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Cuaderno de memorias teatrales 1
¿Adiós al sueño de los «Doce»?
Orlando Guillén
Estos últimos han sido días de desastres de la guerra y caprichos aleatorios, dijo Goya al doblar
la prima curva del camino que por 6 veces se bifurca en Doce sueños y tres añadiduras y tres pies.
Pero esta vez estaba solo. Y sordo. Y no lo oí.
Ayer harto de lo mismo recibo este comunicado, de tono personal pero oficial seguro, que vierto de su
original catalán porque se refiere a mi libro de libros de traducciones «Doce poetas catalanes del
siglo XX» y una fe de ocaso vano quiere sellar un destino de fe. Y eso no se va a poder:
Orlando:
Hay noticias, y son desastrosas. El Ministerio ha aprobado subvenciones muy por debajo de las expectativas
del editor y B[ruguera] ha decidido renunciar a ellas y abandonar el proyecto. He esperado a hablar
directamente con Ana María Moix y también a obtener alguna respuesta de Madrid antes de contestarte.
Ella me lo ha dicho tal cual. Y en Madrid el relevo del ministro ha significado la sustitución de José
Areses, con quien habíamos trabajado el seguimiento del proyecto. Difícilmente, pues, se podrá hacer algo.
Estoy rabioso y me siento impotente. Y me da mucha pena por ti.
Oriol Izquierdo
Director
Institució de les Lletres Catalanes.
Que no tenga pena sino por él, me pidió que le dijera Mario Raúl Guzmán. Y ayer más tarde o sea hoy
recibo esta de Lalo que al abrirse pregunta:
cuál adiós querido lord. cuándo esa lentitud escarabaja ha podido detener el sueño. ni en los tiempos
del halconso macarthynes nomechingues. yo te propongo lo siguiente. cuál es el presupuesto de una
edición digna por no decir chingona como se merecen esos 12 o 13 poetas, según los costos de allá.
súbele un 20% para tus gastos de operación. mándanos a todos tus conectes el presupuesto
con el sustento de una cuarteta libre pero bien ring side con tu verbo y vas a ver cómo en menos de
dos meses ya tienes el billete entero para que la misma ediciones le prosa sucursal martorell o casc antic
saque el pinche libro. lo peor que puede pasar es que me mandes al carajo diciendo que pinche lalo es
muy ingenuo. solamente me baso en la trayectoria rabia de los perros con la que has salido siempre
adelante y también en que responderá el páramo verdoso de matorrales que has cultivado con tu corazón
prángana por todas partes. si quieres también lo podemos cotizar acá. estoy a la orden querido mi orlando.
abrazos para todos por allá. lalo
Con el sustento de una cuarteta libre pero bien ring side como la de este amigo no,
pero sí decidí dar inicio a la serie cuadernos de memorias teatrales con este video número 1:
de Ediciones Le Prosa de Las Flores de Uxmal Arte y Cultura, AC, que convida.
En dónde y cómo y cuándo será el segundo cuaderno y las burlas del envío a quién, a quién,
a quién donde son tantos y la burla es festín de espíritu del humor de la vida, y doblo la prima curva
del camino que por 6 veces se bifurca en Doce sueños y tres añadiduras y tres pies. Pero esta vez estaba
solo. Y sordo. Y no me oí.
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ORLANDO GUILLÉN
DOCE POETAS CATALANES
DEL SIGLO XX
Guerau de Liost, Josep Carner, Carles Riba, Joan Salvat-Papasseit,
J. V. Foix, Pere Quart, Agustí Bartra, Salvador Espriu, Joan Vinyoli,
Joan Brossa, Gabriel Ferrater, Vicent Andrés Estellés
Con Tres añadiduras:
Maria-Antònia Salvà,
Clementina Arderiu,
Rosa Leveroni
Y un
APÉNDICE DE VARIA INTENCIÓN
Epílogo
de Enric Casasses
Texto bilingüe
Primera edición virtual
Ediciones Le Prosa
Barcelona, 2008
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la poesia tot just ha començat
i és plena de virtuts inconegudes
la poesía apenas acaba de comenzar
y está llena de virtudes desconocidas
Joan Maragall
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Doce poetas catalanes del siglo XX
EL RAMO DE DOCE QUE SON QUINCE
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Guerau de Liost
Olot, 1878; Barcelona, 1933.

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BESAMANS
Pàl lides mans, de besades intactes:
vostra endolada senyora camina
d'un passadís en la fosca discreta.
Com, generosa, endavant us allarga!
Ella no es veu, que, a mig aire perdudes,
l'anuncieu com parella de tortres.
Pàl•lides tortres! Només d'obirar-vos,
vostra invisible senyora endevino!
Vostra senyora endevino: la testa
feta endarrera, que l'ombra engavanya;
de lletanies signada en els llavis,
i amb un esguard tan immòbil que escolta.
Pàl lides mans d'alabastre: imagino
vostra senyora, puríssima i nua,
amanyagant la diàfana espiga
del brollador, com un ceptre de fada.
L'àlgida espiga, a mig aire colltorta,
un esgranall, voladissa, desplega.
Vostra senyora mig riu, decantant-la,
agemolida dessota la pluja.
Vostra senyora davalla una estona
del pedestal, feta dona sensible,
i amb dignitat natural us allarga,
pàl lides mans, perquè us ompli de besos.
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BESAMANOS
Pálidas manos, intactas de besos:
vuestra enlutada señora camina
bajo la discreta oscuridad de un pasadizo.
¡Cuán generosa hacia adelante os alarga!
Ella no se ve; pero vosotras, perdidas a media altura,
ya la anunciais, como pareja de tórtolas.
¡Pálidas tórtolas! ¡Con sólo columbraros,
vuestra invisible señora adivino!
Vuestra señora adivino: la testa tirada
hacia atrás, porque le molesta la sombra.
Con la señal en los labios de las letanías
y con una mirada tan inmóvil que escucha.
Pálidas manos de alabastro: imagino
a vuestra señora, purísima y desnuda,
acariciando la diáfana espiga
del surtidor como un cetro de hada.
La álgida espiga, el cuello torcido en el aire,
un desgranamiento volátil despliega.
Vuestra señora ríe un poco, inclinándola,
estremecida bajo la lluvia.
Vuestra señora baja un rato
del pedestal, se vuelve mujer sensible,
y con dignidad natural os alarga,
pálidas manos, para que os llene yo de besos.
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NOCTURN
Quines són les imatges
que s'agiten al fons de vostres nits
ocells planyívols, animals salvatges
quan les pobleu de queixes i de crits?
Voldrà lligar-se amb d'altres harmonies
la música de fulles, més suau
de nits que no de dies?
Què cerca el vent nocturn a dins l'afrau?
Fins el penyal, guarnit de molsa bruna,
a mig pendís atravessat i cot,
mig diríeu que viu sota la lluna
per bé que sigui indiferent a tot.
Serena, quietud, vent i tempesta,
posats de la foscor,
porteu alguna divinal requesta
en ritme d'esperances i de por?
Almenys per mi, que entre la nit faig via
quan tanta d'animeta s'abalteix,
el gran drap de la nit es desficia,
l'obscuritat glateix.
Àngels, tal volta, elisianes roses
a frec esfullen de l'oscat sentit;
o brollen veus parentes, de les coses,
que frisen demanant un esperit.
El floc tot argentat, la lleu temença
de l'herba i el brancam tan llargarut,
són un engany de nostra vana pensa
o un mot tràgicament inconegut?
Una remor que flota esmorteïda,
del passat o del futur és el trepig?
Són els difunts que capten a la vida
o els venidors que tusten al desig?
L'alè m'inspira d'una oculta raça?
Mon pensament, qui esgarriat me'l féu?
Ah, fins em sembla com si fos ma passa
d'un altre, caminant darrera meu!
On és l'aigua del pou que mai s'obrí,
on el tresor colgat? Sóc a llur vora,
i jo que els cerco, n'he romàs defora,
com un que dorm, sens veure ni capir.
Amara de llum pia
—oh doll quiet i blanc
del pleniluni que engrandeix ma via!—
la lassa i espectral malenconia
del nostre mur de fang.
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NOCTURNO
¿Qué imágenes son esas
que se agitan al fondo de vuestras noches,
pájaros dignos de compasión, animales salvajes
cuando las poblais de quejas y de gritos?
¿Querrá con otras armonías anudarse
su música de hojas, más suave
de noches que de días?
¿Qué busca el viento nocturno desfiladero adentro?
Hasta del peñasco, guarnecido por musgo negro
y a medio declive atravesado como agachándose,
diríase casi que está vivo bajo la luna
por más que sea indiferente a todo.
Sereno, quietud, tempestad y viento,
guiños gestuales de la oscuridad:
¿portais algún requerimiento divino
a ritmo de esperanzas y de miedo?
Al menos para mí que camino mi camino entre la noche
mientras tanta animita se adormece,
el gran trapo intranquilo de la noche se remueve,
la oscuridad palpita.
Ángeles, quizá, deshojan rosas
del Elíseo rozando nuestro oído mermado,
o brotan de las cosas voces de parentesco
que temblando reclaman un espíritu.
El copo de nieve plateado, el temor apenas
de la hierba, y el larguirucho ramaje de los árboles,
¿son un engaño de nuestro vano entendimiento
o una palabra trágicamente desconocida?
Ese rumor que flota como muerto,
¿es el pisoteo del pasado o del futuro?
¿Son los difuntos que mendigan a la vida
o hueste por venir que toca a la puerta del deseo?
¿Me inspira el aliento de una raza oculta?
Mi pensamiento, ¿quién lo descarrió?
Ah, ¡si hasta me parece que mi paso
es el de otro que detrás mío caminara!
¿Dónde está el agua del pozo que nunca fue abierto?
¿Dónde el tesoro enterrado? Junto a ellos estoy,
pero yo que los busco me he quedado afuera
como alguien que duerme sin mirar ni entender.
Empapa de luz piadosa
-¡oh chorro quieto y blanco
de luna llena que ensancha mi camino!-
la cansada y espectral melancolía
de nuestro muro de fango.
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Josep Carner
Barcelona, 1884; Bruselas, 1970.

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Carles Riba
Barcelona, 1893; Barcelona, 1959

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1
Silenci, àngel potent,
missatger entre Déu i el nostre pensament,
no afeixuguis el teu vol amb roses
damunt del cap, ni xopis les descloses
ales dintre les gorgues blavenques on fan nit,
del Temps bessons discordes, la Il lusió i l'Oblit.
Fes-te'm coneixedor per l'àgil revolada
amb què deixondeixes d'un salt
la Veritat endins del cor adormissada,
lla on l'albir del bé i del mal
no envia el seu oneig —oh platja inviolada!
Com quan empunyes al vol
damunt la irada cima dels roures l'oratjol,
i el rebats a la baixedat discreta
del murtrerar; i el gran bosc s'aquieta
per l'esglai que en sortís, al fresseig importú,
la dea esgarrifada del propi cos tot nu.
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1
Silencio ángel potente,
mensajero entre Dios y nuestro pensamiento,
no hagas más pesado tu vuelo con rosas
sobre la cabeza, ni empapes las abiertas
alas en las gargantas azulencas donde pasan la noche
la Ilusión y el Olvido, gemelos discordes del Tiempo.
Dáteme a conocer por el ágil revuelo
con que despiertas de un salto
la Verdad dentro del corazón adormecida,
allí donde el arbitrio del bien y del mal
no envía su oleaje -¡oh playa inviolada!
Como cuando empuñas al vuelo
sobre la airada cima de los robles al suave vientecillo
y lo reviertes a la bajura discreta
de los arrayanes, y el gran bosque se inmoviliza
ante el espanto de que pudiese salir, con el ruido inoportuno,
la diosa, estremecida de su propio cuerpo desnudo.
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AMO L'AROMA
Amo l'aroma d'aquest brot de menta
que duus lligada dintre el teu somrís
fes-me'n penyora tu, minyona esquerpa
com vela nova que torba el garbí.
Les xicres blanques dels pals del telègraf
si ets a la ruta guarden ton camí;
pel brot de menta cap d'elles pledeja—
pledejarien si em veien sofrir.
Perquè vindria de la boca teva
la posaria al mossec de les dents,
fes-me'n penyora, del teu brot de menta:
jo per pagar-la ja em donaré teu.
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AMO EL AROMA
Amo el aroma de este brote de menta
que llevas atado a tu sonrisa
dámelo en prenda tú, niña huraña
como vela nueva que el ábrego perturba.
Las jícaras blancas de los postes del telégrafo
cuando vas por su ruta cuidan tu camino.
Por tu brote de menta ni uno de ellos pelea
-pelearían si me vieran sufrir.
De tu boca vendría y por eso
lo traería mordisqueando entre los dientes
dame en prenda tu brote de menta
por pagártelo tuyo te me entregaré.
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Joan Salvat-Papasseit
Barcelona, 1894; Barcelona, 1924.

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J. V. Foix
Sarrià, 1893; Barcelona, 1987.

