Orlando Guillén La estampida de los hipócritas
Carta pública al presidente Fox
El
16 de diciembre de 2001 dirigí esta carta a su destinatario
principal y a la opinión pública. Por seguir vigente
su línea esencial de contenido, continúa en circulación
en ediciones de resistencia civil. La doy aquí por primera
vez completa en cualquier medio de comunicación, precisamente
mientras por un lado se mantiene en mi contra el veto a publicar
en la prensa de mi propio país, por otro el Consejo Nacional
para la Cultura y las Artes se empecina en el secuestro de mis obras,
y, finalmente, a este tierno propósito se suma el Fondo de
Cultura Económica con la pretensión de ‘desvanecer’
y ‘ocultar’ mi libro de libros de traducciones, monumental
y de vida “Doce poetas catalanes del siglo XX”, con
tres Añadiduras, versiones, notas e Introducción
mías, y enriquecido con la consultoría en catalán
y un Epílogo de Enric Casasses. En principio,
y es lo que está en juego, el libro debía comenzar
sus presentaciones en Barcelona (en la feria de Sant Jordi) por
el ámbito de la lengua hispanoamericana, según el
acuerdo original de promoción, difusión y recepción
de este acontecimiento espiritual de acercamiento y conocimiento
sin precedentes entre dos culturas históricamente tan prójimas
como desconocidas. Esta intención contranatura del FCE contó
sorpresivamente con la colaboración del exdirector del área
de cultura del Institut Ramon Llull de Barcelona. El funcionario
catalán ‘compró’ (¿con dinero gratis?)
un asunto mexicano de persecución política
por motivos de opinión contra el escritor que soy, hasta
ahora sólo imputable al poder político y cultural
mexicano. No le arriendé en su momento la
ganancia ni la lógica. Mucho menos se las arriendo al genio
de la estrategia que solito se atacó: el bloqueo y la hostilidad
a un título que el mismo Fondo edita, es de una clase tan
eminente de infamia que sería irrisoria si no fuera criminal,
lesiva y orientada por oscuros fines particulares,
y por tanto materia de denuncia pública: se implementa con
dinero de la hacienda nacional, desde el gran elefante editorial
del estado mexicano -cuyo ya bastante socavado prestigio intelectual
añejo lesiona más y pone en duda hoy su cúpula
dirigencial, a la cabeza de la cual se encuentra cualquier cosa
menos una gente de letras. Cierra este panorama en cerco Sara Bermúdez,
actual empresaria de Alejandría en Buena Vista y presidenta
del CONACULTA: pero, ciertamente, si las cosas siguen como siguen,
va a terminar llevando al despeñadero
a su asesor Felipe Garrido.
Sea cruenta o incruenta la vía de su práctica, el
asesinato selectivo es guerra sucia: porque en el caso como en todo
el tiempo es instrumento de la muerte y porque la materia gris del
presente escrito es de su incumbencia en términos políticos
culturales, de comunicación social, derechos humanos y procuración
de justicia, reclamo su inmediata intervención y le doy cuenta
del contenido de dos cartas mías a Santiago Creel, secretario
de Gobernación -cuyo silencio tripula el absoluto desprecio
que le merecemos tanto mi derecho a la vida, al trabajo y al ejercicio
de las libertades de expresión y de opinión en mi
calidad de escritor y de ciudadano mexicano, cuanto el cumplimiento
de su deber: la vigencia del estado de derecho en México.
Señor secretario: En la entrevista que sostuve con
su secretario particular Guillermo Huerta de modo previo a otra
con usted que todavía no se produce, presenté el estado
actual de este asunto de derechos humanos y vigencia de la libertad
de expresión en México que afronto, y entregué
a este funcionario la carta dirigida a usted que sigue:
Por el puro tino de un azar avieso el 2 de octubre pasado vine
a advertir con magnitud de certidumbre (hablando de algo de esto
con mi antiguo condíscipulo universitario, el diputado Ranulfo
Márquez), y acusé ese golpe de soledad política
mas poética cuyo viento de muertos no es estatua: la marca
de ignominia que me señala único y no sólo
como escritor de la generación de 68 a quien se acosa, persigue
y excluye todavía hoy en México, entre otros motivos
de opinión por la defensa pública de la memoria de
sus muertos -que lo demás tiene que ver con el sostén
de su espíritu. Porque, en efecto, la publicación
casi simultánea en España y México (1988) de
mi artefacto verbal de deslinde histórico y drenaje profundo
México, Carlos Salinas y la generación del 68 (hijo
de imperativos de conciencia resueltos en mis venas trágica,
satírica, poética y ‘política’),
está en el origen de esta infamia impune y creciente desde
el secuestro sui generis de obra hasta la desaparición. Por
la lectura de aquello podrá usted ver cómo, en oposición
a textos de usura manipulatoria y ostentación perversa de
nuestra memoria histórica reciente firmados por Octavio Paz
y por el pseudónimo Alponte (quienes desde El país
madrileño buscaron vender ante la opinión pública
europea la figura meñique del entonces prójimo presidente
mexicano como la de alguien que habiendo ‘vivido’ el
68 trae consigo aires de ‘renovación democrática’),
ese material ubica en flagrancia a Salinas joven simplemente donde
estaba: en el frente contestado por el movimiento emergente de mi
generación.
