlando Guillén les queda muy por encima,
y sus artículos, su teatro, las revistas que ha dirigido,
su poesía misma, los incomodan.
Y si hoy se encuentra abandonado, al borde de la miseria absoluta,
es por las prácticas intriguistas y cacicáticas de
los enchufados del mundo de la política supuestamente cultural,
y del submundo de la cultura subordinada a la politiquería,
instancias que en su país están intentado, desde hace
años, y Guillén da en su carta diversos ejemplos concretos,
que su nombre sólo figure en las listas negras de aquellos
a quienes ellos quisieran confinados al olvido, destinados a ser
ignorados para todos los efectos prácticos, desaparecidos
como escritores; cosa esta que para Orlando Guillén es incluso
peor que la desaparición como persona (que además,
la implica), porque es poeta al cien por ciento de su vivir humano,
y escritor hasta el tuétano de cada uno de sus huesos materiales
y espirituales.
Hablando de huesos, su último libro publicado, “El
costillar de Caín”, salió este año en
la colección Práctica Mortal del Consejo Nacional
para la Cultura y las Artes, organismo que, estando ya el libro
a punto “en comisión y oficio de secuestro de obra,
de ocultamiento de bien cultural y escamoteo de espacio y tiempo
públicos para la difusión de obra artística,
en mi perjuicio y en mi daño y en el de los lectores de poesía”,
bloqueó su aparición para que no se pudiese presentar,
como se había acordado, en la caja de resonancia que hubiera
podido ser la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Después
de unos meses, y como el libro no salía, Guillén se
encadenó en una sala de espera de la Dirección General
de Publicaciones del mencionado Consejo, y también en la
entrada del palacio de Bellas Artes de la ciudad de México,
provisto de un megáfono para ir leyendo la carta: aparentemente
la acción no tuvo eco, pero a los pocos días se desbloqueó
el asunto y apareció finalmente “El costillar de Caín”,
alucinante poema dado a luz en Barcelona y Martorell en 1984, y
que nosotros conocimos en un amarillento ejemplar escrito a máquina,
y al azar a ratos leído en voz alta por su autor -experiencia
inolvidable para quienes la vimos y la oímos. Abre un muy
buen prólogo (escrito seis años antes para una edición
que tampoco pudo ser), de Mario Raúl Guzmán, el guiador
de la potente revista de poesía “La Zorra vuelve al
gallinero”, donde hace un par de años se publicó
un fragmento, una ‘fractura’ del costillar de Caín.
La carta también exige que se ‘destrabe’ “la
contratación de mi libro monumental y de vida ‘Doce
poetas catalanes del siglo XX’, presentado por mí,
aprobado de entrada, pero detenido por el Fondo de Cultura Económica”.
Añade que si se ‘destrabase’ la publicación
de esta obra de casi dos mil páginas, contaría con
una participación prometida por la Institució de les
Lletres Catalanes, cosa que nos fue confirmada por su director.
De esta obra, terminada en la primavera de 2000, dice Guillén:
“Existe una expectativa real entre poetas y lectores de poesía,
no sólo por su singularidad monumental y panorámica
con libros enteros de los autores incluidos sino en virtud de ser
el catalán lengua minoritaria en el Estado español
y haberse visto proscrita bajo el franquismo. Se trata de una poesía
a la altura de cualquier otra europea, pero se conoce muy poco,
y no nomás en nuestra lengua”. Es vergonzoso que todavía
no se haya publicado.
Enric Casasses nació en Barcelona en 1951. Autor entre otros
libros de “Comienzo de los comienzos y ocasión de las
ocasiones”, “No estábamos”, “Cal”,
“Canarios fosforescentes” y “De equivocarse así”.
Consultor en catalán y epiloguista de “Doce poetas
catalanes del siglo XX”.
Orlando Guillén. Mexicano, 1945. Autor entre otros libros
de “Títulos del miedo”, “Ubú Güey”
y “Rey de bastos”. Ha traducido a los grandes poetas
catalanes del siglo XX.
Barcelona. Enric Casasses: “Neteja bruta”,
“El Mundo”, 8/2/2002. Acuse de conciencia a mi carta
a Fox “La estampida de los hipócritas” -en circulación.
Casasses es consultor en catalán y epiloguista de “Doce
poetas catalanes del siglo XX”, libro mío de traducciones
panorámico y de vida prójimo a aparecer, que hoy sufre
cerco y hostilidades del FCE de México y el Llull de Barcelona.
La poesía catalana del siglo XX también entra perseguida
a la lengua castellana.