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VAIG OBRIR, COS BALB, ELS CALAIXOS ON GUARDAVA MILERS DE VERSOS QUE NO RECORDAVA D’HAVER ESCRIT MAI. LA PILAR M’ASSEGURAVA –ERA UN VESPRE FULLÓS AMB UN CEL BAIX GUSPIREJANT DE LLAVIS- QUE ELS HAVIA LLEGITS. ELS CALAIXOS EREN PLENS DE MANS COMPACTES I DURES QUE ESTRENYIEN LES MEVES AMB ESTRANYS DESIGNIS
A quin mar fosc naufragà una goleta
Amb ocells delirants damunt les vergues
I veles defallents sota les molses
-Esfullàvem lilàs entre les cendres.
A quina balma cega hi ha conquilles
On amaguem tresors d’arrels i aigua
Enyorosos del ball i armats amb canyes
-Fora poblat calcigàvem les ombres.
A quin pati ignorat d’una llar closa
Sentíem cants amb angoixa celeste
Els insectes alats als palmells càlids
-A mig congost apagàvem les llànties.
A quin fons de taverna enllà dels segles
Tastàvem mosts novells i ens embruixaven
Sons de marbres arcaics en orgues fòssils
-Ens fèiem por amb espectrals carotes.
A quin barranc antic vitals ballàvem
Al plany nocturn de bressolants arbredes
Eco lunar de veus i cants maresos
-Amagàvem el cos sota les xarxes.
A quin carrer sentíem fressa d’algues
Quan ens dèiem adéu sense paraules
A la claror d’espurnejants pronòstics
-Amb uns guants nous examinàvem perles.
A quin hangar d’una plana vetusta
Vestits de nit i coronats de roses
Amoixàvem ocells amb mà tremosa
-Engegàvem motors sense esperança.
A quina font de l’obaga perduda
Un estiu despullat en nit desclosa
Ploraven les vestals als déus de pedra
-Ulls embenats cantàvem infortunis.
Damunt quin mur en una nit sense hores
Inscrivíem uns noms que no enteníem
I dibuixàvem púdics ratlles mortes
-Entelàvem xarols la boca intacta.
A quin tombant de la pàl lida pista
S’estimbaven les noies en bicicle
En cingles clars en espadats aeris
-Ens senyàvem amb aigua sortillera.
A quin calaixos abismals cercava
Poemes mai escrits i que memoro
En papers arrugats i lletra falsa
-Encaixo mans de porcellana i vori.
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ABRÍ, ATERIDO EL CUERPO, LOS CAJONES
DONDE GUARDABA MILES DE VERSOS QUE NO RECORDABA HABER ESCRITO NUNCA.
PILAR ME ASEGURABA -ERA UN ANOCHECER FRONDOSO CON UN CIELO BAJO CHISPORROTEANTE
DE LABIOS- QUE LOS HABÍA LEÍDO. LOS CAJONES ESTABAN LLENOS DE MANOS COMPACTAS
Y DURAS QUE ESTRECHABAN LAS MÍAS CON EXTRAÑOS PROPÓSITOS
En qué mar oscura naufragó una goleta
Con pájaros delirantes sobre las vergas
Y velas desfallecientes bajo el musgo
-Deshojábamos lilas entre sus cenizas.
En qué gruta ciega hay conchas marinas
En las que escondemos tesoros de raíces y agua
Nostálgicos del baile y provistos de cañas
-Desde otro lugar hollábamos sus sombras.
En qué patio desconocido de un hogar cerrado
Oíamos cantos de angustia celeste
Los insectos alados en las palmas cálidas de las manos
-A medio desfiladero apagábamos las lámparas.
En qué rincón de taberna más allá de los siglos
Catábamos mostos nuevos y nos embrujaban
Sones de mármoles arcaicos sobre órganos fósiles
-Nos metíamos miedo con espectrales caretas.
En qué antiguo barranco vitales bailábamos
Bajo el lamento nocturno de arrulladoras arboledas
Eco lunar de voces y cantos marinos
-Escondíamos el cuerpo bajo las redes.
En qué calle oíamos rumor de algas
Mientras sin palabras nos decíamos adiós
Bajo la claridad de chisporroteantes pronósticos
-Con unos guantes nuevos examinábamos perlas.
En qué hangar en vetusta llanura
Vestidos de noche y coronados de rosas
Acariciábamos pájaros con mano temblorosa
-Echábamos a andar motores sin esperanza.
En qué fuente de la umbría perdida
Un verano desnudo en noche abierta
Lloraban las vestales a sus dioses de piedra
-Obcecados cantábamos infortunios.
Sobre qué muro en una noche sin horas
Inscribíamos nombres que no entendíamos
Y dibujábamos púdicos líneas muertas
-Empañábamos charoles intacta la boca.
En qué vertiente de la pálida pista
Se despeñaban las muchachas en biciclo
En peñascales claros en riscos aéreos
-Nos santiguábamos con agua de sortilegio.
En qué cajones abismales buscaba
Poemas nunca escritos y que recuerdo
En papeles arrugados y letra falsa
-Estrecho manos de porcelana y marfil.
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VACANCES PAGADES
He decidit d'anar-me'n per sempre.
Amén.
L'endemà tornaré
perquè sóc vell
i tinc els peus molt consentits,
amb inflors de poagre.
Però me'n tornaré demà passat,
rejovenit pel fàstic.
Per sempre més. Amén.
L'endemà passat l'altre tornaré,
colom de raça missatgera,
com ell estúpid;
no pas tan dreturer,
ni blanc tampoc.
Emmetzinat de mites,
amb les sàrries curulles de blasfèmies,
ossut i rebegut, i lleganyós,
príncep desposseït fins del meu somni,
Job d'escaleta;
llenguatallat, sanat,
pastura de menjança.
Prendré el tren de vacances pagades.
Arrapat al topall.
La terra que va ser la nostra herència
fuig de mi.
És un doll entre cames
que em rebutja.
Herbei, pedram:
senyals d'amor dissolts en la vergonya.
Oh terra sense cel!
Però mireu-me:
he retornat encara.
Tot sol, gairebé cec de tanta lepra.
Demà me'n vaig
—no us enganyo aquest cop.
Sí, sí; me'n vaig de quatre grapes
com el rebesavi,
per la drecera dels contrabandistes
fins a la ratlla negra de la mort.
Salto llavors dins la tenebra encesa
on tot és estranger.
On viu, exiliat,
el Déu antic dels pares.
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VACACIONES PAGADAS
He decidido irme de aquí para siempre.
Amén.
Mañana volveré
porque estoy viejo
y tengo los pies muy resentidos,
con hinchazón de gota.
Pero me iré pasado mañana,
rejuvenecido por el asco.
Para siempre jamás. Amén.
Pasando un día, al siguiente volveré,
palomo de raza mensajera,
estúpido como él;
no tan derecho a lo suyo
ni blanco tampoco.
Envenenado de mitos,
con las sacas rebosantes de blasfemias,
huesudo, encogido y lagañoso,
príncipe desposeído hasta de mi sueño,
Job de escalera vecinal;
lenguacortado, capado,
pasto de piojos.
Tomaré el tren de las vacaciones pagadas.
Agarrado al tope trasero.
La tierra que fue nuestra herencia
huye de mí.
Es un chorro entre piernas
que me desecha.
Césped, lasca:
señales de amor disueltas en la vergüenza.
¡Oh tierra sin cielo!
Pero miradme:
he vuelto todavía.
Solo, casi ciego de tanta lepra.
Mañana me voy
-esta vez no os engaño.
Sí, sí: me voy a cuatro patas
como el tatarabuelo
por el atajo de los contrabandistas
hasta la raya negra de la muerte.
Salto entonces a la tiniebla encendida
donde todo es extranjero.
Donde vive, exiliado,
el viejo Dios de nuestros padres.
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Pere Quart
Sabadell, 1899; Barcelona, 1986.

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Agustí Bartra
Barcelona, 1908; Terrassa, 1982.

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Es calmaven les aigües sota l’arbre d’un cel
d’estrelles rodadores i estupor de cometes,
i en circulars aurores lentament començava
l’ascenció dels cims…
En silenci afloraven les naixences de roca:
corol.les de martiris i musells de cetacis,
esguards de cataclismes, futures latituds
d’àguiles i congestes.
Dempeus i embolcallats de clares llunyanies,
tots els vents esperaven en els quatre horitzons ;
llurs clars ulls reflectien les resplendors llunyanes
de glaços boreals.
Les marees dormien absències de lluna,
i a la vasta planura de sargassos immòbils
les blavoses bonances avançaven amb roigs
gaiatos de coral.
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Se calmaban las aguas bajo el árbol de un cielo
de rodantes estrellas y estupor de cometas,
y en auroras circulares lentamente comenzaba
la ascensión de las cimas...
En silencio afloraban los nacimientos de roca:
corolas de martirio y hocicos de cetáceos,
ojos de cataclismos, futuras latitudes
de ventisqueros y águilas.
De pie y envueltos en claras lejanías,
los vientos esperaban en los cuatro horizontes;
sus claros ojos reflejaban lejanos resplandores
de hielos boreales.
Las mareas dormían ausencias de luna,
y en la vasta llanura de sargazos inmóviles
las bonanzas azules avanzaban con rojos
cayados de coral.
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XVI
Sota la llum rogenca
de la lluna andarejo
pels carrers.
Damunt la vella esquena
sento las bastonades
d’aquest vent.
A poc a poc m’entrava
el ferro de la llança
del meu temps.
Dintre la nit cremada
de tremolor de ciris
em vaig dient:
-Com fugiria ara,
on aniré,
quina clau m’obriria
cap recer?
Timor mortis conturbat me.
|
XVI
Bajo la luz rojiza
de la luna vagabundeo
por las calles.
Sobre mi vieja espalda
siento los bastonazos
de este viento.
Poco a poco me iba entrando
el filo de la lanza
de mi tiempo.
En la noche que ha ardido
de temblor de cirios
me veo diciendo:
-¿Cómo huir ahora,
a dónde iría,
qué llave me abriría
refugio alguno?
Timor mortis conturbat me.
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Salvador Espriu
Santa Coloma de Farners, 1913; Barcelona, 1985.

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Joan Vinyoli
Barcelona, 1914; Barcelona, 1984.

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SUNT LACRIMAE RERUM
A Tamariu, a casa en Pere Patxei,
encomana un cremat, beurem a poc a poc
a l’hora que la mar s’agrisa.
Ploren les coses, plora el temps,
plora la vida no viscuda,
plora també la vida que hem viscut.
Sunt lacrimae rerum.
Ai, aquest “ai” és un bressol
de moltes hores en què sempre anàvem
pel vell sorral i vèiem l’ample mar
guspirejant parlant-nos en metàfores.
“La dolencia de amor que no se cura
sino con la presencia y la figura.”
Ara sóc una rata espantada que surt de la fosca
i corre a amagar-se en qualsevol forat.
Però quan em recordo dels amics que han mort
irremissiblement, els insubstituïbles,
em torno un gira-sol que puja d’un femer
i fa com un que parla amb entelada veu,
en una tarda càlida d’estiu,
davant el somriure dels morts que se li fan propers.
Ara tot d’una la tenora
ressona a Pals i contemplem les illes
i sempre dic, mirant la Torre de les Hores:
davant aquestes coses cal plorar.
Passa la tarda sobre els camps d’arròs
de l’Empordà xops d’aigua.
És tard, és hora de tornar a Begur
en l’autocar que ens deixarà a la plaça.
Anem al bar i prenguem l’aperitiu amb cloïsses
ben amanides amb llimona i pebre.
Cau la nit, la nit fantasmagòrica
del rei Begur que senyoreja el castell,
la nit dels fars i de les barques a l’encesa,
del cel altíssim estelat.
Tot giravolta com en un parc d’atraccions,
però tu i jo vivim al botó de la roda
on és imperceptible el moviment.
Són les cinc del matí. Tot dorm excepte els gavians
i les orenetes que xisclen, llançades.
Que l’estiu matusser no faci gaire mal.
Ajudem-nos els uns als altres
amb paciència, bon vi, moderació,
per no caure en el daltabaix.
Els arbres es clivellen,
els fruiters regalimen goma.
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SUNT LACRIMAE RERUM
En Tamariu, encá Pere Patxei
pídete un quemado: beberemos poco a poco
mientras la mar se agrisa.
Lloran las cosas, llora el tiempo,
llora la vida no vivida,
llora también la vida que hemos vivido.
Sunt lacrimae rerum.
Ay -este “ay” es el vaivén arrullador
de aquellas horas en que solíamos andar
por el viejo arenal y ver el ancho mar
chisporroteante hablándonos en metáforas.
La dolencia de amor que no se cura
sino con la presencia y la figura.
En este momento soy una rata espantada que surge
de lo oscuro y corre a esconderse en cualquier
agujero. Pero cuando me acuerdo de los amigos
que han muerto irremisiblemente, los insustituibles,
me vuelvo un girasol que se alza desde un estercolero
y habla como alguien que habla con la voz empañada
en una cálida tarde de verano, frente
a la sonrisa de sus muertos que se le acercan.
De pronto la flauta tenora
resuena en Pals y contemplamos las islas,
y siempre digo, mirando la Torre de las Horas:
delante de estas cosas es necesario llorar.
Pasa la tarde sobre los campos de arroz
del Empordá empapados de agua.
Es tarde: es hora de regresar a Begur
en el autobús que nos dejará en la plaza.
Vayamos al bar y tomemos un aperitivo con almejas
bien aliñadas en limón y pimienta.
Cae la noche, la noche fantasmagórica
del rey Begur que señorea el castillo,
la noche de los faros y de las barcas para la pesca iluminadas
de los pescadores, del cielo altísimo estrellado.
Todo gira y da vueltas como en un parque de atracciones,
pero tú y yo vivimos en el cubo de la rueda
donde es imperceptible el movimiento.
Son las cinco de la mañana. Todo duerme menos las gaviotas
y las golondrinas que chillan, encarreradas.
Que el verano chapucero no haga mucho daño.
Ayudémosnos los unos a los otros
con paciencia, buen vino y moderación
para no caer por el despeñadero.
Los árboles se agrietan;
chorrean goma los frutales.
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ANACREÒNTICA
Desperten les orelles notes altes.
Acaba en bé. Finida és la llaurada.
Erugues no apareixen a les palmes
Aquest capvespre.
Ni rastre d'ella. Hauré domtat l'onada.
Ja es van fonent les ombres de les boires.
La lluna entre les flames
Obre la plata.
Vida, la meva vida, tu no oblides,
Al mig del cor ets fletxa que m'agrada;
Era que rosegaven pedres, sembla,
Aquelles aigües.
Un altre cop: la vida continua;
Em donen llibertat valls i florestes:
Igual després em creix cabell i ungla:
Igual que els arbres.
Via endavant. Els camions que passen.
El món és la substància. A l'esquerra.
Estic perfectament bé a la banyera.
Tomba a l'esquerra.
Vull portar el nom del sàtir i del faune.
Que els ocells accelerin la volada;
Ja la madeixa entorn de les agulles
Lligo amb fermesa.
Escut m'allarga el sol a cops de llengua.
Vull carregar de plantes la meva aigua,
Que si segueixo el meu camí en silenci,
Del remei moro.
Unta'm la barba amb fruits. Formes, aquestes:
De mig cos en amunt, de mig cos, forma
Humana; i en avall, forma de cabra.
Unta'm la barba!
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ANACREÓNTICA
Despiertan mis oídos notas altas.
Acaba como debe ser. Terminada está su labranza.
Orugas no aparecen en las palmas
Este atardecer.
Ni rastro de ella. Habré domado esa ola.
Ya se van disipando las sombras de las nieblas.
La luna entre sus llamas
Abre la plata.
Vida, mi vida, tú no olvidas:
En mitad del corazón eres flecha que me agrada;
Es que carcomían piedras, parece,
Aquellas aguas.
Una vez más: la vida continúa;
Me regalan libertad valles y florestas:
Igual después me crecen cabello y uña:
Igual que a los árboles.
Tira hacia delante. Los camiones que pasan.
El mundo es la sustancia. A la izquierda.
Estoy perfectamente bien en la bañera.
Dobla a la izquierda.
Quiero llevar el nombre del sátiro y del fauno.
Que los pájaros aceleren el vuelo.
Ya la madeja en torno de las agujas
Ligo con firmeza.
Escudo me alarga el sol hablando en plata.
Quiero cargar mi agua de plantas,
Porque si sigo mi camino en silencio,
Muero del remedio.
Untame la barba con frutos. Formas, estas:
De medio cuerpo para arriba, de medio cuerpo, forma
Humana; y para abajo forma de cabra.
¡Untame la barba!
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Joan Brossa
Barcelona, 1919; Barcelona, 1988.

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Gabriel Ferrater
Reus, 1922; San Cugat del Vallès, 1972.

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BOIRA
Molt abans que te'ls tornis vella i grisa,
l'ombra del núvol meu damunt l'estesa
de natura i conreu: la teva terra,
com un floc de lleu cendra, imperceptible
per tots ells, però encara no per tu,
quan se l'endugui un últim pàl•lid vent
s'arrissarà convulsa per l'adéu,
i et deixarà el record d'un fred caduc.
Sé com, després, se'ls obriran les vies
del sol, quan, dins la múltiple sorpresa
de fulles nobles, els fibli l'orella
l'àgil flauta infernal del teu migdia.
Ho sé jo, que ara emboiro el teu profund
crepuscle matinal. Tot desesper
d'alçar-me, m'emparraco en esbarzers
i omplo de plor còrrecs d'incertitud.
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NIEBLA
Mucho antes que te les vuelvas vieja y gris,
la sombra de mi nube sobre esta extensión
de naturaleza y cultivo: tu tierra,
como un copo de ceniza leve, imperceptible
para todos ellos, aunque todavía no para ti;
cuando se la lleve un último pálido viento,
se rizará convulsa por el adiós
y te dejará el recuerdo de un frío caduco.
Sé muy bien que después se les abrirán los caminos
del sol, cuando dentro de su múltiple sorpresa
de nobles hojas, les aguijonee el oído
la ágil flauta infernal de tu mediodía.
Lo sé yo que ahora nublo tu profundo
crepúsculo matinal. En mi desesperación por
levantarme, dejo la piel entre zarzales
y lleno de llanto cárcamos de incertidumbre.
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97
Mossegador, arrapador, tenaç
ens empenyia aquell amor, infame,
determinava situacions;
ens queixàvem els dos, els dos bramàvem.
Jéiem els dos, al capdavall, les víctimes.
Reien els déus, mirant-nos escampats
per sobre el cobertor, sobre els llençols
del llit august, desencolat d’amor.
La teua mare entrava amb una safa
sense mirar-nos, sense dir-nos res,
comprenent tantes coses, massa coses.
M’abotonaves, agraïda, jo
atarantat, dempeus, i en acabar
sempre em besaves el darrer botó.
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97
Mordedor, arrebatador, tenaz
nos empujaba aquel amor infame,
determinaba situaciones;
nos quejábamos los dos; los dos bramábamos.
Yacíamos los dos: al fin y al cabo, las víctimas.
Reían los dioses viéndonos desparramados
por sobre el cobertor, por sobre las sábanas
del lecho augusto desvencijado de amor.
Tu madre entraba con una palangana
sin mirarnos, sin decirnos nada,
comprendiendo tantas cosas, muchas cosas.
Me abotonabas, agradecida; yo,
atarantado, en pie; y cuando acababas,
siempre me besabas el último botón.
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Vicent Andrés Estellés
Burjassot, 1924; Burjassot, 1993.

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Maria-Antònia Salvà
Palma de Mallorca, 1869; Llucmajor, 1958.

