Orlando Guillén Mis traducciones catalanas según Dolors Miquel
Orlando Guillén o de cuando la traducción se convierte
en arte
Dolors Miquel
Por estar viva la cultura debe moverse. Sin embargo el movimiento
es también un arte y una libertad preciosa, en el sentido
de que requiere de pausas establecidas, y también de una
inspiración propia, de un aliento casi poético, que
la conserve en su esencia pero la dote nuevamente de vida. Tal la
ejecución de una danza, de una pieza antigua para un público
nuevo. Necesita vida, entusiasmo, pasión, conocimiento y
oficio. En el campo de la literatura uno de los movimientos más
etéreos, sutiles, es el de la traducción. Y el más
retorcido me parece el de la poesía, en tanto que la poesía
es la hija más genuina de la lengua, la que más le
depende en cuanto a su propia esencia, y, por consiguiente, la más
difícil de trasmutar, por cuanto la traducción debe
ser propiamente una creación nueva. Un espejo raro en el
cual muy pocos pueden asomarse sin sentirse en la casita de feria
de los espejos deformantes.
Por eso cuando supe que había un poeta mexicano instalado
en Cataluña, Orlando Guillén, que estaba traduciendo
libros enteros de poetas clásicos contemporáneos no
pude más que maravillarme a la manera llulliana, y, al mismo
tiempo, deconfiar campesínicamente a la manera leridana.
Este último estado provenía de la experiencia de algunas
amargantes lecturas de traducciones de poesía catalana al
castellano. De estas lecturas guardaba una sensación de 11
de Septiembre inenarrable. Algo así como celebrar una derrota,
una pérdida. Los poetas catalanes en el idioma de Cervantes
menguaban, se hundían. Como si la lengua castellana les fuese
una piedra de molino atada al cuello que tirara de ellos irremediablemente
hacia el fondo del lago. Papel mojado. Estas traducciones incluso
me hacían desconfiar de poetas que yo admiraba mucho. ¿Eran
tan buenos? O ¿sólo era un espejismo de cultura cerrada
en sí misma que a sí misma se dice que es buena, y
se lo cree? Me sentía Hamlet entre un ‘son’ o
‘no son’. Cuando finalmente pude acceder al palacio
cerrado del autor de “Versario pirata”, “Rey de
bastos” y “El costillar de Caín” entre
otros [títulos], y pude leer las traducciones de Orlando
Guillén, ya no tuve duda alguna. La lectura devenía
una delicia. Los poetas traducidos eran mis poetas conocidos y amados
y no aquellas ‘plastas’ pesadas de algunas traducciones
desafortunadas que andaban circulando por el mundo de habla castellana.
El placer era inmenso. Se producía tanto al leer el original
cuanto al leer la traducción. Porque eran tan bellos el uno
como el otro. Hasta se daba el caso de algún poeta que mejoraba.
Llullianamente volvía a maravillarme. Carner, Guerau de Liost,
Carles Riba, Gabriel Ferrater, Agustí Bartra, Joan Vinyoli,
J. V. Foix, Papasseit, V. A. Estellés, Pere Quart, Salvador
Espriu y Joan Brossa. Todos ellos magníficos gracias al arte
del traductor, que ha entendido que no se trata de trasladar (‘traduco’
en latín original); es decir: de llevar de un lado al otro,
de una lengua a la otra; sino de llevar a otro lugar, y cambiar,
e incluso transformar, o transferir. No en vano era ‘transfero’
el verbo latino original que significaba traducir y que poseía
estos matices léxicos de alquimia lingüística.
Orlando Guillén, poeta, ha sabido encontrar el alambique
de palabras que le convenía a la poesía catalana.
La lectura de sus traducciones significará, para el ojo que
se le acerque, el placer de encontrar una pieza bien ejecutada,
transferida más que traducida, revivificada, poderosa y fiel
al original.
Dolors Miquel. Lérida, 1960. Es autora entre otros títulos
de “Haikús del camionero”, “Libro de los
hombres” y “Mordida de gato”.
Orlando Guillén. Acayucan, Veracruz, México, 1945.
Autor de “Cherezada en la noche de los alfanjes”, “Hombres
como madrugadas: la poesía de El Salvador” y “Títulos
del miedo”. Ha traducido a los grandes poetas catalanes del
siglo XX.
Miquel: “Orlando Guillén o de quan
la traducció esdevé art”. “Avui”.
Barcelona. 7/10/1999. Va esta versión en defensa de mi libro
de libros de traducciones “Doce poetas catalanes del siglo
XX”, cuando se busca escamotear su difusión e itinerario
de ámbito hispanoamericano y se me sustrae el derecho a cobrar
por mi trabajo. La poesía catalana entra también perseguida
a mi lengua. Honran el menester en bando que deshonra el FCE y un
autor catalán de poesía inútil.