Bien. Ni manda ya el exmandatario citado, y ni siquiera el PRI.
Al pacto pragmático de gobernabilidad que sostiene la ‘alternancia’
le llaman ‘transición’. Bien.
Mi texto pasó al Index Ente y yo a la ‘lista negra’.
La cuestión fue aprovechada por mis enemigos para borrarme
de los medios, y la inercia política y la mediocridad uniformada
de los ‘mandos operativos’ me mantiene a la sombra hasta
este mismo día. Ranulfo me puso en contacto con Durán
Reveles. A él le dejé claro (vio y tiene en su poder
algunos documentos) en primer lugar el carácter de Estado
incuestionable del asunto. Después de todo se trata de la
defensa de mi derecho a la vida, al trabajo, a la libertad creadora,
a la libre expresión de las ideas y a hacerlas circular;
y, en suma, a la opinión, a la crítica, a la diferencia,
y, desde luego, a vivir de los oficios de mi oficio, entre otros
el periodismo, al que he dedicado un largo tranco de vida. Puntualicé
incluso por escrito al amigo Reveles la gravedad de este tipo de
antecedentes: por un flanco, ningún gobierno puede permitir
que exista en México, y mucho menos fomentar, un cacicazgo
cultural transexenal capaz de perseguir, excluir, desvanecer, ocultar,
desaparecer y condenar a muerte virtual a un escritor reconocido,
sea cual sea el motivo que aduzca para ello, y por otro porque los
primeros casos no hacen verano pero la dictadura comienza por la
supresión de la inteligencia crítica. No sé
por qué Reveles no dio solución a un asunto que estaba
en sus manos y dentro de sus alcances políticos, e incluso
en una de las puntas alternativas que le presenté, dentro
de su ámbito administrativo. Lo que sin duda no vio o no
quiso ver es que no le fui a pedir chamba sino a defender mi derecho
al trabajo y a la vida. Los particulares pueden esgrimir ya que
no razón, razones de ese orden para negarse según
su bellaquería y desatender el interés público,
pero el Estado está obligado a garantizar los derechos fundamentales
de los ciudadanos y la riqueza y diversidad de las expresiones artísticas
y culturales nacionales. El 2 de octubre pasado Fox clamó
honra para quienes participamos (¿nomás poniendo los
muertos?) en los finalmente trágicos acontecimientos del
68, pidió fortalecer la recurrencia a las vías institucionales
para la resolución de los conflictos en las nuevas circunstancias
políticas del país, y aún vindicó el
derecho a la libertad creadora. Fuera de la honra, que pertenece
por entero a la memoria de los jóvenes y vecinos inermes
masacrados en Tlatelolco, me acojo al espíritu de lo dicho
33 años después, y sin embargo significativamente
por un presidente mexicano. Pero no olvido que usted ese mismo día
ordenó abrir archivos que corresponden a la Secretaría
a su cargo. La verdadera forma de honrar la memoria de los muertos
en ese crimen de Estado debe empezar por abrir los archivos de la
Defensa Nacional.
Lo que me preocupa ahora es el recurso al método. Tras aquella
entrevista esperaba como se acordó una respuesta en tres
días. La política de avestruz asumida por Huerta y
el silencio de usted mismo en momentos de polaridad e incertidumbre
en materia de derechos humanos, permiten lecturas que ni su persona
ni el Estado pueden avalar, sobre todo cuando desde fuerzas que
operan por inercias de impunidad dentro del sistema se amenaza de
muerte y se asesina a personalidades de este ámbito, en tanto
las señales que emite el gobierno, por ejemplo al desacatar
una resolución vinculante de la Comisión Interamericana
de los Derechos Humanos en el caso del general Gallardo, son desconcertantes
y alarmantes. El Estado está obligado a garantizar mis derechos
fundamentales, y tiene medios para ello, y debe ponerlos en práctica.
No tengo ningún interés en andar de exiliado por el
mundo exhibiendo las vergüenzas de gobierno alguno, y tengo
en cambios razones de amor y obra para no holgar de la pitanza salvo
en defensa propia, del arte y de la libertad en México, sobre
todo después que Siles Suazo y Salinas usurparan el instrumento
de hambre de los débiles convirtiéndolo en oscuro
sujeto de Guiness. No lo descarto, pero es última instancia. Hasta
hoy, se han negado a recibirme o han escabullido su responsabilidad
Gilberto Rincón Gallardo, Emilio Alvarez Icaza y José
Luis Soberanes (unanimidad que resulta indicativa de la política
oficial -sin distinción de partido en el poder- que se sigue
en materia tan ‘sensible’). Y el
mismo camino han escogido las cabezas de playa culturales: la nacional,
y la del DF.
Sara Bermúdez, Carlos Fuentes, Enrique Krauze, Héctor
Aguilar Camín, José Emilio Pacheco, Carlos Monsivais,
Gonzalo Celorio, entre otros, han o deben haber recibido mi requerimiento
para fijar ante usted su postura en este asunto, y callan (por lo
menos hacia el público), del mismo modo que los titulares
de la SOGEM y el PEN Club Internacional.