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CANÇÓ DE MAIG
A vostres peus, Maria,
ressona cada dia
el nostre càntic breu.
Reina de l'harmonia,
al cor que vos l'envia
feu-lo florir per Déu.
La vida fatigada,
cercant per tot l'amor,
sospira, com l'onada
del blat que pren color.
En vostre amor, Maria,
el cor reposaria,
i en vós recobraria
la pau i la frescor.
El vostre nom aterra
la Serp que fa pecar;
sou lliri de la terra
i estrella de la mar.
La vostra dolça cara
lluu dins una auba clara,
o Filla, o Esposa, o Mare
del Déu qui us va crear!
Quan l'alta claraboia
apaga sos joiells,
el vostre altar s'enjoia
de llums i de ramells.
La nit és arribada
i els homes, Verge amada,
reprenen la tonada
quan callen els aucells.
.
|
CANCIÓN DE MAYO
A tus pies, María,
resuena cada día
nuestro breve cántico.
Reina de la armonía,
al corazón que os lo envía
haz florecer para Dios.
Mi vida fatigada
buscando doquiera amor,
suspira como la oleada
del trigo al tomar color.
En vuestro amor, María,
mi corazón reposaría;
y en vos recobraría
su paz y su frescor.
Tu puro nombre aterra
a la Sierpe que lleva a a pecar;
eres lirio de la tierra,
y estrella de la mar.
Vuestra dulce cara
brilla en un alba clara,
¡oh Madre, oh Hija, Esposa
del Dios que te creara!
Cuando la alta claraboya
apaga sus joyeles,
vuestro altar se enjoya
de luces y ramilletes.
La noche ha llegado ya
y los hombres, Virgen amada,
recuperan la tonada
cuando los pájaros callan.
|
ANACREÒNTICA
Entre el fullatge humit
Amor trobí adormit
un dia que a l’atzar
jo entrellaçava roses.
Si goses, si no goses,
veient-lo tan gentil
?qui el pensaria vil??
l’agafo per les ales,
i dins el mar de vi
que un veire m’oferia
tot d’una el submergia;
i el veire, sobreeixint
de la polida vora,
vessava tot alhora
el vi i Amor retut
ran del meu llavi eixut.
Ai las, que d’aquell dia
dins meu no hi ha repòs!
Amor servo reclòs,
mes sento torbadores
extremituds estranyes
i un lleu contacte d’ales
a dins de les entranyes.
.
|
ANACREÓNTICA
Entre el húmedo follaje
al Amor me hallé dormido
cierto día que al azar
yo rosas entrelazaba.
Si te atreves, no te atreves
-mirándolo tan gentil,
¿quién lo creería vil?-,
¡que lo agarro por las alas!,
y dentro del mar de vino
que una copa me ofrecía
de golpe lo sumergí;
y la copa rebosando
su borde fino
vertía a un tiempo mismo
vino y Amor rendido
sobre mi labio reseco.
¡Ay de mí: desde ese día
en mi interior no hay reposo!
Al Amor guardo recluso,
pero siento turbadores
estremecimientos extraños
y un leve contacto de alas
adentro de mis entrañas.
|
Clementina Arderiu
Barcelona, 1889; Barcelona, 1976.

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Rosa Leveroni
Barcelona, 1910; Cadaqués, 1985.