Me preocupa, digo, el recurso al método; la omisión,
el silencio. Pese a todo esto, no se engañe: no estamos hablando
de algo que se debata en la oscuridad y a espaldas de la opinión
pública. Aunque este material aún no ha sido ventilado
por los medios, es evidente que el aire colectivo es su habitat
natural, y que en la aldea global no es bueno votar por el silenciamiento
y la supresión de las libertades críticas y creadoras,
y así también que mi defensa solitaria está
circulando ya en el medio artístico y en el periodístico.
Durante estos 10 días que vienen observaré un estricto
compás de espera. A su término, le haré saber
la decisión que tome (y que no excluye el riesgo de mi vida
-éste, sin duda mayor si lo consolida el método),
y se romperá por los extremos. Los asuntos políticos
agotan las vías institucionales en la Secretaría a
su cargo.
Dirigida hoy a usted pero naturalmente también a la opinión
pública, esa documental se amplía por estas pertinencias
puntuales:
ºSegún andaban las cosas en ese momento, presenté
a Durán Reveles un paquete de Estado en triple continuo de
solución inmediata y simultánea: 1) fluidez al proceso
‘atorado’ de contratación y pago de mis libros
Versario pirata (para su primera reimpresión en Lecturas
Mexicanas) y El costillar de Caín en Publicaciones del Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes; 2) ‘destrabar’
la contratación de mi libro monumental y de vida Doce poetas
catalanes del siglo XX, presentado por mí, ‘aprobado’
de entrada, pero detenido por el Fondo de Cultura Económica;
y 3) ‘reposición’ en NOTIMEX: corresponsalía
de escritor con sede en Barcelona, y, en signo real de apertura
de espacio en los medios, con impacto asegurado mediante la fórmula
de circulación ‘por el hilo’ y restricción
de exclusividad a uno sólo de los diarios nacionales.
Reveles hizo posible la solución ‘relativa’ del
primero, pasó del segundo, y no dio salida al tercero pese
a caer bajo su responsabilidad directa.
Emulo de Gonzalo Celorio en el Fondo, y dentro de aquella ‘relatividad’,
Felipe Garrido se ubica ya en la ‘lógica’ de
la impunidad y el silencio cuando, como director de Publicaciones
del Consejo bloquea a conciencia la aparición a tiempo de
El costillar de Caín para su presentación acordada
en la Feria de Guadalajara, en comisión y oficio de secuestro
de obra, de ocultamiento de bien cultural y escamoteo de espacio
y tiempo públicos para la difusión de obra artística
en mi perjuicio y en mi daño y en el de los lectores de poesía.
La encerrona a El costillar tiene precedente directo. Enumero por
ilustrar algunos ‘tratamientos’ aplicados entre 1993
y 1994 a Versario pirata en esa misma instancia de publicación:
a) intento de censura al prólogo. Retirado por su autor,
Mario Raúl Guzmán, ese trabajo vio la luz en La Jornada
Semanal entonces y hoy precede a El costillar; b) Versario pirata
es el único libro de Lecturas Mexicanas que nunca tuvo presentación
oficial; c) reducción unilateral del tiro normal en esta
colección: de diez a siete mil ejemplares; d) la falsa ‘solapa’
de la cuarta de forros es distinta a la que yo corregí: la
‘nueva’ me lesiona incluso con el tetepón ágrafo
de la delincuencia ortográfica. Bien podría en la
testuz Garrido volver a pinchar Reveles para rematar la faena, porque,
ciertamente, MI PRIMERA DEMANDA es la aparición inmediata
de El costillar de Caín.
ºEn cuanto a mi libro Doce poetas catalanes del siglo XX,
lo presenté en las siguientes condiciones: hay interés
de coedición en España, y de lanzamiento. La Institució
de les Lletres Catalanes ha ofrecido, a través de su director,
el poeta Francesc Parcerisas, participación económica
en materia de derechos de autor por la traducción, y gestiones
ante los poseedores de los derechos de los autores incluidos (para
su cesión por motivos de difusión), y ante el Estado
español para coedición, apoyo y presentación
en los territorios hispanoparlantes. La importancia de la obra ha
generado ya prensa en Barcelona. Existe una expectativa real entre
poetas y lectores de poesía, no sólo por su singularidad
monumental y panorámica con libros completos de los autores
incluidos sino en virtud de ser el catalán lengua minoritaria
en el Estado español y haberse visto proscrito bajo el franquismo.
Se trata de una poesía a la altura de cualquiera otra europea,
pero se conoce muy poco y no nomás en nuestra lengua, que,
en el caso, resulta asimismo vehículo de alcance y extensión
mundial para difundirla. El Fondo de Cultura Económica está
obligado a publicar y promover la obra de los escritores mexicanos,
aquí y en el extranjero, y no hará nada más
que cumplir con su razón de ser institucional al atender
MI SEGUNDA DEMANDA: iniciar el proceso de edición de Doce
poetas catalanes del siglo XX, establecer los contactos necesarios
y firmar el contrato respectivo.
ºMI
TERCERA DEMANDA se expresa como reposición en NOTIMEX. De
esta agencia noticiosa estatal fui ‘recortado’ selectivamente
por la administración de Medina Viedas en días en
que Dionisio Pérez Jácome asumía la condición
de vocero del gobierno federal y NOTIMEX caía bajo su coordinación
general. Hay que remontar los motivos de Medina a la triple entrega
de la primera versión de mi sátira “Octavio
Paz en libertad bajo palabra” - cuya testa puesta en bandeja
es pista de origen, y explica por qué DPJ (mi antiguo profesor
de Derecho Romano) ‘no podía hacer nada’ en el
caso, según me dijo. En 1989 había escrito esto el
historiador Gastón García Cantú: “Por
falta de moral republicana hemos llegado al punto en que criticar
a Octavio Paz es peor que criticar al gobierno. No vivimos el terrorismo
político pero sí el cultural. Toda la venganza y toda
la pluma contra los disidentes”. Un Cadáver Jediondo,
pues, y el exsecretario de gobernación Chuayffet Chémor
sabrán sin duda más que aquellos dos excolaboradores
de este, y por supuesto que yo. La cuestión se presta para
que los mílites espíritas de la Procu citen a comparecer
al muerto y continúen forjando patria y Tradición
de la Ruptura del orden constitucional. Mas mi exigencia actual
se delimita como una corresponsalía de escritor con sede
en Barcelona, y su plena atención no aparece así más
que como un acto tardío de justicia laboral.
ºHoy en torno a mis reclamos se ha desplegado el silencio
absoluto de los medios. Esto se comprende sólo por la medida
en que confirma sin excepción el acatamiento en su momento
de la orden de proscripción en mi contra (ignominia sin embargo
río abajo corriente bajo el dominio del PRI) ‘implementada’
desde Gobernación y Comunicación Social de Los Pinos.
Así, donde los intereses y el atrincheramiento de Salinas
y Octavio Paz funden y confunden ambas vanidades descomunales y
ciegas es en el propósito criminal de procurar mi desaparición.
Tras la demostración chicharróntronante de los plenos
poderes pacianos al obtener la caída de Flores Olea (históricamente
primer virtual secretario de Cultura del país), Rafael Tovar
y de Teresa, engendro de aquel contubernio, ‘operó’
con eficacia (pero no sin dejar huellas: las suyas, las de Javier
González Rubio, y las de Sabás Huesca) la puntilla
a mi revista ZonAeropuerto, reducto de mera resistencia que sucumbió
al impago del apoyo publicitario autorizado por la administración
anterior, y a su retiro definitivo -esto contra toda lógica
de continuidad institucional y contra la naturaleza jurídica
del propio CONACULTA.
El párrafo que se avecina ahora proviene de México,
Carlos Salinas y la generación del 68: “Para Paz
la crisis mexicana es una crisis de crecimiento (...) y la salida
hacia formas ‘más plurales y democráticas’
de convivencia debe ser pacífica y gradual”. Y de súbito
dorsal un cable desde el laberinto de la soledad sociológica
revela al mundo lo que todo el mundo sabe: en México, hoy
por hoy, está enquistado un compacto grupo social que domina
al gobierno y la vida entera. Abstrae en la insuficiente palabra
‘burocracia’ tan ingente mole de mierda: ‘es un
estrato social muy extenso y poderoso, situado en lo alto de la
pirámide y con ramificaciones en los puntos vitales de la
economía y la cultura’. En este último sobrecultivado
campo, “Paz es muestra extrema de que lo que aquí dice
es cierto. Por eso resulta complementario que añada que el
mayor obstáculo para la modernización resulta ser
el inmovilismo de la burocracia dominante. Y absolutamente consecuente
que diga que no es fácil renunciar a los privilegios. Su
autoridad en el asunto es inapelable. El, desde luego, no da señal
alguna en este sentido volitiva”. A partir de esta abundante
autocita, pueden establecerse las responsabilidades que corresponden
al gobierno de Salinas. Y poner en su sitio lo que toca a los medios:
salvo Luis Gutiérrez, exdirector de unomásuno,
que en esto tiene, cómo no, embijada sabiduría, continúan
en sus puestos la mayoría de los directores de periódicos
y revistas, y los ‘nuevos’ son de cuño añejo
y uniforme. Y las secciones de cultura siguen tomadas por los mismos
escuderos de escritores de relumbrón, de intocables de espaldas
blindadas y manto pontifical; por protectores de reseñistas
mediocres, escritorzuelos atildados o no, y por comadrones y comadronas
ensangrentados de los falsos prestigios, para rabieta acrónica
pero no fuera de ring de púgiles de la calaña incisiva
y encimista de Jack London. Y para establecer los límites
de la acción cultural privada en su beneficio con los recursos
públicos. En
México se destinan sumas formidables teóricamente
a fomentar el arte y la cultura. En la práctica resultan
botín de burócratas sólo por dedazo eminentes,
políticos de poca monta, falsos escribas, críticos
que son en verdad agazapados legitimadores del sistema, reyezuelos
y reinetas de ocasión, mediocridades afines y farsantes a
nómina. El cordón de la ubicuidad los ata a la hora
de la paga, y el Lúculo sexenal distribuye prebendas en casa
de Lúculo. Con las excepciones confirmatorias para la cuenta
de las cuales sobran dedos al puño presto a abolir el azar,
los intelectuales y artistas reales (los trabajadores de conciencia)
somos aquí poco menos que apestados: no sólo por ninguneo
como imagen adrede de la envidia sino por miedo a los tenientes
de la verdad y la belleza, y por impunidad. Crítica de Estado
de la Razón Pura, la política cultural mexicana es
como el patronazgo al que sirve y atiende: excluyente, elitista,
suntuaria y mitómana: sostiene uno gordo y bastantes cacicatos
flacos y de este modo asigna papeles, privilegia al privilegio,
corona la adulación y el servilismo, y aún surte con
prestigio prestidigital el almacén de las medianías
útiles: los funcionarios del ramo, y del racimo. Ningún
renglón aparte titula en este sentido la orientación
de las políticas universitarias. En este momento no es sucesión
sino arrebatinga desvergonzada la que se traen por los despojos
del poder que Paz unificara en olor de satrapía. Mientras
la cultura bajo manto oficial parece decantarse por Carlos Fuentes
sobre las pretensiones sangrerrealengas de Enrique Krauze, el aparato,
la estructura, permanecen incólumes.