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DE LA MORT
I
Em feria aquell crit
de mils d’ulls que sofrien
dintre d’uns ulls només.
I mil dolors plorava
en un dolor tan sols.
Ja cada mort venia
en una sola mort,
tota desesperança
en un sol desesper
i dins meu el silenci
pel silenci de Déu.
II
Com un còdol polit
per l’aigua pura i dura
que li lleva l’aspror
de la roca primera,
voldria arribar a Tu
en càndida nuesa,
provada pel dolor
dels qui en mi sofrien,
i sense voluntat,
com la pedra amorosa
fos dolça dins la mà
retenint-me benigna.
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DE LA MUERTE
I
Heríame aquel grito
de miles de ojos que sufrían
dentro de unos ojos nomás.
Y mil dolores lloraba
tan sólo en un dolor.
Y cada muerte llegaba
en una sola muerte,
toda desesperanza
en una sola desesperación,
y en mi interior el silencio
por el silencio de Dios.
II
Como un guijarro pulido
por el agua dura y pura
que le quita la aspereza
primitiva de la piedra,
quisiera llegar a Ti
cándidamente desnuda,
probada por el dolor
de quienes en mí sufrían,
y sin voluntad,
como la piedra amorosa,
fuese yo suave en Tu mano
reteniéndome benigna.
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El cor quiet / Serenidad o El corazón en calma
Andreu Subirats
[Un comentario a la traducción de El Cor quiet de Josep Carner, en Doce poetas catalanes
del siglo XX con Tres Añadiduras y un Apéndice de varia intención, de Orlando Guillén]
¿Puede extrañar entonces que un poeta como Carner, cuya obra es pura mirada, cuyos
poemas no requieren para ser comprendidos más que el limpio reposar de unos ojos,
cándidos y puros, sobre el paisaje abierto en unos versos, unas palabras, un ritmo; puede
sorprender que tal poeta sea entre todos el más difícil?
Joan Ferraté, Papers sobre Josep Carner (1994)
La pregunta que formula Joan Ferraté bien podría contestárnosla Orlando Guillén ahora que ya tiene lista y acabada su
traducción de Doce poetas catalanes del siglo XX con Tres Añadiduras y un Apéndice de varia intención. Pero no entraré
desde luego en el pantanoso terreno de las comparaciones porque el firme propósito de este escrito está dirigido
exclusivamente a la traducción mexicana de El cor quiet de Josep Carner que Guillén ha incluido en su libro,
en esta selección de resonancias viñolianas (a Joan Vinyoli va dedicado el volumen) que pendiente todavía de la luz
definitiva, de su edición completamente necesaria, va cobrando el aura que le es propia a los clásicos insustituibles.
El cor quiet apareció publicado en 1925 en la editorial Políglota, cuatro años después que Carner emprendiese
su periplo consular y vital, del cual ya no regresaría de una manera definitiva nunca más, y seguramente acabó este
libro entre sus estancias en Génova y San José de Costa Rica. Aquel mismo año también publicaría Las bonhomías
(Llibreria Catalònia), una colección de artículos aparecidos en “La Voz de Cataluña” a lo largo de 1923, y su traducción
de Robinson Crusoe de Daniel Defoe (Llibreria Catalònia). Un año antes, 1924, había aparecido el volumen
La ofrenda inútil (Editorial Catalana, S. A.), una antología de poemas de amor que Carner ya había publicado en
libros anteriores. Carner tiene entonces cuarenta y un años y un buen número de libros de poesía publicados desde 1904
con la aparición del Libro de los poetas (F. Giró, ed.), el primero de los suyos; aparte de haber escrito,
también en estos años, piezas de teatro, obras en prosa y sobresalido en el periodismo. La inútil ofrena y
El cor quiet son los primeros libros que Carner publicará residiendo ya fuera de Cataluña, pero si tomamos
en cuenta que el primero de ellos obedecía a un propósito antológico, advertiremos que El cor quiet es el primer
libro que se gesta fuera de Cataluña y residiendo el autor fuera de ella. Desde entonces y hasta 1957 Carner espacia más
la publicación, y es en este año, 1957, cuando establece una edición -a su entender entonces definitiva- que intitula
Poesía (Editorial Selecta), resultado de una revisión profunda y cuidada de toda su obra. Después de esta fecha,
Carner publicará todavía dos nuevos libros de versos: Museo zoológico (Ed. Nauta, 1963) y Bestiario
(Ed. Nauta, 1964), y uno más de poemas viejos revisados y poemas nuevos: El vuelco del año (Ed. Proa, 1966).
En 1968 aparece un volumen de Obras Completas en la editorial Selecta, con prólogos a la poesía de Marià Manent y
a la prosa de Maurici Serrahima. Es necesario recordar que el volumen citado no recoge todos los escritos de Carner,
como por ejemplo La teoría del anzuelo poético (Edicions 62, 1969), que Guillén incluye traducido en su
Apéndice de varia intención.
La traducción que aquí nos ocupa toma como referente la primera edición de El cor quiet; o sea, la de 1925,
pero en la reedición de Edicions 62 de 1984; no sobra explicitarlo porque la obra de Carner, sometida como se sabe a
una estricta revisión por parte del mismo autor, no ha estado exenta de polémicas y discusiones entre teóricos,
editores y poetas que han generado una serie de valoraciones y argumentos (hay que decir que algunos más acertados que otros),
que hacen todavía hoy de Josep Carner uno de los poetas más leídos, pero también a menudo más mal entendidos de nuestra
literatura. El cor quiet en la edición de Poesía de 1957 será Cor quiet (La inútil ofrena
será allí Ofrena,) y los veintitrés libros que Carner publicó con anterioridad a 1957 se reducirán a trece títulos;
o, mejor dicho: los novecientos noventinueve poemas que Carner había publicado en cincuenta años pasan a ser en
Poesía ochocientos cincuenta agrupados en trece secciones, y hay que señalar que entre estos últimos definitivos
Carner sacó un puñado de sus libros anteriores y añadió un buen número de nuevos).
En Cor quiet (1957) hay setenticinco poemas, mientras que en El cor quiet (1925/1984) habían ochentitrés,
y, más todavía, los que aquí se conservan aparecen bastante o muy cambiados, y no se respeta ni el orden de la edición
primigenia, ni aparecen tampoco en esta las cinco secciones que estructuraban la edición de 1925. Personalmente creo que
la elección de Guillén, al servirse de la edición de 1925, es completamente acertada y coherente, porque entrar en el volumen
Poesía de 1957 tiene que ser una tarea distinta, esta sí totalmente carneriana, para cuya realización tendría
que contarse con un apartado crítico y diacrónico de la obra de Carner. Toda una empresa distinta, ciertamente también
hiperbólica.
Serenidad o El corazón en calma: aquí la apreciación titular es mucho más sutil de lo que
parece. El valor participial de “quiet” en catalán no se corresponde, en este caso, a su equivalente en castellano
“quieto”; no hubiera funcionado un literal “El corazón quieto”, porque aquello que quiere expresar el original
no es el sentido de una cosa detenida; no hay inmovilidad en el participio del título original: más bien,
y eso se constata con la lectura del libro, lo que quiere expresar Carner es una reflexión introspectiva,
algunas veces hermética y otras tenebrosa o fantasmagórica, desde la visión que le proporciona una cierta
madurez y su estabilidad personal y familiar.
“Serenidad” pues, y calma; una calma que encuentra su habitat idóneo en la noche,
en “les nits”/ “las noches” que es el título de la primera sección del libro. Y nos encontramos con
un Carner oscuro, dubitativo pero a la vez extrañamente sereno, ávido de traspasar la región de la razón y en
constante diálogo solipsista, aferrándose a una fe más humana que divina y guiándose en la oscuridad por señales de
campo externo e indicios de su magín o del sueño. No estamos ante el Carner de Los frutos sabrosos o
del de Retablos y abanicos, al menos no en esta sección del libro; la complacencia novecentista, los escenarios
idílicos y las adolescentes vírgenes que reafirmaban la pureza del poeta se cubren de simbolismo y parece que toman el
camino de la bajada: el descenso a que nos tenían acostumbrados los románticos o los prerrafaelitas (¡¡¡y los modernistas!!!).
Y aquí Orlando Guillén es un poeta que traduce al poeta; entra en Carner y entra en la lengua de Carner, pone su sabiduría
y su genio al servicio de la sabiduría y el genio de Carner, y, claro está, la energía sube y sube, el verso fluye y fluye,
su sentido lo borda y la forma la subordina al significado; la subordina pero la suple con forma y ritmo interno, que es
lo importante, y más todavía en una traducción; y puede prescindir de la cuidadosa rima de Carner, y el texto ni se queja;
quiero decir el texto castellano o mexicano, evidentemente.
Parece que Carner retoma en esta primera parte de El cor quiet aquellos motivos que
ya insinuaba en el último soneto de La inútil ofrena (en la edición de 1924) “Dos amantes”, motivos que Guillén
señala en su introducció a Doce poetas catalanes...; allí dice: “...su rastreo furtivo heterodoxo al reto de
la noche y su videncia poéticos se presentan como obra de sueño, de fiebre, de locura y de miedo a lo desconocido como
reclamo de la oscuridad; su (`recto´) juicio católico se ha descarriado de grey, extraviado por la ramal torcida de
la poesía”. Es como si aquel escenario misterioso y enigmático de los “dos amantes a la orilla de la mar en pena”
a quienes “la noche sin estrellas engulló sus fantasmas”, trasladase su atmósfera a estos primeros poemas de
El cor quiet con el propósito de situarnos frente al Carner más metafísico e introspectivo, quizá un
adelanto del poeta de Nabí de 1941 (Edicions de la Revista de Catalunya, Buenos Aires).
Y la lectura de la traducción de Guillén de esta primera parte “Las noches”,
en un primer vistazo nos trae a la mente al A. Machado más bergsoniano y también al primer Vallejo de
Los heraldos negros (1918); autores contemporáneos de Carner, y con similitudes, creo, más que evidentes
pero poco subrayadas todavía por los estudiosos.
Por eso es que estos versos de “Les nits” están plenos de interrogantes, literalmente hablando, que llenan el
pensamiento del poeta de dudas, visiones y espectros, tedios introspectivos y escasas respuestas, a no ser que
entendamos la poesia como respuesta por sí misma: “La mata de la poesía metafísica indagatoria de Josep Carner es
luz de sombra sesgada y actora contemplación instrumental de ubicuidad, abandonada un relámpago para ser en el vacío”
dice Guillén en su introducción. La madre loca del poema “Nit de Sant Joan”/ “Noche de San Juan”,
nos deja perplejos e inquietos; “Aquesta nit de Sant Joan l’abranda/ més que cap altra nit”.
(“Esta noche de San Juan la excita y prende/ como ninguna otra”); y al final la loca de claras
reminiscencias bodelerianas “es bada tota al vent./ Estranyament oferta,/ és un aspi d’horror:/ diu, de l’infern a
les mateixes ribes,/ amb profètiques ires venjatives,/ el mal nom del’amor” (“se ancha entera al viento./
Extrañamente así ofrendada/ es una aspa de horror:/ en las orillas mismas del infierno/ con proféticas iras
vengativas grita/ el alias, el apodo del amor”).
El castellano de Guillén al servicio de Carner transporta el poema, humildemente lo recrea, no se aparta de la idea
original ni del artificio lírico que lo jusitifica. Veamos otros versos que interpelan la idea central del poema
“Perdut en mon jardí”/ “Perdido en mi jardín”: “És potser la follia qui em voreja?/ Quin instint matusser
s’abranda en mi?/ Ma idea barboteja, barboteja/ i no pot arribar-se a confegir” (“¿Es acaso la locura que me cerca?/
¿Qué instinto grosero se enciende en mí?/ Mi idea farfulla, silabea,/ y no se alcanza a expresar”.);
ante la reiteración enfática con que Carner refuerza el balbuceo de su pensamiento (“Ma idea barboteja, barboteja”),
Guillén aporta una solución lexical (“Mi idea farfulla, silabea”) y en ningún momento el texto se tambalea:
por el contrario, acomoda la lectura castellana sin apartarse del sentido del verso. Algo semejante nos encontramos en
“Corrandes d’una pluja a la nit” (“Coplillas y baile de la lluvia en la noche”), aunque aquí, y debido al
origen popular de la estrofa –muy extendida en la lírica popular mallorquina-, el traductor opta por una solución literal
y compensa su estrofismo con un lenguaje directo y de resonancias coloquiales:
“Tothom reposa en son llit/ sinó jo que vetllo encara”
(“Todo mundo descansa en su cama/ menos yo: en vela todavía”).
En “El somni del destriament” el título castellano será “El sueño de la separación”, y es que en este
impresionante poema, que en Poesía Carner incluirá en la sección Ofrena
(sería necesario emprender las dos lecturas paralelas de la obra carneriana si se quisieran encontrar nuevos significados
a los poemas), el amor, el adulterio y la culpa se ven resueltos de una manera violenta dentro de un mundo onírico y
casi delirante, al que quizá la palabra “separación” se aviene mejor con el original que no “columbramiento”, “distinción”,
o “discernimiento” que serían soluciones correctas pero tal vez no igualmente definitorias.
Debo añadir que Guillén propone en su introducción diferentes lecturas de este poema “a partir de la culpa original,
el ser dual o la dualidad de ser o incluso la propia poesía”, decantándose por una en la cual
“la materia del poema puede leerse como alegoría de adulterio y absolución en la forma del amor humano frente al divino”.
Una vez más el poeta Guillén se injerta en el brote carneriano y codo a codo con el original con él se alza admirablemente
en la traducción de este poema difícil y turbador de El cor quiet/ Serenidad o El corazón en calma.
Y queda todavía un último apunte de esta primera sección del libro “Les nits”/ “Las noches”: el último poema,
“El beat supervivent” es traducido como “El feliz sobreviviente”; y es que en este poema, el más narrativo
de la sección y quizá del libro, este “beat” [beato, o feliz] percibe tranquilamente la soledad
doméstica de la noche, sobrevive al descanso de su familia, y la memoria lo toma cautivo en la oscuridad de
la madrugada con su lamento por el presente y la incertidumbre del futuro.
Así el poema acaba con un quinteto separado del cuerpo central que contiene algunos de los versos más definitivos y
contundentes de la poesía de Josep Carner; la traducció mexicana de Orlando Guillén nos los da así:
“Ya dieron la doce. Las cosas lo proclaman./ La luz amiga se vuelve indiferente./ Abro la puerta.
Hacia la oscuridad/ camino lento, con miedo a profanar,/ porque la noche es como la muerte un ser viviente”.
La segunda sección de El cor quiet, “Els Arbres”/ “Los árboles” consta de siete poemas
en los que el árbol, tal como lo afirma Lluís Calderer “no es propiamente un tema sino, más bien, un pretexto temático”;
con la personificación y la localización geográfica (Cataluña, Francia, Italia, América, Sarrià...) de los árboles
que intitulan los poemas, Carner escribe sobre el paisaje que lo rodea, sobre la gente de estos paisajes o sobre la
muerte, como en el final de “Los cocoteros de Macuto”. La temática de esta sección nos permite acercar a Carner a
otro poeta contemporáneo suyo, Juan Ramón Jiménez; viene al caso recordar que Joan Ferraté, lector, estudioso y
crítico de la obra de Carner, en un artículo que se titula “Carner y la poesía catalana”, de 1953, incluido
en el libro Papeles sobre Josep Carner (Empúries, 1994), establece un paralelismo entre el poeta catalán y el
de Moguer, sobre todo por la manera en que ambos abrirán caminos en la poesía immediatamente posterior a ellos, y
también por lo que toca a una mala lectura y recepción de sus obras por parte de la crítica. La cercanía con
Juan Ramón Jiménez se vuelve todavía más evidente cuando leemos esta traducción de Carner al mexicano;
el inquieto o el curioso, tal vez el incrédulo, pueden divertirse, si de ello tienen ganas, echándole
una mirada a los poemas núm. 6 y 7 del libro La soledad sonora (1911) del poeta andaluz.
El primer poema de esta segunda parte “Els nostres pins”/ “Nuestros pinos” no puede dejar de recordárnoslo,
así sólo fuese por la coincidencia anafórica entre els versos de las primeras estrofas de “Els nostres pins”
(“Salut, oh pi de la terra eixuta// Salut, oh pi de la carena”) “Nuestros pinos”
(“Salud, oh pino de la tierra seca// Salud, oh pino de la montaña”) con los primeros versos de
las últimas estrofas de otro poema de Carner “El dia revolt”/ “El día revuelto”, de la sección “Lugar”,
Poesía (1957), (“Salut a la tendra donzella// Salut a la vida del fons de la força infinita”)
(Salud a la tierna doncella// Salud a la vida en el fondo de su fuerza infinita);
poema que Guillén también incluye traducido en su Apéndice de varia intención, y del cual es posible escuchar
una emocionante lectura del propio Carner en un registro grabado en
Bruselas en 1963 y editado en el disco compacto “La veu dels poetes”, PDI, Barcelona, 1993.
Todavía refiriéndonos a esta segunda sección, puede observarse que Guillén se toma la licencia de desmontar la primera
estrofa carneriana de “Els ametllers de Sarrià”/ “Los almendros de Sarrià”, claramente construida sobre
un largo hipérbaton, y que de esta manera el texto castellano sale beneficiado, así sea creando otro hipérbaton:
“Ja que el gener és tan clar,/ deixeu-me ara cantar, /amb veu molt pia, /dels ametllers que hi ha/ perduts per Sarrià/
la lletania” (“Ya que está tan claro enero/ dejadme ahora cantar/ la letanía/ de los almendros/ perdidos allá en
Sarrià./ Con voz piadosa la cantaré”). Por otro lado el uso en esta sección de un léxico específico
del mundo vegetal y del mundo rural da la oportunidad a Guillén de incluir en su traducción palabras mexicanas o
marcadamente transoceánicas; así la “atzavara” se traduce por “maguey”,
la “masia” es “la casa ranchera”, la “quintana” “el corralón”,
els versos de “El fruiterar florit” “Enllà una donzella espera/ d’algun xiuxiueig el so” quedan como
“Más allá una doncella espera/ el bisbís de algún cuchicheo”, o, “Presseguer florit”
se convierte en “Durazno florido”.
“Les estampes”/ “Las estampas”, la tercera sección de El cor quiet, es la más extensa del libro
y comienza con un poema titulado “Venus”, de aires claramente novecentistas, donde la belleza de una mujer desnuda en
una playa, que un Carner clasicistizante identifica con Venus, traza el contenido estético del poema. Guillén traduce
la primera estrofa sirviéndose de una elipsis verbal: “És el cel com una seda, /és el mar com un mirall./ Venus va per la
pineda/ a la cala, rost avall” (“El cielo como una seda/ y como un espejo el mar./ Venus va por el pinar/
de la cala, pendiente abajo”). Toda esta sección está marcada por la presencia de la casa y de su entorno
placentero, y en algunos poemas se retoman temas que ya aparecían en “Les nits”, la primera parte del libro;
la duda, la nostalgia, el delirio (más o menos mesurado), o la invocación retórica son allí frecuentes; en este aspecto