Mi cabeza es prueba en vilo de cómo desde la cúpula
de la corrupción administrativa de la inteligencia no en
abstracto apuestan por el silencio, el veto, la omisión.
Lo que pasa aquí es que estamos hablando de un caso de persecución
de un escritor hasta la desaparición desde el poder político
real y desde el totemato del poder cultural, colusión que
dada la intrincada imbricación del Estado con las chollas
de su cámara de resonancia y legitimación intelectuales,
se sostiene en una red de complicidades y escudos comprometidos
donde los unos se salpican o se cubren a los otros.
Pero, a todo esto, con estupor mirónico pregunto: ¿qué
mal obré para tamaño enojo? La poesía es la
canción absoluta de la especie, y la sangre literaria de
un vil es fango rojo. Aunque con sus ribetes, la proscripción
pazsalinista debe estimarse de lesa humanidad sexenal. Así
pues, lo que permanece es más que nada la proscripción
que nace de las vanidades arrasadas por algunos de mis escritos,
sostenida hoy como ayer por las estructuras de uniformación,
blindaje e inexpugnabilidad para toda inteligencia crítica,
en torno a los y las consagretas usureros de la cultura y el arte
mexicanos, desde lo alto del lomerío. Gastón/ García/ Cantú/ En México/
Se piensa/ Mucho en tú: “escribir es un deber
contraído en la libertad de la conciencia. Y más aún
en pueblos como el nuestro, desposeídos de todo. Ni grupo
ni partido sino relación autónoma para que la crítica
cumpla su fin social. La dictadura de la inteligencia conduce a
la rendición de los espíritus. Nada más deleznable
y sucio que la vanidad, que es su rostro común, sea instituida
como limpieza de sangre. En países desdichados es frecuente
conocer a intelectuales que usan su soberbia como un rayo para estigmatizar
a los disidentes (...); rayo que, desde el poder, se ve como arma
invencible que debe ser aliada para sobrevivir en el juicio de la
historia. Es el instante en que se levanta el pedestal para el soberbio
que exige la sumisión de los espíritus”, según
aquel maestro. En ese momento del gigante liliputo apareció
rompiente entre el general vasallaje mi sátira a imponer
verdad histórica. La consecuencia sin embargo es desmesura
reaccionaria del agandalle cupular: sobre Octavio Paz (pero también
sobre Jaime Sabines, José Emilio Pacheco, Carlos Monsivais,
Juan Bañuelos o tangencialmente Carlos Fuentes) me he desplegado
únicamente en términos de sátira, y a este
propósito no cabe establecer polémica: el objeto rey
de burlas es de capirote. Doy el satiricaudal que viene, leproso
de
opinión como de genio, brevísimo, por comisión
y muestra:
Sábado 27 de setiembre de 1980. Sábado, suplemento
de unomásuno.
En esta esquina José Emilio Pacheco, con la adarga al brazo/
toda tontería, jubilosamente se lanza contra la sombra de
aquel a quien en sus días Cervantes llamó ‘flagelo
de los poetas memos’ y en los nuestros el curioso Casona ‘caballero
de las espuelas’: Quevedo, cuatricentenario, sembrador de
la poesía en lengua española y uno entre los poetas
de la humanidad. En el contexto de una Noticia, juicio y recomendación
de Francisco de Quevedo y Villegas, fatua desde el título
que la anuncia, la premiada y más premiable impunidad de
Pacheco dice: De la crítica universitaria mexicana,
que no suele incluirse en las bibliografías españolas,
aparecen muestras representativas de Antonio Alatorre y Sergio Fernández
(falta J. M. Lope Blanch), a quienes se debe en gran medida que
se lea y se aprecie entre otros a Quevedo. Admito sin conceder
y concedo sin admitir la errata y leo nosotros donde dice otros.
Pero ni entre nosotros ni entre otros Quevedo necesita tecomates
para nadar: Nadar sabe mi llama la agua fría, escribió
por algo. Parangonaríase tanta estulticia sólo con
aquella de Carlos Fuentes nombrando a Monsivais el Quevedo mexicano.
A mayor abundamiento y a más amplio regodeo: ¿por
qué habrían de recoger las bibliografías españolas
muestras de crítica (universitaria) mexicana? Y, ¿por
qué si P. advierte que falta en su singular catálogo
el desvelo de algún ilustre no mejor lo incluye?¿Por
qué omite quien se queja de omisiones? Comparte este José
Emilio con aquel Luis Pacheco de Narváez no sólo el
lustre de un rancio entronque heráldico sino el empaque,
el pulmón de la medianía... y el osado desenfado de
la prepotencia. Quevedo tuvo en Pacheco su contemporáneo
ocasión para dictar una cátedra de esgrima; su sombra
recibe del Pacheco de ahora ocasión para alzarse una vez
más, saludando de mano a los mancos, como flagelo de los
poetas memos.
Pero las figurolas luminarias del panteón intelectual mexicano
atañen muy poco a mi cacumen, y así nunca he escrito
nada más acerca de Fuentes. De Monsivais sólo esta
línea como paletada en alguna de mis ediciones de ‘calaveras’:
Su cadáver es un pájaro excagao por un baño
de pureza. Y a Pacheco espero no volver a verlo ni siquiera
vapuleado por El Fantasma Vengador de Sergio Magaña en el
castillo como ring de la pureza del plagio.
Pensar que de cosas como estas puede derivarse una persecución
encarnizada que no se detiene ni ante el crimen por parte de ‘sobrios’
y ‘respetables’ intelectuales es cuestión que
ofende el mero ejercicio del pensamiento. Sucede llanamente que
la maquinaria intelectual mexicana es el correlato corrupto y prepotente
del autoritarismo ejecutivo priísta, de Ponchito Reyes a
Octavio Paz. Una intelectualidad corrupta es propia de los regímenes
totalitarios, y el del PRI, sui generis y todo, lo fue. En la ‘alternancia’
política que vivimos es tiempo de comenzar a derruir bases
que no se compadecen con los afanes sociales de un cambio que no
se ve por ninguna parte, y socavar la estructura piramidal del cacicazgo
cultural es urgente y es justicia distributiva. En principio, y
al margen de las violaciones de derechos fundamentales que esta
actividad floreciente supone, el Estado está obligado a desarticular
las bandas delincuenciales organizadas, y esta se mueve en la más
pura impunidad. Pero hasta las peras del olmo están hoy en
las puertas al campo de enfrente. El silencio, el ocultamiento y
secuestro de obra, el veto, la omisión, la persecución,
la desaparición y la condena a muerte virtual de un escritor
no pueden ser validados, avalados o simplemente permitidos por el
Estado porque está obligado al bien general y a cumplir y
preservar el estado de derecho. Se lo dije en su día a Carlos
Salinas, pero ahora se lo hago extensivo a usted: yo he hablado
siempre en nombre propio y a título del arte. Ni pertenezco
ni he pertenecido a partido político alguno, y he procurado
en ese sentido no más que sostener mi derecho a la lucidez,
a la crítica y a la libertad. La política no es de
mi incumbencia salvo por lo que tiene de farándula y por
cuanto el poder cobra formas de persona en ella -lo que podrá
usted comprender cabalmente si toma en cuenta mi condición
de autor teatral. No he llegado hasta este extremo por razones políticas
sino dentro de la circunstancia que mi ocupación artística
me impone inseparable de mi ser ciudadano. Soy conciente de que
mi caso conlleva un juicio a los medios, a la intelectualidad mexicana
y sus maneras, y a la política de Estado en términos
culturales, de comunicación social, derechos humanos y procuración
de justicia. Por eso presenté un paquete de renuncia y contenida
mesura en quien ha recibido tan graves agravios: así, mi
propuesta lleva puesto el autoexilio, y se limita a la voluntad
política pues su costo real es irrisorio; en cambio, concede
al gobierno la posibilidad de tener un gesto de verdadera apertura
a la inteligencia crítica, lo que eventualmente podría
redituarle prestigio de prensa. Por eso me sorprende el silencio
y la actitud de su secretario Creel. ¿Qué, quién
o quiénes más allá del bien y del mal están
detrás de todo esto para que Gobernación no pueda
tomar una determinación en justicia en el caso? ¿O
es que, como cabe concluir por los hechos, el gobierno apuesta no
sólo por avalar sino por asumir la política que denuncio?
Eso sería gravísimo. No son crímenes de su
gobierno, pero si los avala y aún los practica se pasa al
bando de los criminales. Así pues, demando de usted garantía
fehaciente, a mi entera satisfacción, de que como ciudadano,
escritor y artista el Estado protege mi derecho a la vida, al trabajo,
a la libre expresión de mis ideas, a la libertad creadora
del espíritu, a la disidencia, a la inteligencia crítica,
a la independencia y a la diferencia. Esa garantía da por
hecha la atención de mis tres primeras demandas. No entro
ni salgo en el rodaje de cabezas: soy poeta no político,
y además las clonan y ponen a alguien igual o peor. No soy
propulsor de jucios sumarios, pero es tiempo ya de que se oreen
los pasados y presentes sucios de los medios en beneficio emergente
de su ejercicio libre. ¿O estamos ante un caso de ‘extraterritorialidad’
asumida y tomada por los medios o graciosamente concedida por Gobernación
frente a unas supuestas ‘reformas’ política y
del Estado que no los alcanzan? ¿Quién se mocha con
tanto, y a cambio de qué tipo de impunidades mutuas y adyacentes?