destacan dos poemas: “El retorn al poble”/ “El retorno al pueblo”, clara referencia a su nostalgia y
sentida invocación a los orígenes: “M’hagués llevat l’esguard una espasa roenta/ jo reconeixeria, encara, poble meu,/
tes cases, per l’olor de l’encens la de Déu/ i la del moliner per una olor de menta,/ i per l’olor del pa sabria quina és/
la casa de cada un dels tres flequers” (“Si me hubiera arrancado la vista una espada encendida/ todavía
reconocería yo, pueblo mío,/ tus casas: la de Dios por el olor del incienso/ y la del molinero por el olor de la
yerbabuena,/ y por el olor del pan sabría cuál es la de cada uno/ de los tres panaderos”); el otro poema
es “Arts de bruixeria”/ “Artes de brujería”, donde el pretexto de un candente crepúsculo
es el comienzo de unos extraños augurios: “L’aigua em fa por, botzina que botzina./ Oh qui sap quines coses endevina,/
dardant l’esguard, en aquest trist moment [...]” (“Y rezonga que te rezonga el agua me da miedo./
Ah, ¡quién sabe qué cosas presiente,/ saeteante la mirada, en este triste momento [...]”), sólo para acabar
en la certeza cotidiana de un ocaso selecto: “Veig l’ull negre de l’aigua entre les branques./ El dia, que té encar
espatlles blanques, / mig cos enfonsa en el xipoll nocturn”/ “Veo el ojo negro del agua entre las ramas./
El día que tiene todavía las espaldas blancas/ hunde medio cuerpo en el charco nocturno”.
Carner sorprende en estos poemas, dirige guiños constantes al lector y depura la “fina ironía” de libros anteriores
aportando ahora un pensamiento más subjetivo. Es en esta tercera sección donde los poemas de Carner se elevan y se
mantienen sin ningún lastre ni fisura; y la traducción de Guillén allí se encuentra: no hay dubitación ni desacompasamiento;
no hay complejos ante poemas como “Porta d’hostal”/ “Puerta de mesón”, “Humil”/ “Humilde”
o “Festeig dominical”/ “Cortejo amoroso dominical”, poemas que se salen de los mal creados tópicos
carnerianos para plantear una poesía clara y contundente, no sin dificultades estilísticas y gramaticales, a la que la
traducción mexicana da acabado admirablemente; véase si no “Aparador de Joguines”/ “Aparador de juguetes”.
Llegados a este punto, el libro de Carner está immerso en un mundo y un estilo que difícilmente dejan indiferente al
lector conspicuo, sin excusas para los apriorismos historicistas y las comparaciones presuntuosas y acicaladas;
tanto el lector catalán como el hispánico se encuentran ante una obra literaria de primera magnitud: es así como ha de
decirse.
Y se podria seguir hablando de esta traducción de El cor quiet, que todavía tiene dos partes o secciones más. “
Les adreces”/ “Las dedicatorias”, donde ni la obra ni la tradución decaen, pese, ahora sí, a la
objetividad y la circunstancialidad de los temas (el título es en este sentido esclarecedor); y
la última parte, “L’assenyament”, que Guillén traduce como “La sensatez”, con poemas
como “Una casa tancada”/ “Una casa cerrada”, que puede recordar “Casa que fou de pescadors” de
la sección de “Estampes” en un sentido, sin embargo, inverso o incluso trágico; el “Poema de la contrarietat”/
“Poema de la contrariedad”, en el que Guillén resuelve magistralmente las cuartetas hexasilábicas del poema:
“Te n’has sentit de totes,/ oh Contrarietat,/ tu que la troca embulles/ i trenques el filat,”
(“Te han dicho hasta la despedida/ oh Contrariedad,/ a ti que la madeja enredas/ y rompes el tejido”);
“L’home que fa giravoltar l’espasa”/ “El hombre que remolinea la espada”; o el impresionante
“El castell de l’oblit”/ “El castillo del olvido”, que cierra el libro con un “Oblit”/
“Olvido” con mayúsculas que hace decir al poeta, y al traductor, en el último terceto :
“-Només sent un bàtec d’eixes estàtues,/ qui tot dret, sense anells ni plomes fàtues,/ puja amb l’ombra gegant de son
menyspreu.”/ “-Sólo escucha el latido de esas estatuas/ quien, de pie, sin anillos ni fatuas plumas,/
sube bajo la sombra gigante de su desprecio”.
La tradución de El cor quiet que ha realizado Orlando Guillén en Doce poetas catalanes del siglo XX con
Tres Añadiduras y un Apéndice de varia intención, su libro de libros, la hemos de considerar modélica en todos
los sentidos. Concientes de la dificultad que puede envolver la obra de Carner, y viendo también que el libro que aquí
nos ocupa fue publicado ya hace más de ochenta años, y que el lenguaje evoluciona ineluctablemente, cabría pensar que hoy
la lectura de una Obra como El cor quiet habría de presentar no pocas dificultades, para no ir muy lejos al neófito
en literatura catalana y en la obra de Josep Carner. Creo que esta traducción al mexicano de El cor quiet
no nada más permitirá descubrir tan alta literatura a los lectores hispánicos, sino ayudará y complementará la lectura
y su recepción al avesado lector catalán. Ya se dijo en su momento a propósito de las traducciones que Carner realizó
de Dickens, que leerlas era como leer a Dickens y a Carner a la vez; pues con la traducción de Orlando Guillén
ocurre exactamente la misma cosa. Carner es el poeta traducido por el poeta Guillén y Carner es también, ahora,
el traductor traducido. La traducció de este Carner a la lengua de las Américas y de las Castillas, no hace
sino acrecentar el nombre de Carner; y es que un poeta tan grande, tan importante, necesitaba de esta lengua mexicana
para ser leído con toda la dignidad que se merece en castellano, y no sólo por su conocida vinculación con México sino
también porque Josep Carner escribía un castellano altísimo, tanto como altísimo era su conocimiento de aquella literatura;
su magisterio en los poetas catalanes posteriores ha sido definitivo, y a partir de esta traducción los lectores castellanos
podrán también enriquecer su bagaje espiritual y gozar de un poeta que les será mucho más cercano de lo que se imaginan.
No me queda nada más que añadir sobre la traducción de Serenidad o El corazón en calma, sólo que ya somos muchos
los que vamos conociendo cada vez más esta audaz, incomparable y sin antecedentes obra de Orlando Guillén, quien a ella ha
dedicado una buena parte de su vida los últimos veinticinco años; y que, poco a poco, también vamos teniendo información
sobre la obra poética y literaria de este autor mexicano establecido en Barcelona. Tanto los avatares extrapoéticos y
políticos que han rodeado la traducción, como la situación actual con acontecimientos próximos como la Feria Internacional
de Frankfurt 2007, donde, como todo mundo sabe, la cultura y la literatura catalanas son las convidadas de honor; por todo eso,
digo, y por todo lo que significa y significará esta traducción, ahora sí que es ya totalmente imprescindible la publicación
de esta obra esencial para entender (y leer) la poesía catalana del último siglo que, como dice Enric Casasses, es tal vez
el verdadero siglo de oro de la literatura catalana.
Esta obra de Orlando Guillén, Doce poetas catalanes del siglo XX (Guerau de Liost, Josep Carner,
Carles Riba, Joan Salvat-Papasseit, J.V. Foix, Pere Quart, Agustí Bartra, Salvador Espriu, Joan Vinyoli, Joan Brossa,
Gabriel Ferrater, Vicent Andrés Estellés) con Tres Añadiduras (Maria-Antònia Salvà, Clementina Arderiu,
Rosa Leveroni) y un Apéndice de varia intención, con un Epílogo de Enric
Casasses, es una gran, grandísima ventana para dar a conocer la poesía contemporánea y por extensión la literatura
catalana al mundo en la versión castellana de uno de los grandes poetas vivos de esta lengua.
De com i perquè Orlando Guillén transparenta
les Cròniques de l’ultrason de J. V. Foix
convertint-les en les Crónicas del ultrasueño
Marc Romera
[Anàlisi de l’obra de J. V. Foix dins de “Doce poetas catalanes del Siglo XX con Tres
Añadiduras y un Apéndice de Varia Intención”, d’Orlando Guillén, encara inèdit]
Sobta, a voltes, constatar com, tants anys després d’haver escrit i publicat les proses poètiques que constitueixen Gertrudis
(1918), i, tractant-se d’una obra ja pràcticament de comiat o de testament literari, J. V. Foix dicti els poemes de
Les cròniques de l’ultrason (1985) i hi destil•li un llenguatge, un estil i una mateixa intenció estètica. Es podria parlar
d’un cas de persistència i fidelitat creativa, però també, potser, si ens situem en el moment de la creació de Gertrudis,
d’un cas d’extrema maduresa i clarividència literària, d’un haver arribat a la conclusió final en una primera etapa
d’especulació i aprenentatge. Quasi setanta anys d’evolució artística que persisteix en un mateix llenguatge i en unes
molt poc variades dispersions creatives fan de l’obra foixiana un cas especial i únic de fidelitat i coherència amb
el posicionament inicial. No és d’estranyar, doncs, que el llibre comenci amb una suposada carta (¿Què us podria dir...?
-¿Qué os podría decir...?, en versió d’Orlando Guillén) en la qual el primer personatge que apareix al costat de la veu del
poeta és, precisament, Gertrudis. I apareix precisament, seixanta-set anys després, en un text que és alhora poema en prosa,
i posicionament poètic. És a dir, J. V. Foix ens transmet el seu testament poètic, que remet inconfusiblement,
malgrat els detalls que s’han anat perfilant, als orígens, i ho fa utilitzant el personatge on es recolzaven aquests orígens.
Però quina és aquesta voluntat poètica? Evidentment, Gertrudis és aprofitada per preguntar a la veu del poeta quin és el
seu concepte de versificació perquè no li queda clar si allò que fa Foix és poesia. La resposta del poeta sembla clara i,
essent la que dóna al final del seu trajecte, podria ben bé ser la que hagués donat quan va crear Gertrudis:
“Vaig contestar-li que jo em proposava d’anar més enllà. I, amb mots malgirbats, vaig afegir que jo creia fer ‘versos’
en prosa” (que en la traducció de Guillén es converteix en: “Le contesté que lo que yo me proponía era ir mucho más lejos.
Y con palabras mal hilvanadas añadí que yo estaba seguro de hacer ‘versos’ en prosa”). I el poeta afegeix, quasi en clau
de manifest, que ja és hora “d’expressar ensems el fet i les seves clivelles amb mots regalimants en esprémer-los per heure’n
llur pròpia substància” (“de expresar a un mismo tiempo el asunto y sus hendiduras, con palabras chorreantes exprimidas
para sacarles su propia sustancia”). El fet i les seves clivelles! ¿No és això el desdoblament del real a partir d’un
objecte artificial o fantasiós que ja era el desencadenant dels textos de Gertrudis o de Krtu? Aquesta mena de coses
estranyes, com els bonys que, en el precís moment fugaç en què s’aixeca el vel del son, apareixen en un terrat i que
espanten la gent del poble fins que el bony desapareix, no són més que la reaparició, o l’aparició que no ha deixat
d’aparèixer en l’obra foixiana, d’aquella Realitat del Real que es pot copsar a través dels simulacres o de les aparences en
l’instant en què s’aixeca aquest vel del son que no és més que el món de les opinions admeses tot d’una, sense atenció o
racionalització, i que converteix la tasca del poeta en un deixar constància d’aquesta realitat absoluta en què s’acaba
convertint la “crònica de l’ultrason”. Curiosament, doncs, malgrat certs detalls evolutius, el desencadenament poètic
és exactament el mateix en el Foix nonagenari que en el de vint-i-cin anys.
Tot això ens hauria de servir per entendre els motius que haurà tingut Orlando Guillén per escollir precisament
aquest llibre de J. V. Foix com a representació de la seva obra. Tenint en compte que Cròniques de l’ultrason és un
llibre dictat, donat que Foix ja havia quasi perdut la vista -i això pot ser un dels motius que en el seu prosificar
desapareguin els rastres de mètrica que anterioment es dissimulava en les seves proses-, podríem dir que el ritme o
la cadència, la música, no acaba de ser la mateixa que en la resta de la seva obra. Potser, com assenyala Martí de
Riquer, en aquest sentit aquests poemes s’assemblen, més que a cap altra cosa, als llarguíssims títols que acompanyen
una bona part de la seva obra en vers. Però deixant de banda aquesta característica formal, que permet una llibertat o
un relaxament a l’hora de traduir, podem dir que l’encert de l’elecció rau en què Guillén opta per traduir el veritable
testament poètic de l’autor, un testament, a més, que és fidel, com hem vist, i per tant representatiu, i alhora sentenciatiu,
de tota l’obra anterior. Així doncs, malgrat no ser la seva obra més coneguda -suposem que l’elecció més normal hagués estat
el Sol, i de dol, el primer poema del qual el podem trobar virtuosament traduït al Apéndice de varia intención (Solo, y de
duelo, y con vetusta saya)-, sí que podem considerar, tenint en compte, fins i tot, el posicionament del text inicial,
que en pot ser la més representativa, perquè és la que posa un punt i final, juntament amb L’estació, que fixa els
paràmetres de l’obra foixiana convertint-la en una de les més coherents i concentrades de la lírica catalana del segle XX,
com també ho podria ser la de Salvat-Papasseit, que curiosament va ser l’altre poeta que va saber o pretendre unir modernitat
amb tradició, tot i que la seva curta vida podria ser la causa d’aquesta unitat, tot el contrari d’aquest Foix nonagenari
i quasi cec que segueix fidel a la seva elecció de camins subterranis per fer percebre la mentida com a mentida i
convertir-ho en la tasca fonamental del poeta, que ha de ser l’encarregat, el vigia, de mantenir el poble despert perquè
la veritat, que apareix en aquests instants únics, pugui ser percebuda i fixada. La seva tasca, l’objectiu d’aquestes
Cròniques de l’ultrason, és fer-ne, precisament, la crònica perquè se’n guardi la memòria, la qual cosa és essencial
perquè cadascú i cada cosa restin fidels a allò que són, sense concessions a la mística i a les deformacions del son,
mantenint, d’aquesta manera, la diginitat del ser, la de la humanitat i la del poeta.
I resulta que aquesta tasca del poeta ha caigut en mans d’un altre poeta. No d’un artesà del vers que en podria haver més
o menys endevinat la intenció traspassant-la al castellà, sinó d’un creador. Perquè en mans d’Orlando Guillén els textos
de Foix sembla que es reinventin, que s’hagin tornat a escriure de nou, que siguin, malgrat l’absoluta fidelitat a l’original,
una nova creació poètica. Però una creació poètica que no només dóna la mesura exacta del que Foix transmet en català,
sinó que a més a més sap explicar el text i la intenció foixiana. Perquè l’aferrament de Foix al llenguatge cru i dur i
quasi estellós, aquesta mena de medievalisme que cercava en els seus versos i en el seu vocabulari i que era aquest
lligament que aconseguia entre la modernitat d’allò que pretenia transmetre i el medievalisme amb què, amb voluntat
de recuperació, volia acostar i alhora distanciar el lector, Orlando Guillén l’allunya del medievalisme que hagués donat un
to envellit a la traducció i, sense embellir-lo ni caure en manierismes innecessaris, i trobant solucions excel lents a les
dificultats d’alguns girs o expressions foixanes, aconsegueix que el text sigui alhora traducció i creació, i, a més,
actui com una llum clarificadora que permet acostar-se amb molta més simplicitat a aquesta obra que aparenta cripticisme
però que sota la il•luminació verbal d’Orlando Guillén esdevé transparent. Com els lloms aquells.
Ferrater en los «Doce Poetas» de Orlando Guillén
Jordi Cornudella
Los “Doce poetas catalanes del siglo XX” de Orlando Guillén no son una
selección de poemas como suelen serlo las antologías. Son una selección de libros. En esto hay implícita una
idea que los lectores (y no digamos los autores, si aquí estuvieran o desde donde estén) han de agradecer, o
como mínimo estar de acuerdo con ella. Porque lo que los poetas ofrecen a la buena gente para que se lo lleven
a casa o de paseo, lo que la buena gente compra en las librerías o toma de algún anaquel, lo que generalmente
leemos (o deberíamos leer), no son poemas sueltos sino libros que los autores han escrito enteros, han concebido
y han ordenado como conjuntos. Que el antólogo los preserve íntegros, pues, es una señal inequívoca de respeto
hacia las obras que ha decidido servir al lector. Claro está que fuera de las antologías la entidad de los libros
de poesía es un hecho común, pero igual de claro está que este hecho común adquiere una relevancia muy notoria en
el caso de Gabriel Ferrater, que tejió con cuidado extremo su sentido orgánico y vigiló minuciosamente
la apariencia corpórea de los tres volúmenes de versos que publicó -Da nuces pueris [Da nueces a los niños]
(1960), Menja’t una cama [Chúpate el dedo grande] (1962) y Teoria dels cossos [Teoría de los cuerpos] (1966)
- antes de refundirlos en un nuevo conjunto orgánico, Les dones i els dies [Las mujeres y los días] (1968),
tan tejido y vigilado como aquellos. Los lectores de Orlando Guillén lo podemos comprobar, ahora, fijándonos
en la arquitectura explícita de las tres partes de Teoría de los cuerpos y en la articulación sutil de
su despliegue temático y formal en Chúpate el dedo grande.
Que en el tronco central de sus “Doce poetas”, de entre los libros de Ferrater, Orlando Guillén haya puesto
precisamente Teoria del cossos me parece una decisión inobjetable. Todavía hoy, más de cuarenta años
después de salir por primera vez a encontrar lectores, es un libro que revela muy a las claras, con todo y
sus oscuridades, una contundencia angular, una altura de vértice. De inmediato adviertes que se trata de
aquello que los sirvientes del cliché llaman un hito decisivo, aunque no sepas muy bien de qué
(¿un hito de tu vida?, ¿de la poesía del autor?, ¿de la literatura autóctona?, ¿de la de más allá?).
Cuando un libro dice tanto, impone silencio. Al mismo Ferrater, en primer lugar (prácticamente no volvió a
escribir más versos), pero también a alguno más; por lo menos, a Joan Fuster, que en 1968 explicaba su renuncia
a publicar dos poemarios inéditos que tenía en el cajón, ante los cambios producidos en la poesia catalana
entonces reciente, en unos términos muy explícitos: “En estas circunstancias, mis últimas ilusiones ‘líricas’
habrían dado una impresión de cosa anacrónica, que no me veía con el ánimo de soportar. Y menos, después
de Menja’t una cama, i no digamos de Teoria dels cossos”. Leer este llibro de Ferrater
todavía hoy produce impacto. Y lo produce, también, en la versión de Orlando Guillén. Las razones de este
impacto son de órdenes muy diversas, pero (al menos tal como yo lo he recibido siempre) me parece que
provienen fundamentalmente de tres ámbits simultáneos: el contenido, el tono de la voz y la forma llamémos
le externa (naturalmente, la gracia está en que estos tres factores se presentan inseparables en la forma
digámosle interna de cada poema; pero ahora me dirijo hacia otro costado). Pongamos por ejemplo 21 versos