En la hora actual con su vientre de caca no es posible hablar de
una relación a través de ellos con el poder público
desde el punto de vista de la expresión y la presencia crítica
de la sociedad: los intereses mediáticos, cuando no pertenecen
abiertamente a él, juegan el juego del poder.
Por otro lado, no quiero adquirir, por desprecio a las gloriolas
políticas alrededor de la tatema de los escritores, la condición
de exiliado, a menos que salve la piel y sus contenidos solamente
por ese cauce. No recabo premios, becas, posiciones, privilegios
o reconocimientos. Soy poeta, dramaturgo y periodista. Trabajo y
respeto a mi trabajo, a mi obra y a mi vida es lo que importa y
lo que pesa.
Miente usted, presidente Fox, y encima lo hacen mentir sus colaboradores.
Recurrir hasta su agotamiento a las vías institucionales
no conduce todavía en México a la resolución
de los conflictos -esto, en mi caso, desde la comisión de
Cultura de la Cámara de diputados que preside el exactivista
del 68 que en la UdeG lleva la fama José Manuel Correa Ceseña,
hasta Gobernación, pasando por la dicriminadora Comisión
de Estudios contra la Discriminación, y las supuestas Comisiónes
de Derechos Humanos oficiales. En su búnker la señora
Bermúdez no recibe más que a quienes no vienen a ‘amargarle
el día’, actitud que comparte en la misma medida con
su esperpéntica y energuménica contraparte en el DF,
Enrique Semo... y con usted a la hora selectiva de informarse. Por
eso las Comisiones nacional y del DF esperan a ver pasar el cadáver
de la víctima (y la policía política para protegerla)
para ocuparse de un caso. Por eso también la actitud omisa
y silente de Santiago Creel viene a insertarse en la ‘logica’
de la impunidad contra un escritor a quien previamente han reducido
a la miseria y le han arrebatado los medios para defenderse públicamente
en condiciones iguales. Eso, señor, se llama valentía
de Estado, y de los medios, y la impunidad que sostiene es caló
de la sombra. Pero sea cruenta o incruenta la vía de su práctica,
el asesinato selectivo es guerra sucia. El conjunto de la embestida
en contra de mis derechos fundamentales me ha hundido en la absoluta
miseria por años, y me ha puesto en la condición última
de tener que defender mi vida con la que me queda. Soy
sin embargo de la opinión de que la anécdota no es
más que ilustración y mayor abundamiento. No diré
en consecuencia los costos personales y familiares de mi impronta
pagada en la lista negra del salinato para no entorpecer las investigaciones
de mis biógrafos.
Pero cruenta o incruenta la vía de su práctica, el
asesinato selectivo es guerra sucia. Por ello, por este documento
estoy acusando históricamente de intento de asesinato continuado
y maquinado en mi contra, y de los demás tipos penales que
puedan configurarse, en el grado que establezcan las leyes y las
averiguaciones a que haya lugar, a Carlos Salinas de Gortari, a
Otto Granados Roldán, a Fernando Gutiérrez Barrios,
a Rafael Tovar y de Teresa, a los directores de periódicos
y revistas culturales y a los coordinadores de esa clase de secciones
de la época; a Octavio Paz y a la totalidad de cacicazgos
más o menos flacos de la cultura nacional cuyos cabecillas
sumisos al becerro de oro se conocen o saldrán a la superficie;
a Carlos Monsivais (autor o no del veto directo en La Jornada, por
cuanto este sujeto por donde quiera deja indicios y, ergo, debe
ser indiciado), a José Emilio Pacheco, a Alfonso de Maria
y Campos, y en general a quienes resulten responsables.
Para que vea, presidente Fox, que yo también y no sólo
la Constitución de la República y la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos le ponen plazos: si mediante
este recurso extremo que asumo como agravio de lesa humanidad por
su gobierno no obtengo la solución al problema, me veré
obligado a defender mi vida paradójicamente poniéndola
en riesgo de apagarse, y entraré en una suerte de ayuno de
conciencia equiparable a huelga de hambre a partir del término
de esta serie de encadenamientos sobre móviles precisos,
a modo de dar tiempo y espacio para la respuesta oficial, forzar
a los medios a cumplir su deber de informar del caso, y llamar al
interés de las organizaciones civiles internacionales ante
el silencio de las mexicanas -ocupadas en condecorarse con los despojos
de la última abogada muerta por causas perdidas... y en la
salvaguardia de la propia dermis ante el aluvión de la amenaza,
y ante la evidencia de cumplimientos más recientes. Hoy corrijo
para imprimir otro muerto, y este del 68.