de los 1334 del “Poema inacabado”; conviene recordar, como todo lector del poema sabe, que estamos en septiembre
de 1961 y que Ferrater platica con una muchacha que entonces tiene poco más de veinte años, Helena, para
contarle cómo era la juventud de quienes, como el propio Ferrater, veinte años antes rondaban los veinte
(o pasaban poco de los treinta, en el caso de los padres de Helena):
A la vida autèntica, doncs,
ningú, ni els teus pares ni jo,
no li deixàvem agafar-se
els dits a gaires engranatges
del nostre país post-guerrer,
però ens esquitxàvem de fems.
Jo, que tenia el seny a dida,
t’he confessat que em convencia
allò del nou ordre europeu
i que vaig llançar marrameus
quan el Reich va ensenyar la panxa.
Anava servint a Barbastre,
i un coronel de cap més fluix
que el meu, i jo, fets un garbuix,
vam poder plorar la gran trompa
per la rendició teutona.
Vam barrejar vòmits al sol
i et dic que l’únic que no em dol
és d’haver vomitat. Tu jutja,
i no t’empesquis que ara en pugen
de gaire més llestos que jo.
El contenido se revela sin tropiezos: tanto la escena de cuando Ferrater cumplía la mili
en el Alto Aragón cuanto el sentido que cobra en su recuerdo al cabo de los años, dentro del contexto en el cual la emmarcan
los seis primeros versos. La dicción, muy limpia, no se aleja nada del tono coloquial; sólo, si acaso, en el verso “per
la rendició teutona”, donde tintinea su distanciamiento irónico en el énfasis del adjetivo final. Por su parte, el molde
formal de los octosílabos pareados en asonante no impone ningún sosonete al discurso, ni siquiera en los casos esporádicos
en que la rima se vuelve consonante: en conjunto queda voluntariamente atenuada, como en un segundo plano.
Ante la imposibilidad de conservar todos los elementos en el traspaso, Orlando Guillén ha tenido que escoger, como
cualquier traductor concienzudo: decidir qué sábanas no se podían perder en la lavada y resignarse a dejar escurrirse
el resto. Y, para mi gusto, ha hecho la mejor selección posible: se ha esforzado en preservar el contenido y, probando
siempre acertar en el tono de la voz, ha renunciado a forzarse dando equivalencias formales excesivamente estrictas
en sus versos castellanos:
A la vida auténtica, pues,
nadie, ni tus padres ni yo,
la dejábamos pillarse los dedos
en tantos engranajes
de nuestro país posguerrero,
pero nos salpicábamos de estiércol.
A mí, que tenía el coco lleno de musarañas,
ya te confesé que me convencía
aquello del nuevo orden europeo
y que pegué alaridos de gato
cuando el Reich enseñó la barriga.
Estaba de servicio en Barbastro,
y un coronel con más pájaros
en la cabeza que yo, y yo, hechos un lío,
pudimos llorar la gran borrachera
por la rendición teutona.
Unimos vómitos al sol, y déjame decirte
que lo único que no me duele
es haber vomitado. Tú juzga,
y ni se te ocurra que ahora crecen
otros mucho más listos que yo.
Liberado de servidumbres formales demasiado severas, el castellano de Orlando Guillén da con precisión tanto el sentido
cuanto el tono del discurso ferrateriano; por tanto, en servicio a sus lectores, sin distorsiones añadidas, lo que allí
es más esencial. En este orden de consideraciones, resulta aleccionadora la comparación con otra versión castellana
del “Poema inacabat”, la de Joan Margarit y Pere Rovira; aquesta otra versión parte del criterio de mantener los pareados
de rima asonante (por más que, en contra de la regularidad del poema catalán, el castellano de estos dos alterna
indiscriminadamente versos de siete y de ocho sílabas –octosílabos y eneasílabos):
A la vida auténtica, sabes,
ni tus padres ni yo, nadie,
le dejábamos pillarse
los dedos en los engranajes
de nuestro país post-guerrero,
mas nos salpicaba el estiércol.
Yo, que estaba entonces en Babia,
te he confesado que aceptaba
lo del nuevo orden europeo
y que rabié igual que un perro
el día que al Reich tumbaron.
Hacía la mili en Barbastro,
y con un coronel más ido
que yo, hechos ambos un lío,
pude llorar la gran trompa
por la rendición teutona.
Al sol mezclamos nuestros vómitos,
y, de aquel asunto, tan sólo
el vómito hoy no me pesa.
Tú juzga, y no te me creas
que son más listos los que hoy crecen.
La sujección formal al metro y al esquema de rimas lleva a los traductores a incorporar a su texto bastantes soluciones
que distorsionan el tono del original. Admiten sustituciones como sabes en lugar del esperable pues en el primer verso,
como aceptaba (“lo del nuevo orden europeo”) en lugar de me convencía, o como rabié como un perro en lugar de los alaridos
de gato del original, y admiten la añadidura del sintagma expletivo de aquel asunto donde debería ser “te digo”
(o “déjame decirte”, como propone Orlando Guillén); adoptan inversiones como la del segundo verso y se sirven de términos
puramente literarios en lugar de los neutros o familiares del original (como el adversativo mas en lugar de pero); o,
en fin, aceptan formas de hipérbaton completamente extrañas al tono del original (como “el día que al Reich tumbaron” o
“Al sol mezclamos nuestros vómitos”). Nada de eso, en cambio, obsta la versión de Orlando Guillén, y sus lectores
lo agradecerán.
Respecto a los dos libros que Gabriel Ferrater había publicado anteriormente, Teoria dels cossos aporta dos novedades
destacables en su trabajo formal: el uso de un estrofismo regular en la mayoría de poemas del libro y la adopción
generalizada de la rima asonante (una rima mucho más inusual, hay que decirlo, y por tanto mucho más sorprendente,
en la poesía catalana de los años sesenta que en la poesía castellana de entonces). Es sólo en este sentido que la
opción de renunciar a dar equivalencias de metro y rima para poder preservar con exactitud el sentido y el tono —una
opción tomada a conciencia por Orlando Guillén—, defendible como es, puede dejar un punto de pesar al lector que acude
a su castellano conociendo previamente el catalán de Ferrater. Este posible pesar, sin embargo, se desvanecerá del todo
cuando, en el apéndice, este mismo lector lea la traducción, espléndidamente conseguida, de Menja’t una cama.
Como todos los catalanoparlantes saben, la frase del título es la respuesta tradicional a la afirmación “Tinc gana”;
y Chúpate el dedo grande es, de la misma manera, la respuesta mexicana a “Tengo hambre”. El acierto en la traducción
del título se repite generosamente en los 31 poemas del libro y los dos más que sirven de epígrafes inicial y final.
Por tanto, la idea que se harán de la poesía de Gabriel Ferrater los lectores de Orlando Guillén, de sus Doce poetas
catalanes del siglo XX, será, a fin de cuentas, una idea precisa de los valores que hacen que el
autor de Les dones i els dies, siendo como era en buena medida un outsider respecto a la tradición catalana de su
tiempo, haya acabado siendo un punto de referencia fundamental en la tradición posterior, gracias a poemas tan buenos
como “Cambra de la tardor”. Y tan bien traducidos:
HABITACIÓN DE OTOÑO
La persiana, no cerrada del todo, como
un espanto que se retiene de caer por tierra,
no nos separa del aire. Mira: se abren
treintaysiete horizontes rectos y delgados,
pero los olvida el corazón. Sin nostalgia
se nos va muriendo esa luz que fuera color
de miel y ahora es del color del olor de la manzana.
Qué lento el mundo, qué lento el mundo, qué lento
el dolor por las horas que se van
de prisa. Dime, ¿te acordarás
de esta habitación?
“La quiero mucho.
Aquellas voces de obreros... ¿Qué son?”
Albañiles:
falta una casa en esta manzana.
“Cantan,
pero hoy no los escucho. Gritan, ríen,
y que callen hoy me parece muy raro”.
Qué lentas
las hojas rojas de sus voces, qué inciertas
cuando acuden a taparnos. Adormecidas,
las hojas de mis besos van cubriendo
los escondrijos de tu cuerpo, y mientras olvidas
las hojas altas del verano, los días
abiertos y sin besos, desde lo más hondo
recuerda el cuerpo: todavía
la mitad de tu piel tienes del sol; la otra mitad de la luna.
Antianàlisi de la traducció brossiana
de poemes de Joan Brossa feta
per Orlando Guillén
Carles Hac Mor
Dictada la trampa, feta la feta, amb festa i retalls i afegitons, com cal:
posem-hi que per la lectura hacmoriana de la traducció brossiana de poemes de Brossa feta per Orlando Guillen,
hi baixa una torrentada, i afegim-hi que el torrent, sense deixar de ser torrent, es converteix en un tigre,
i que el tigre, sense deixar de ser tigre, es transforma en un geni que acaba de sortir d’una llanterna màgica;
i ara el tigre salta per damunt del torrent, i de seguida el geni trasmuda el torrent en un jardi tropical;
i totes quatre coses, jardí, tigre, geni i llanterna màgica, es tornen un grop que, en una badia, fa que
hi brollin set mànegues marines que, després d’anar d’ací d’allà, es congrien en una de sola que va i xucla
tot aquell torrent. L’endemà fa un dia esplèndid, i tanmateix, al capvespre, torna a baixar la torrentada cap a
la badia. Ordre i puresa? Ben segur que sí. El xoc entre les colors (en femení) i les geometries no és pas cridaner.
¿Amaga, però, alguna cosa, aquesta parsimònia? ¿I és en l’ocultació, on rau la clau? La clau que rau en què?
Allò que diu és evident que ho diu? I qui ho diu? I què diu? Diu tot el que no diu. I naturalment, allò que no
diu tampoc no ho diu. Aquesta és la seva puixança noètica, que no és pas com la de la badia, que es manifesta
en la seva materialitat, sense cap al•legoria ni mitja, amb rotunditat suau, i amb sornegueria, com qui no diu
res perquè més val no dir res. I talment el tigre acaba afirmant moltíssimes coses, sense referir-s’hi, és clar,
ja que el paisatge que l'envolta ha estat retocat, i el paisatge ja retocat es va assemblant més i més al paisatge
d'abans de ser retocat; és més hermètic que quan jo el veia sense retocar: ja és una causa esdevinguda cosa
perquè vol ser causa de les coses. I a l’acte el paisatge es personifica en una dona de tres edats asseguda
en un turó simètric com una ema amb un riu d'axiomes bel•licistes que és afluent d'un altre riu, que,
al seu torn, aflueix hipotèticament en una teosofia abocada a l'ateisme i que es va expandint per mà d'heretgies
que acaben fent cap a una quotidianitat que, exposada al ras, ja no s’escriu, hi és i prou, en aquest aire
lliure que ho és tant, de lliure, que fins i tot fa l'efecte que les herbes hi enraonen, i allò que xiuxiuegen
s'hi mig plasma amb limpiditat, a l'airecel: la subtilesa feta niu, un niu a mitjanit i amb o sense lluna, o
en un migdia canicular. Aquí, tot el que és neutre passa directament a la tercera conjugació casolana, la qual
immediatament obstrueix allò conjugat per preservar un lirisme de ruixat: una dimensió enllestida amb enartament
rere la serp del pensament esperonat per l’agraïment diguem-ne de les pulsions escalfades al niu.
Fotografies de... No: fotografies amb... I fotografies sense... I, per damunt de tot, hi veig fotografies
i fotografies que vénen a ser com grafies de gestes gradiloqüents, congelades com totes les fotografies,
i encara una mica més. Perquè la cosa fotografiada i la manera de fotografiar-la fotografien, sens dubte,
el fotògraf, sense arribar al punt de l’autoretrat. El fotògraf va fent de model en cadascuna de les fotografies
en què ell, en persona, no hi surt. I és clar, en ser antiautoretrats, s’acosten a l’original, al fotograf
no fotografiat. Així, en qualsevol miracle hi ha una capa de fet quotidià, i, sota aquesta capa, hi bull una
rapsòdia, que abans del miracle no existia, tot i que la capa ja n'era pressentiment, de la rapsòdia,
com aquell qui diu. Sigui quin sigui el miracle, hi es subratllada la qualitat del fet que la rapsòdia és
posterior al miracle: una el•lipse per mirar de copsar com hi arrenca el bull. I les superfícies i els colors
i les colors, que diguéssim les coloraines, hi són indesconstruïbles, per bé que hi són; i ho dissimulen,
però s'alteren, i es mouen i es belluguen amb molta cura per tal d'anar construint com si allò que van construint
pogués ser desconstruït fins just abans de la fi de la seva reconstrucció després de l'enderroc. Dit altrament,
aquests constructors no tenen parents, no pertanyen a cap família, són relíquies picantones, escenografies per
a una universitat histriònica. Només una lectura que no tingués en compte la mobilitat interna d’aquestes
escenografies del teatre universal podria afirmar que són germanes les unes de les altres i cosines les altres de
les unes. Vistes des del record immediat, són contraparentes, apunts inefables de la visió directa, de què me'n
faig creus quan les torno a tenir davant. És a dir, desfalquen més que no cap familiar apòcrif que s’hi pugui
esquitllar, al despatx, per no ser despatxat de la feina. Enmig de tot de paperassa, entre munts de patracols
per emplenar, i amb un comentari força estrany, em sobten els personatges del passadís que és travessat per
aquests personatges del passadís travessat pels personatges del paradís casolà. I això no ho és pas tot, no.
Hi ha així mateix -si més no en corre la brama- unes corredisses cap a altres passadissos que ja han estat
deixats enrere pels masovers del traductor, que va plantant idees que creixen soles, i maduren, i aleshores ell
les entén. Això ho explica ell mateix, el traductor de l'art, que remarca, engrescadorament, que, de fet, no n’hi
ha cap, d’intenció, en allò que fa. I hi sobreafegeix que extreu coses amagades i que extracció, si es diu de
pressa, es pot confondre amb abstracció. Mentrestant, i a mesura que anem passant els fulls, als casalicis,
en llurs racons, el verdet en blanc i negre hi fa el pes, que vol dir que el pes s’acomoda a la llum que hi
penetra i que fa l’efecte que en surt. És una manera de donar entenent que, en adormir-nos, anem recordant allò,
ja llunyà, que hem somniat sobre alguna estampa obtinguda mitjançant el procediment més callantívol de la
videografia, tot un procés des de l’ull a la pantalla i al paper emulsionat. I tant que sí! I hi ha veneracions
verinoses com les del peix a l’aigua amb reflexs noucentistes i amb sinestèsia continguda pel concepte mateix
de contenció. És aleshores quan l’àugur avisa que l’harmonia hi pot ser esberlada perquè la inquietud del
manescal, i no pas del senescal, si canvia d'adreça, es pot revoltar contra la tensió i l’equilibri; i en
l'endemig els colors hi configuren mapes microscòpics ampliats per les colors, les quals, malgrat que provenen
de l’aquari de l’inconscient, poden passar al preconscient, i llavors ja les tenim al vivàrium, on els
significants, les turmes, contradiuen els significats, que no són pas conformats solament per la turma més
la color i el color, ans més aviat són dibuixats pel conjunt de tot plegat vist a través d’un telescopi
invertit a fi que, per dir-ho elegantment, l’espai ens pugui mirar als ulls. Les turmes, tot justet
aparentment amatòries -més ben dit, antagòniques entre si i ensems idèntiques segons com es llegeixin
(i aquest 'segons com' es contraposa al segon en què són llegides i a depèn de qui les llegeixi)-,
se sobreposen de la mateixa manera que una papallona transparent situada al defora del rectangle que potser
l’hauria d’enlluernar i que ultrapassa -no pas la papallona, sinó el defora esmentat- la transparència de
qualsevulla mirada que el vulgui encabir en un marc. Segurament costa d’entendre, i tanmateix és així.
I a l'acte, els mots i llur traducció s’hi intercanvien trets en llibertat que són rebuts amb eufòria pels
caçadors del vermell, del verd, del blanc, de les pedretes, de les joguines, etcètera. De tota manera,
com que allà, en aquells paratges no gens simptomàtics de res, no s’hi val a caçar, totes les insignificances
esquiven els caçadors bo i despullant-se i ensenyant llurs riqueses diàfanes. Ell, el traductor, advera -i
amb això diríeu que ja ho ha dit tot, i no és pas ben bé veritat- que la voluntat de descobrir em porta
cap a la llibertat d’interpretar. I aquesta és la porta que em caldrà interpretar per arribar a descobrir
que la voluntat em serà una nosa per trobar la llibertat. Em quedo, doncs, amb “la llibertat d’interpretar”.
I ben aviat tota la Història de la Poesia hi juxtaposa això: “més enllà de la memòria”. Sí, més ençà d’allò
viscut, hi ha allò desviscut, que contribueix a la llibertat d’interpretar-ho tot ad libitum, o sigui,
que em llança a la il•luminació. No, si ja ho deia jo -que diu algú- que jo, de tant llegir, arribaria a
dominar l'acció impensada com a motiu d’altres motius i d’altres dominis. La passió per la negació -aquesta,
aquesta passió concreta (sí, sí i mil vegades sí!)- ja va ser profetitzada per tots i cadascun dels artistes
del segle XX. El gest més premonitori, avui, equival a fer realitat l’auguri de l'impromptu. Hi ha moments en
què totes les hores de tots els temps conflueixen davant nostre en un angle on tots els angles del món també
s’hi avenen, a ser-hi, a la paret que evoca aquest espaitemps que assolim en un instant que es dilata com ho
fa la memòria quan conflueix amb el meu tempo particular i talment s’acorda al mal de ventre que em desperta
a la vigília dins el somni. Aquesta és la roda de la primera comunió a la caça de l’òliba amb un aparell per
aprendre a torejar el caragol a la finestra de l'alumne amb la brotxa que és bandera de la decapitació del
Crist del Penjador en les quatre fases del rasclet amb la lluna i la corda de terra i rostoll i de pedres i
fang i paraigua i palla ratada al cabaret i trompeta a l’ull del blat i el rei del sucre. Aquestes mans!
Aquests replecs entre els dits! Aquests sacsons l’un rere l’altre damunt les mans i aquesta gent que ho
llegeix, que són espectadors amb mans de llegir i ulls de tocar! I la perspectiva d’aquesta holografia que
em permet de veure que n’hi ha un, de guixaire, que mira contra el govern! Guixaire és el qui guixa!
Els seus sacsons, amb la perspectiva i la boira, es van estovant a mesura que se m'acosten. Això no és pas
una crítica, és una glossa del que llegeixo. Aquestes mans podrien apamar la mar i cadascuna de les seves
onades. I ja ho fan! La erra caplletra tal vegada és la erra resistent de Resistència a resistir
l’espectacularització que es resisteix a acceptar la insurrecció contra l’eternitat tot tallant-ho tot amb
les tenalles, esporgant, trinxant, i jo barrinant què fer amb les destrals desades al segon calaix del
primer prestage de dalt, on hi ha l’entrellat de la recerca de qui no es vol deixar endur per la barrila de
l’aparença tan bon punt amb la cartografia m'adono que és més demòtica una imatge manual que no cent tècnics
fent de pollastre. Tot amb tot, feliçment és al prestage que encara no existeix on puc pensar si el món,
la realitat, m'envesteix, o no, al dedins de la taverna platònica, un catau, tothora ple de borratxos, que
no tanca mai. I com si fa no fa anava dient, presentació -epifania magnífica d’un llapis- i representació
-reflex admirable, a can Maitanquis, d’una conilla sofista-, es confonen, de manera que, segons com,
la imaginació s'hi dissol, es liqua.
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Hannah Arendt:
(1906-1975)
La vida del espíritu
Rosalino F. Guillén Cordero
La igualdad es siempre la principal
causa de las revoluciones. La muchedumbre aspira siempre a la igualdad absoluta; la clase distinguida
quiere la absoluta desigualdad: la ambición de unos, la envidia de otros, ocasiona las discordias civiles.
Las injurias, el envilecimiento y la avaricia de los gobernantes, de un lado; de otro, la cólera, la ira,
la envidia, la ambición y el odio de los gobernados, hacen que todo poder se trastorne y se convierta,
primero en demagogia y luego en despotismo.
El cumplimiento y observancia severa de las leyes, la prudencia, la sabiduría, la templanza, el uso moderado y
hábil de los poderes, es el medio mejor de conservación de los gobiernos.
La Política. Aristóteles. (Ed. Edivisión. México, 2000)
Mientras que en el verano de 1940 Francia era ocupada
en sus tres cuartas partes por los alemanes durante la segunda guerra mundial, Hannah Arendt, filósofa y una de
las pensadoras más originales y controvertidas de origen alemán (Hanover 1906), se establecía en Nueva York
nuevamente exiliada, pues al primer país había llegado bajo esa situación en 1933 procedente de Alemania.
Más tarde, en 1951 adoptaría la nacionalidad estadounidense. Arend influyó poderosamente en el pensamiento
social y político de la segunda mitad del siglo XX, y fue, además, una contundente analista de los más
importantes acontecimientos históricos de su tiempo.
En 1924 fue a estudiar a Marburgo y conoció a Martín Heidegger.
Esta relación tuvo repercusiones en la filosofía de Arendt, que reacciona frente a un Heidegger cuyo pensamiento
está dominado-encaminado por y hacia la muerte y la deshumanización; en contraparte, Arendt sistematizará con
los años el concepto de natalidad y su pensamiento será considerado, por algunos, como un canto a la vida.
Su tesis doctoral titulada Der Liebesbegriff bei Augustin (El concepto de amor en San Agustín), inclina su
pensamiento en favor de los grandes valores y sentimientos del hombre.
El inicio de su relación de amistad con
Karls Jaspers (psicólogo y filósofo existencialista alemán, Oldenburg, 23 de febrero de 1883; Basilea,
27 de febrero de 1969), que duraría el resto de su vida, coincidió con el matrimonio de Arendt con Gunther
Anders (pseudónimo de Gunther Stern). Después de la guerra, Arendt fue profesora en las universidades de
California, Chicago, Columbia y Princeton, ocupando, a la vez, altos cargos en organizaciones judías.
Sus obras más célebres son The Origins of Totalitarianism (El origen del totalitarismo,1951), Eichmann in
Jerusalem (Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal, 1963), y las más filosóficas por
especulativas The human condition (La condición humana, 1958) y The life of the mind (La vida del Espíritu, 1978),
siendo ésta su última obra publicada y editada post-mortem por su albacea literaria Mary McCarthy,
traducida al español por Fina Birulés y Carmen Corral (Paidós, 2002), obra que comenzó siendo una serie
de conferencias preparadas para las Gifford Lectures, fundadas en 1885 por Adam Gifford, un notable juez y
jurista escocés, “con el propósito de crear en cada una de las cuatro ciudades, Edimburgo, Glasgow, Aberdeen y
St. Andrews [...] una cátedra [...] de Teología Natural, en el más amplio sentido del término”,
según McCarthy.
La vida del espíritu
Arendt ha dicho que fueron dos razones bastantes diferentes entre sí las que la impulsaron a escribir sobre
los trabajos del espíritu, terreno inseguro para quien prefirió montar su análisis y certidumbre en la base
de la ciencia y en la teoría política: primero, en el proceso de Eichmann en Jerusalén, y, segundo, en los
problemas morales surgidos de la experiencia concreta que iban contra la sabiduría de los siglos.
En efecto, Hanna Arendt no perdona al tribunal israelí que juzgó a Eichmann en Jerusalén; ella se pregunta
por qué Auschwitz era tan horrible, y en qué el horror de los campos de exterminio se distinguía de todos
los demás horrores de la historia. En su notable libro Eichmann en Jerusalén, incide en preguntar en qué esos
crímenes “eran diferentes, política y jurídicamente, respecto a los que les habían precedido”.
Un poco más adelante la autora se inquieta por esa singularidad del caso que lo hace ser como ningún otro
que haya existido en la historia humana, y cuyo no reconocimiento, en su opinión, llevó al fracaso al tribunal
de Jerusalén. Un tribunal como éste, tan ocupado en juzgar los crímenes contra el pueblo judío debería estar
en condiciones de distinguir entre “crímenes de guerra” (matar civiles, ejecutar rehenes, etc.)
y “actos inhumanos” (expulsar y aniquilar poblaciones enteras), desglosando este último concepto en dos
apartados: por un lado, estarían esos actos inhumanos cuyo móvil pudiera tener una finalidad política o
económica reconocible (expulsar a un grupo humano para colonizarlo con gente aria, por ejemplo) y, por otro,
aquellos “crímenes contra la humanidad” cuyo móvil o finalidad eran hasta entonces desconocidos.
En este último aspecto, el Tribunal Israelí se quedó corto o no quiso establecer distinciones al respecto.
Lo que se le escapó materialmente, según Arendt, fue reconocer, y a la postre tipificar, una nueva modalidad
del crimen: el exterminio de grupos étnicos, ya fueran gitanos o judíos, como algo más que un atentado al
pueblo gitano o judío: es un crimen contra la humanidad [...de suerte que el orden internacional y la humanidad
entera quedaban gravemente tocadas y amenazadas…].
En su justificación, Arendt distingue entre tres tipos
de conductas: 1) por un lado, encontramos ahí el crimen establecido en Las Leyes de Nurenberg (1935); en este
caso la nación alemana, utilizando el derecho internacional, declaró minoría nacional a los judíos; y luego, esa misma nación no respetó los derechos
y garantías reconocidos por la Convención de Ginebra para tales minorías, considerando esta violación a la
norma jurídica como del ámbito nacional, dado que ya gravitaban en esa esfera los derechos y libertades
nacionales a nivel interno; 2) otro tipo de criminalidad es la que representa la política oficial de 1938
en virtud de la cual se aprueba la “emigración forzada” o la expulsión pura y simple de los judíos alemanes.
Ahí podemos hablar de un crimen contra la comunidad de naciones, pues la medida del Estado nazi afecta
inmediatamente a las naciones vecinas. Estas dos formas de crímenes ya eran conocidas: eran una práctica
en diferentes países de Europa,
África y Asia y, 3) la diferencia se produce cuando el régimen nazi declara que no pretende expulsar a
los judíos de su territorio sino hacerlos desaparecer de la faz de la tierra: [...es entonces cuando aparece
un nuevo crimen, el crimen contra la humanidad, en el sentido de “crimen contra el status del ser humano,
contra la esencia misma de la humanidad”...]. El hecho que haya habido que inventar un nombre para designar
a ese crimen -crimen contra la humanidad- denota su singularidad.
Así pues, Eichmann –estoy glosando a Arendt- ...en el contexto del tribunal israelí y del proceso carcelario
supo desenvolverse tan bien como lo había hecho durante el régimen nazi pero, ante situaciones carentes de
este tipo de rutina, estaba indefenso y su lenguaje estereotipado producía en la tribuna, como evidentemente
también debió hacerlo en su vida oficial, una suerte de comedia macabra...; y, concluye la autora, esto sucedía
“…porque los estereotipos, las frases hechas, la adhesión a lo convencional, los códigos de conducta
estandarizados cumplen la función socialmente reconocida de protegernos frente a la realidad; es decir,
frente a los requerimientos que sobre nuestra atención pensante ejercen los acontecimientos y hechos en
virtud de su existencia...”.
La facultad de juzgar, de distinguir entre lo bueno y lo malo, ¿dependen de nuestra facultad de pensar?
–se pregunta Arendt-. Visto desde otro enfoque: la actividad de pensar, en sí misma, ¿puede ser una actividad
de tal naturaleza que se encuentre entre las «condiciones» que llevan a los seres humanos a evitar el mal o,
incluso, lo «condicionan» frente a él? Estas inquietudes la llevan al concepto de la “banalidad del mal”,
en tanto que y entonces Hannah Arendt busca la respuesta a sus interrogantes, al problema del mal, y no
conforme con las respuestas que dan a ello la ética o la moral, va más allá sobre la cuestión de qué es
pensar. Por eso, Hannah Arendt, en su obra La vida del Espíritu, toca temas como el ser y la apariencia,
en donde esta última posee la doble función de ocultar algo interno y mostrar algo superficial. Ella retoma
el pensamiento de Kant quien sobre el tiempo y el espacio escribiría, en su Crítica de la Razón Pura, que no
tienen existencia objetiva; solo son formas de la sensibilidad. Kant concluye por tanto, que no podemos conocer
la «cosa en sí» o «nóumeno»; sólo sabemos que existe un mundo de apariencias o «fenómenos». Allí es donde
Arendt enlaza su pensamiento con el filósofo
de Könisberg, pues señala que a pesar de que sólo se puede
conocer lo que aparece, lo que es dado a la experiencia en la forma de «me parece», hay pensamientos que «son»
como Dios, la libertad y la inmortalidad; la razón no puede evitar pensar estos conceptos, los cuales son del
máximo interés para los hombres y la vida del espíritu. Otra de las actividades del espíritu es el pensamiento
y, aunque Arendt se pregunta: ¿dónde estamos cuando pensamos?, ella misma considera que este planteamiento es
erróneo, porque la actividad de pensar no corresponde a las formas de tiempo y espacio de las que habla Kant;
más bien se trata de que el pensamiento está «en ningún lugar». Las otras dos actividades ‘paralelas’ son la
voluntad y el juicio. De la primera se desprende el problema de la libertad, concepto que surgió posterior a
la era cristiana y en donde, desde este enfoque estrictamente filosófico, la dificultad estriba en cómo
reconciliar la fe en un Dios todopoderoso y omnisciente con las exigencias de la voluntad libre. No obstante,
aquí la libertad no es entendida como la facultad de elegir entre diversos o como la libertad política, sino
que la refiere, más bien, a aquella voluntad que es delegada de la razón, y en donde ésta es su órgano ejecutivo
(Kant). Para Arendt el juicio no está en la moral, o sea: no en las normas en que estriba el ejercicio de la
bondad o la maldad, sino que es una cuestión que debe afrontar y resolver el ejercicio de la razón.
¿Qué pensaría hoy Hannah Arendt del genocidio judío sobre el pueblo palestino?
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Orlando Guillén
Ramón Martínez Ocaranza
Elegía y patología del Ser y de los triángulos
Los textos poéticos reunidos en esta muestra estricta proceden de los libros Elegía de los triángulos (1967-69)
y Patología del Ser (1975-79), publicados en México respectivamente en 1974 y 1981. En un lapso de 12 años
iluminado por luz negra, Ramón Martínez Ocaranza (Jiquilpan, 1915; Morelia, 1982) produjo estos que son los
dos mayores logros de la poesía mexicana del siglo XX. Se cumplen pues los primeros noventa años de inmortalidad
de un poeta que no merece el desconocimiento generalizado de la inteligencia en patria propia y en las patrias
del idioma, y que con su ser universal y su raigambre local enloquecida muerde el polvo del olvido deliberado
y del relegamiento: mas sin mortaja por túnica, se levanta y anda. La elegía de los triángulos es metáfora de
la defunción de las concepciones lineales del mundo y de la vida hacia la adquisición de la circunciencia de
la superpoesía que muy lejos de Nietzsche va, del cántico del amor, al odio al odio, y se derrama espesa y
trágica en patología del Ser que es también del espíritu: la plenitud abigarrada y sucia del entusiasmo y
la maldición a partir de dos abismos de cultura: el prehispánico (en sus vertientes tarasca y mexica) y el
occidental cuasiprimitivo simbólicamente expreso por el mito griego y el lenguaje profético judío de La Biblia
(Antiguo Testamento, sobre todo). La verdad como improperio y amenaza lanzada para agitar la masa de la
conciencia de la irreversibilidad material de la vida y su final disolvencia en la nada que entrambas culturas
colisiona, producen en esta poesía el relámpago y el estallido, y, desde luego, el genio de su profunda
originalidad: una poesía del desprecio a la mediocridad; una poesía del desprecio al desperdicio de la vida y
la energía humanas; una poesía águila con garras del amor hincado en el cuello del odio y viceversa; una poesía
que se enseñorea en la muerte y que, como Quetzalcóatl vivo, retrotrae de los huesos preciosos el carbón que
atiza con semen la resurrección. Ante la sincresis de estas culturas polares, nadie como Martínez Ocaranza ha
alcanzado a sangrarse el órgano de la virilidad sobre el barreño feminal de la hermosura para crear monstruos
más oscuros y necesarios a la verdad del día y a los nietos de la belleza deforme de los muertos de nuestro
tiempo con más pródiga actitud de sacerdote de los sacrificios. Tal estamos ante el último humoso oficiante
del inasible matrimonio del Occidente y del Anáhuac: augur oblicuo de la toltequidad.
Mario Raúl Guzmán, acaso el único pero sin duda el más reciente escritor mexicano digno de tal nombre que
ha llamado la atención sobre la obra ocaranciana (“La poesía de Ramón Martínez Ocaranza: Tigres del tamaño del
odio”, revista La zorra vuelve al gallinero, núm. 1, 1992), ha advertido que: “La travesía en barco y
la aventura en tierra de Martínez Ocaranza registran prolongadas estancias en el ámbito clásico griego,
en las cosmogonías náhuatl y purépecha, las terribles batallas morales de Dostoievski, la espiritualidad
rilkeana, la mitología hebrea, la belleza trágica de Dante, los cuadros portentosos de Shakespeare, el bagaje
nerudiano y uno que otro maniquiur del archipiélago poético contemporáneo”. Como no se trata de un decir sino
de la palabra de un conocedor casi arrasante de la obra édita e inédita de este artista, es dable concluir
que esta poesía se toca por sus alambres extremos con la de Ezra Pound en la totalización del intento.
Hoy salta por su evidencia cómo dos puntos de vista realmente miserables circularon las venas políticas
del siglo XX (de un lado el nomenklaturismo realsocialista; de otro, el fachismo que ganó y el fachismo
que perdió la guerra), pero ninguno de estos dos poetas estaba en condiciones de sustraerse a ellos o de
verlos con perspectiva. Para que se entienda inequívocamente lo que quiero decir cito los estalinismos
latinoamericanos de Neruda y Efraín Huerta (qué bello poema al respecto el de este, por cierto) ante el
craso ingenuo fachismo paundiano. Por tanto, ajenos al juicio de la historia política y guerrera de su
tiempo, Pound y Ocaranza se tropiezan con una misma mole de mierda en su afán de hacer poesía, y no de
ser poetas, que lo eran, y mucho, y muy diversos los dos. En lo que sus espíritus coinciden, y en los
tiernos saúces de sus posiciones y de sus culturas respectivas, es en su sed de universalidad.
MRG es también autor de esto: “La intuición creadora de Martínez Ocaranza es la de un saqueador prodigioso:
para la fundación de su poética, para la construcción de su ritmo echa mano de una variedad riquísima de
elementos que él mismo ha puesto previamente a su alcance, modificándolos según sus necesidades expresivas
y sumergiéndolos en un torrente que es entrañablemente suyo. Martínez Ocaranza biblifica su lenguaje cuando
su niebla profética recorre (y da testimonio de) las ruinas del siglo XX. A golpes de marro esculpe sus ángeles
terrilkes; a su oído experto bajan metáforas oscuras; sus relámpagos o latigazos sentenciosos le vienen como
herencia de voces ancestrales; su exploración de sedimentaciones culturales diversas da lugar a ensamblajes o
apareamientos que conmueven y sorprenden. Y su desesperado amor a lo que anima sobre la superficie, acecha y
salta de entre las imágenes más amamantadas por la ternura”. En este pasaje Guzmán conjuga técnica e intuición
en el poeta, propósito y razón de la música abrupta que lo expresa, y gene cultural y genio artístico.
Pero no incide en la naturaleza de su manejo músico. Recurro aquí al análisis del poema Elegía de las tumbas
para que los lectores de Guzmán en su momento y los míos ahora puedan seguir el hilo arácnido del misterio
de la creación musical poética: es rasgo distintivo de Ocaranza separar mediante numerales romanos las aguas
atadas de los versos, y así son rompientes de música: como si en medio de las unidades sinfónicas el autor
metiera sin más claves reiterativas de fa o sol y a alguien se le ocurriera que los ejecutantes las tomarán
no como tiempos intrusos de alma que detiene en seco sino como órdenes de implementación eufónica a seguir.
Esas claves, esos numerales son la vigilia, la impresencia del Otro en uno mismo: como si el genio lírico de
Parker se viera sincopado por Gillespie. Liberar al poema ocaranciano de la dictadura numeral es cosa natural
en la lectura propia, y entonces queda claro su sentido. Por ejemplo: “I /Los caracoles son las residencias
de la muerte. // II /Morimos en el mar coleccionando tumbas”, son dos versos que arrecian y presagian la
catástrofe, con independencia del detenido fulgor del III romano, y así: “Las tumbas meditan bien su mar”,
corresponde a una tonalidad de espíritu que entronca con una lógica matemática a que el numeral remite
(como en cierto Carroll), para el autor indispensable pero para el lector ejecutante superflua. La idea de
la precisión matemática, lo mismo que el poder de síntesis de la oposición de contrarios son constantes de
convicción en esta poesía; su encadenamiento no proviene de las voces ancestrales que son sustrato de toda
poesía sino, espantosamente, de una enorme capacidad de contención del ritmo y de la imagen por parte del
poeta: de una tensión sólo dable a a altura, ante la cual de Díaz Mirón babeaba con justicia poética
Carlos Pellicer.
En una poesía como la de Ramón Martínez Ocaranza tiene sentido ir de un libro a un poema concreto,
lo mismo que de un verso cualquiera a la metáfora que le da sentido a un libro. O a la vida del poeta.
En todos los términos y en todos los sentidos la poesía de RMO está hecha con la misma materia con la cual
están hechas las putas, y con hipotenusas podridas, y con mentadas de madre, y con rectángulos: con geometría
y con culebras. Una lengua de cuchillo animal cuyo lomo se afila y desdóblase en alfileretazos. En el taller
de este individuo del idioma los afiladores afilan afiladores la palabra difícil con la fácil dificultad con