La entrada definitiva en la fase de ayuno significará un
brinco de cualidades: la acusación de asesinato se amplía
en tal caso al gobierno actual, y la nueva lista, complementaria,
obvia y escasa, la encabezaría usted. En esa virtud, y considerando
en peligro desde hace ya bastante tiempo pero más desde este
momento mi vida (y nótese que no exceptúo ni la mera
inanición) aprovecho la condición pública de
este documento para hacer un llamado de conciencia: a los 56 y medio
años de mi edad, magro pero corrioso en amores, en pleno
uso de mis facultades de ser y de espíritu, con secuelas
de poliomielitis que el tiempo ha hecho compañía en
quiebra, con el aparato digestivo ulcerado e incapaz de reponer
por propia cuenta la flora intestinal, y con el hígado agasajado
por crudos mensajetas de mi muerte entre otros achaques gloriados
por destino terminal, me declaro físicamente inapto para
sostener un ayuno prolongado pero dispuesto a ello por convicción
de vida y juego de poesía, y si caigo será cosido
a puñaladas traperas. La llamada es a la conciencia ciudadana,
a mis supuestos amigos políticos, a los intelectuales, escritores
y artistas incluidos los veracruzanos (si es que todavía
existen o alguna vez existieron), a mis lectores, a la generación
de 68 ubicable en los medios (y de la cual no he vuelto a ver más
que las espaldas nobles de Marcelino Perelló... y de uno
que otro galeote de la libertad de opinión tales Jorge Meléndez
o Humberto Mussachio, que no importa para quién remen, y
que no merecen registro salvo para demarcar la franja que usurpan
y que sólo la corrupción intelectual de este país
activa); a los llamados líderes de opinión y a los
académicos, a todos quienes cumpla gremialmente, y a cualquiera
que teniendo interlocución con Creel o Fox pueda hacerlos
entrar en razón frente al asesinato a mansalva, y detener
este crimen. Por eso pido aquí públicamente la intervención
del cardenal Norberto Rivera Carrera, a quien prendas públicas
y confesión religiosa obligan mansamente.
No soy mártir ni kamikaze. Mis razones de amor y sinrazones
de obra están profundamente afincadas en la vida, y si dijera
como la gallina de los huevos del Siglo de Oro en la gallola de
Neruda que muero porque no muero, denme un puntapié en el
culo como premio a un mentiroso. La bala que habrá de alojarse
algún día ciego en mi cráneo aguarda por ahora
los dedos agarrotados de mi prójima vejez, y no es esta hora
la hora del suicidio. Si muero asistirán ustedes al espectáculo
poco frecuente pero virgen no de un poeta asesinado en México.
Y a la salud de Antonio Plaza, el asesinato se persigue de oficio.
Los nombres de mis asesinos aquí han quedado consignados.
Lo insto, presidente Fox, a no sumarse a mis criminales, a dictar
las instrucciones necesarias para dar solución a este asunto
en lo que atañe a hechos pasados, y a atajar acciones, movimientos
y omisiones que en mi contra se están produciendo ya dentro
de su administración.
El gobierno de un país que precisamente por hambre sirve
el plato de la muerte a sus poetas no se los merece en absoluto,
pero tampoco un pueblo que no defiende su poesía.
He aquí lo que larga Edgar Alan Poe a Sara Whitman: “¿y
me preguntas por qué se me juzga tan mal; por qué
tengo enemigos? He brillado por mi audacia de conservarme pobre
para mantener mi independencia (y sin embargo desde cierto punto
de vista he ‘triunfado’ en la profesión literaria);
he sido un crítico escrupulosamente probo y en ocasiones
bastante duro, pues he atacado (cuando los ataqué, cuando
los atacaba) a quienes ocupaban las más altas esferas del
poder y del prestigio, y tanto en mis escritos como en el trato
social jamás me he vedado expresar directa o indirectamente
el absoluto desdén que me inspiran las pretensiones de la
ignorancia, de la arrogancia y de la imbecilidad. Y tú, que
sabes bien todo esto, ¿me preguntas por qué tengo
enemigos?”
Pero no se preocupe, presidente Fox: puede usted dar por seguro
que hurtaré el cuerpo a quienes pudiera ocurrírsele
dejárselo en lo oscuro en el callejón de los derechos
humanos, y de que me propongo llevarme lleno de mundo el cadáver
puesto.
Soy un hombre de teatro.
Este es un acontecer escénico snuf, del cual soy el director
y en el cual la víctima, y esta sobrevivirá de todos
modos a las mañas victimarias. El espacio y el tiempo de
mis presentaciones móviles, que concluirán un día
de estos ya en Gobernación ya en Los Pinos, es el espacio-tiempo
que ofrezco para oír y conocer la respuesta de su gobierno.
No es cosa suya, presidente Fox: los picos de los cuervos más
picudos capturados por el forense en mi hígado parrandero
fueron sembrados en verdad por esbirros de los dioses.
Lo saluda atentamente
Orlando Guillén
OG. Acayucan, México, 1945. Autor entre otros libros de “Un
muerto rema rayo abajo”, “Rey de bastos”, y “El
costillar de Caín”. Ha traducido a los grandes poetas
catalanes del siglo XX.