que la piedra se talla con la piedra y se perfila.
Sería virtuoso rastrear los motivos por los cuales la poesía mexicana no da muestra en sus registros
estancos de la obra de uno de nuestros más altos creadores. “Eso terrible de quebrar candados./ O de
reconocernos en la muerte./ Cuando se pudren las antologías”, versos que ciertamente no escribió Ocaranza
para vapulear a sus ninguneadores, como lo demuestra la sustancia de los que le siguen, y que son estos en
el mismo poema: “Cada Caín es un reloj de las escupideras./ Es un versículo podrido./ Su verbo macular es
la sintaxis de la purulencia./ Y por cada Caín hay una tienda donde se venden libros para idiotas.//
Pura podrida megalomanía.// Cada Caín con su mitología.// Caín es una sombra de murciélago que viene de
la sombra./ La sombra de la sombra de la sombra”.
Sería virtuoso dejar un minuto solos a los imbéciles armados.
Sería virtuoso cercenar los senos del amor al odio; descuajar de la vida la muerte; del pecho privilegiado
de Ruiz de Alarcón, el arco de violín de la espalda virtuosa.
De ELEGÍA DE LOS TRIÁNGULOS
Elegía de noviembre
I
De bárbaros metales;
de tabernas
donde se pudren las mitologías.
Del tiempo del morir quebrando números.
Del viaje
que se perdió definitivamente.
II
Los caminos
llenaron de lunas negras los caminos:
porque las víboras;
porque los barrios de la tuberculosis.
Si las brujas no fueran lo que son...
Pero los cánticos
declararon la huelga de los signos
cuando las arpas se quedaron ciegas.
III
En torno a la extensión hay un silencio
de estatuas derribadas.
Porque crecemos con la muerte a solas.
Y porque las parábolas no quieren
matar los lirios de la geometría.
IV
Es triste reconocer que somos hombres
cuando se quiebran las columnas.
También es triste recoger candados
en medio de las piedras.
Porque la luna de los jeroglíficos.
O porque nadie quiere
comer violetas en el banquete de los salmos.
V
Podemos derribar un piano roto;
un caracol de música vacía.
Pero lo que se dice con el agua.
Lo que se va pudriendo,
lentamente.
VI
Los caballos
no quieren reconocer que los crepúsculos
golpean capiteles.
Tampoco reconocen
el caracol de las sonatas amarillas.
De las tumbas
brotan las yerbas de los siglos.
Y cada soledad es un silencio
de miedo abandonado.
VII
Noviembre es una reunión de círculos
que van del corazón a las raíces
para que por el tiempo no caminen
los que disecan mariposas.
El llanto de las yerbas reconoce
que la ciudad escribe su agonía
cuando las intenciones se propagan
debajo de la tierra.
VIII
Dice el tiempo
que por los verdes signos
van pasando los grises con sus números.
Y cuando arde el Ser,
las hojas secas de los eucaliptos
quebrantan sus proverbios.
Porque en noviembre la muerte multiplica
sus caracoles de metal dormido.
IX
Siempre recordarás aquella tarde
de pianos enlutados
cuando decías que Rilke no sabía
decir el nombre de la primavera.
Los sueños iban por las heredades
de un mundo sin contornos.
Y tú tenías razón:
de las tabernas
salían los bosques dorados del otoño.
Elegía de los códices
I
De lo profundo llegan las palabras
como Tzintzuntzan;
como Apátzikua;
como la verde música del viento.
Kurikua-Aueri
es
una
pregunta
de pupilas de fuego
que grita con la tinta de los Códices
tzarárakuas de amor;
jades domésticos;
tzinapos donde mira su destino
la luz de Kuerahuáperi.
Porque por dentro pintan las culebras
los números del tiempo.
Y por saber que lloran en Tzakapu
las piedras,
las encinas
penetran los escombros del crepúsculo.
Porque por todas partes hay caminos
debajo de la tierra;
más allá de las vértebras del agua;
por los espasmos de la geología.
Y las palabras siguen recorriendo
las húmedas raíces
que dicen:
¡Tzirahuén!
desde la tumba
de la Pakanda llena de amapolas.
II
Las palabras
guardaron el llanto de los Códices
cuando la Gran Culebra
quebró su arquitectura.
Quinientas lunas negras
murieron
en
el
agua.
Para que las apátzikuas guardaran
sus epopeyas amarillas.
En las escalinatas
del tiempo
resonaron
los verdeoscuros caracoles.
Y ni la danza pudo
detener
a
la
muerte.
ELEGÍA DE LOS TRIÁNGULOS
Día de muertos
I
En las pirámides nocturnas
gritaban las flores de la muerte
para que Quetzalcóatl se llenara
de palomas terribles.
Oremos por el tiempo de los itzcuintlis amarillos
y de los triángulos negros de los cascabeles;
para que los millones de otoños que han pasado
se llenen de amapolas.
Nunca la muerte tuvo tantas melancolías de serpientes
como cuando los llantos de los ataúdes rodaron por las escalinatas;
o como cuando el viento maldijo los vientres sucios.
Porque días llegarán
en que la sangre de los sacrificados
inundará la conciencia del tiempo
y los ojos se saldrán de las tumbas
para clavarse en los espejos vacíos.
Los Códices no mienten:
los veinte días del Tonalámatl
llorarán los hijos de las flores,
las madres de las flores,
y las doncellas de las flores.
II
Porque los dioses se vestirán de luto
el día de las ofrendas,
y porque las apátzikuas del lago
dirán los salmos de Kurikua-Aueri.
Porque la danza de los cocodrilos
extenderá sus mantos negros
para que lloren las escalinatas
en los dulcísimos senos de Coatlicue.
Porque los mirasoles
inundarán de lágrimas la tierra
cuando se cumpla el jeroglífico
de las entrañas nocturnas.
III
Y entonces las palabras
dieron el cumplimiento
de las magnolias sumergidas.
La flor del corazón,
la Yolloxóchitl,
pintó de negro sus espumas.
Y las Centzonhuitznáhuac quebrantaron
la hora de la vida.
Y Quetzalcóatl lloró
como no había llorado nunca
un Dios
sobre
la
tierra.
EPÍLOGO
Elegía del destino
Dostoyevskianamente melancólico
(porque no hay nada tan dostoyevskiano
como el exceso de melancolía)
derribo los muros de los triángulos
para reconocer que los enigmas;
para llorar de luz en una cueva
de círculos divinos.
Esto lo sabe el mar;
también lo saben los candados,
y las orillas de los ríos.
Porque cuando Jonás es señalado
como la causa del destino,
entonces danzan las serpientes;
se vuelven locas las campanas;
los trenes dan de gritos,
y las palabras llegan como signos
de antiguos testimonios.
Hay una forma de quebrar el tiempo
del salmo que perece
cuando la voz de los profetas;
los ángeles se llenan de espadas,
y los vientos envuelven al hombre
con capas de ceniza.
Nadie sabe por qué los sustantivos
quebrantan los metales
cuando la noche de la ofrenda;
como tampoco sabe nadie
por qué las pitonisas
llenan de espanto los caminos.
Porque mientras Edipo da de golpes
adentro del vientre de su madre,
Orestes come espadas y tinieblas
y Prometeo derriba
los círculos del mundo.
Las praderas del canto
fueron manchadas por el odio:
monstruo de mala noche;
rufián epileptoide;
germen de los pantanos oscuros.
Pero cuando las llagas de Job
se hacen versículos dolientes,
entonces danzan las doncellas
el ritmo de las palabras quebradas;
y entonces salen de la casa del fuego
los tiempos del destino;
y entonces cada quien recoge
la parte que le toca
dentro del caracol terrible de la tierra.
Dentro del caracol terrible de la tierra.
Mitin de sueños
Magnolia de metal a golpe de puro fuego elaborada;
golondrina de ácidos y peces;
los caminos del Ser tienen la forma de las espinas que contienen.
Porque las llamas verdes de las orgías de la espuma;
la hora del sonido del mar;
los gritos dibujados;
todos los siglos saben la pregunta de los caballos muertos.
Y cuando consultamos los signos de los oráculos...
entonces...;
como cuando sangramos la gorgona;
o como cuando lloran los minuteros del mundo
para volver de nuevo al principio de los principios.
Era la voz del tiempo dando gritos en los espejos de las tabernas
donde se asesinaban los senos;
donde las medias de las emperatrices eran orinadas por los ángeles.
Porque morir no es quedarse muerto para la sal y el yodo de las manzanas:
morir es enterarse que la canción fue recogida por los perros;
y que las nueve musas organizaron un negocio clandestino;
y que ya no hay olimpo;
ni paraíso;
ni señales.
Morir es dar de golpes en el vientre de los espacios vacíos.
Morir es una forma de concebir el sexo de las palabras.
Piedra del tiempo
En el principio fueron las señales del círculo postrero.
Luego vinieron las palabras negras.
Luego vinieron las palabras rojas.
Y luego vinieron las palabras amarillas.
Los triángulos mataron el destino de las circunferencias.
Y cuando las estrellas blasfemaron en contra del hombre,
el hombre se hizo Dios,
y entonces comenzaron los enigmas de los primeros enigmas;
y entonces se quebraron las puertas de la verdad de las primeras verdades;
y entonces fue del Ser la flor de los mil pétalos oscuros.
Porque los signos negros reconocen que la palabra es infinita.
Porque los signos rojos iluminan la palabra del mundo.
Porque los signos amarillos matan las palabras
que llevan la ofrenda de la palabra.
De PATOLOGÍA DEL SER
INTRODUCCIÓN PROTEICA
I
Todos los manicomios están locos.
Del uno al cien. Del cien al infinito.
Cada loco se comunica de su propia cueva.
Cada cueva se comunica de su propio loco.
Que no hay cueva que no se comunique de su imagen.
¿Quién es ese que va comunicándose de fuego por todo su camino?
¿Es el Dante?
Contéstame, Beatriz. No seas tan perra.
Devuélveme las puertas del infierno que nunca me cerraste.
Dame el culo con tus poderes verificativos.
Ve mi sombra. Que yo no soy de ti sino tu perro.
Que cada manicomio por su loco.
Y cada loco por su manicomio.
¿Qué significan las palabras loco, terrible, manicomio?
En ruso “…gresney…” es “…Iván el loco…”; el “…terrible…”
De Rilke a Dostoyevsky hay una fórmula de CERO MENOS CERO.
Yo soy un Diccionario que protege las Tablas de su Ley en una sombra.
Soy el tiempo que se protege de su propia muerte.
Y necio es negar la imagen de los signos.
Que todo va del dos al menos uno para que suba más allá del cero.
Se cambia la razón como Proteo cambiaba su locura.
Transmígrame las llaves del destino por llaves de un candado que se cierra para
jamás abrirse.
Que no son cosas de patología. Sino de pura ciencia patológica. La ciencia de la
ciencia de la ciencia de la conciencia.
Que ciencia de la ciencia sin conciencia maldita sea la ciencia.
Y déjeme que diga lo que falta en puntos suspensivos…
Terrible condición de arcángel muerto.
Terribles inducciones en acciones que descomponen sus composiciones.
También las matemáticas en signos de glorificaciones sucesivas.
“…Sucede que me canso de ser hombre…”
“…Oh, inteligencia, soledad en llamas…”
El mar se contamina de serpientes. Una serpiente: soledad vacía.
II
Minerva: ¿por qué lloras la circunstancia de mi paranoia?
¿Por qué demencia me descompones mi circunferencia?
III
Los Dioses menos tú son paranoicos en las culebras del superrealismo.
Pero dime: ¿Por qué lloras las cicatrices de mi paranoia?
¿Qué traes con los planetas que me agobian buscando tu deseo?
¿Mi deseo?
Perímetros de cosas descompuestas que nunca son compuestas.
Las cosas caen quién sabe desde dónde. Quizá de la península de un barco
desconocido por su propio viento.
La cóncava mansión de las palabras –la cueva de mi Ser– lloró de espanto
cuando llagaron todas las Gorgonas mi sombra.
Quinto piso del reconocimiento de mi sombra.
Monstruo infame de la circunferencia de la muerte: ¿Qué es la muerte?
¿Verdad, Madame la Morte que la conciencia no tiene geometría?
IV
Cada forma se da de lo que es por lo que hace.
De tal manera que las paralelas se juntan cuando nacen.
V
¿Qué quiere contra mí? Cincuenta espacios van componiendo el signo de la
muerte.
Cinco espacios. No más. Cincuenta veces.
¿No comprende que voy muriendo de mi propia muerte?
VI
Las naves de un reloj nunca se hallan cuando se pierden en la preconciencia.
Son aves que se van por un camino que vive de su propia plusvalía.
Y naves hay que vuelven. Pero pocas. En busca de sus triángulos.
¿Qué diablo me miró dando de golpes adentro de mi cueva?
¿Qué diablos quieres tú, perro del diablo?
VII
Son cinco Mefistófeles en uno para matar la muerte.
VIII
La muerte del amor en una cola de cinco Margaritas.
IX
Señora de la gran Psicología: ¿Qué vale Margarita?
¿La campana de un réquiem de campanas sucesivas?
Perdone la pregunta, pero pienso que la canción del mar es más sonora.
X
Que cada Delfos por su manicomio. Y cada manicomio por su Delfos.
XI
Y Delfos hay que hablan por teléfono.
POEMA EN SIETE NOVELAS
Primera novela
CARACOL DE SINIESTRA ARQUITECTURA
I
Circunstancias de un solo de trombón de perro muerto.
Cada Circe lo reconoce por su manicomio.
Calipso dando gritos en la tierra.
¿Quién le dijo que las culebras eran amarillas?
Veinte locos quemaron los caminos de la muerte.
Cuando su majestad dijo de pronto: bajemos a las tumbas.
Que doce campanadas son muy pocas para matar a Dios en un gorila.
II
Donde nadie te dice: “…Yo lo nombro poeta del Destino…”
Donde nadie puede pensar un Dante en subjuntivo.
Yo recorro el caminar oscuro de mi muerte.
Veinte brujas protegen mi Beatriz contra su Dante.
Cada Dante protege mis canciones encendidas.
III
Katalina: ¿Por qué te suicidaste?
No hay Ivanes de Mytia Smerdiakov en Dostoyevsky.
Sonia era la madre de Raskólnikov.
Tenía cincuenta mil parábolas terrestres.
Pero dime: ¿Por qué mataste a Katalina?
Siniestro caracol de arquitectura.
Cinco Ivanes. Iván. Iván el loco.
Con miradas de lobo de la estepa.
Con miradas de loco de la estepa.
Tan bella Katalina de los terribles triángulos oscuros.
IV
Arrojé mi dolor a la desgracia de un triángulo amarillo.
Veinte perros morados y amarillos.
¿Quién descompuso la circunferencia?
La noche de las brujas. Cuando se suicidaron los relojes. Y cuando Circe tuvo
las glándulas del perro entre sus manos.
Los ámbitos del mar no tienen tumbas. Y poetas como Rimbaud no mueren en
sus ríos. Ni mueren en los tiempos del infierno.
Mueren de consunciones sucesivas. De bárbaras sustancias de sorpresa.
V
Cuando Dante visita el negro círculo comprende que un Papa estaba loco por
Francesca.
Su Paolo de Circe por la madre de Telémaco.
Y la sombra diciendo sus dibujos de la sombra.
Cada sombra que los llevó a la silla de la muerte.
¿Dónde andabas cuando Madame la Morte tocó el concierto de locos para
perros?
¿El terrible concierto de los locos?
¿El terrible concierto de los perros?
¿Monólogo de perros y de locos para existencialistas?
VI
Llega después Ulises con la muerte.
De Troya es el tiempo de la muerte.
Dura bomba nuclear en un caballo de gritos de madera.
La muerte es del mundo de los triángulos.
Pitágoras no hizo consunción de muerte ebria.
Pero la muerte fue quemando sombras. Hipotenusas de papel podrido.
Y luego las sirenas fornicaron en el burdel del mundo.
Se agarraron del Barco de la Muerte.
Pobre idiota.
¡Cuánto mejor hubiera sido que te hubieras quedado en la isla de los perros
amarillos!
Cuarta novela
EL DELINCUENTE
I
Yo me llamo Caín. Yo soy mi muerte.
Soy una cueva de patología.
Sólo que mis palabras están muertas.
II
COMIENZO MIS MEMORIAS EN LA MUERTE
III
Cuando mi Ser penetra la conciencia.
IV
Y yo soy la conciencia.
La circunciencia de mi podredumbre.
V
Las sombras que me llaman son de sombra.
El último por qué.
Mi testamento de la tercera muerte de mi muerte.
VI
Cuando lloro mis números podridos.
VII
Hay muros que se salen de sus muros para subir escalas ya sin muros.
Como las sombras van de sombra en sombra subiendo las escalas de la muerte.
VIII
Yo soy un delincuente que predica las cárceles del mundo.
Para morir de su tercera cárcel.
Mi cárcel es mi Ser. Yo soy mi cárcel. El último candado de la tierra.
IX
Le pido a mi canción en una imagen de ceros ofendidos
que se desnude de circunferencia.
X
Con islas de metal y zoología.
XI
Medito mis oscuras circunstancias en una maldición. En una cueva de
circunstancias amarillas.
XII
Yo soy mi maldición. Yo soy mi cueva. Yo soy el bosque de mis aquelarres.
XIII
¿Para qué descubrí todos los nombres de todos los protervos?
Yo me dije: ¿Por qué no descubriste la protervia de toda tu soberbia?
Ervia. Ervia.
La noche menos tú de otra ervia.
XIV
Yo soy un mecanógrafo que muere de megalomanía.
Melómano a lo más. Mas sin solfeo.
Bendigo las dudosas poligamias de todas las políglotas infamias.
Y ángel debió ser el pobre perro que ungió mi monogamia.
XV
Los ángeles son perros que nos ungen para llenarnos de circunferencias.
XVI
¿En dónde está Jehová? En un espejo donde se mira mi patología.
La sombra del espejo de la sombra donde se mira la tercera sombra.
XVII
Que nadie conoció los misteriosos caminos del nacer.
Si hubiera sido posible tal suceso,
un inmenso ataúd sería la tierra.
XVIII
¿Yo quién era cuando negué que Dios estaba loco?
¿Yo negaba su negación por megalomanía?
No es posible. Yo soy su ecología.
Yo recuerdo cuando perdí mi bárbara memoria.
Me llenaron el mundo de fantasmas. Y todo lo olvidé. Fui mi fantasma en la
conciencia de la circunciencia.
XIX
Cien años nada son en la segunda mitad de nostra vita.
XX
Gargantúa. ¿Quién era Gargantúa? Un monstruo de papel.
Un pobre diablo más enorme que el monstruo que montaba.
XXI
Heráclito negó sus negaciones por existencia de sus existentes.
Y yo reconocí que estaba loco el día de las señales.
Muy loco de verdad. Como las cuevas de los caminos de los manicomios.
XXII
Los muertos reconocen la conciencia de su contradicción porque están muertos.
Conocen su verdad. Pero la niegan. Son los axiomas de su geometría.
XXIII
Y nunca se negaron en su muerte.
Porque la muerte es una conciencia
de la conciencia de mis manicomios.
Una coreografía de manicomios.
XXIV
¿Qué diablos te pasó? ¿Por qué negaste la circunstancia de mi circunstancia?
¿Yo no era la conciencia del Ser en mi locura?
Las cuevas de la ciencia no conocen las circunstancias de sus propias cuevas.
Que cada circunstancia es una cueva de fenomenológica estructura.
XXV
¡Quememos el No-Ser! ¡Quememos todas las estructuras superestructuras!
Que muertes hay que saben a conciencia de subconciencia de patología.
XXVI
Sindicato de perros amarillos. Morados y amarillos.
XXVII
¡La muerte! ¡No! ¡La muerte!
Ni la muerte nos puede detener.
La muerte ungida.
La muerte que se va. La otra muerte. La que se lleva nuestros manuscritos.
XXVIII
Y dígame, señora: ¿Por qué nunca se sueña la razón cuando se pierde?
¿Por qué no sueño yo que no estoy loco?
Sueño que soy mi yo. Pero no sueño que soy mi otro yo.
Sueño ser perro. Pero no sueño que también soy ángel.
XXIX
La muerte de Faetón no tiene Apolos.
Y las putas dialogan con sus perros.
XXX
Perdóneme, señor: ¿Por qué no quema la droga de su Ser?
Hay otras drogas que pueden conocer el infinito.
Por ejemplo: la droga de un reloj cuando se muere.
XXXI
¡Todo mi corazón está podrido!
XXXII
Soy un perro sin Dios. Pero sin perro…
XXXIII
Y LLORO MI CANCIÓN EN UNA ISLA DE PERROS AMARILLOS.
Y LLORO MI CANCIÓN EN UNA ISLA DE PERROS AMARILLOS.
Y LLORO MI CANCIÓN EN UNA ISLA DE PERROS AMARILLOS.
LOS TRES EDIPOS
Primer Edipo
I
Me taladraron todas las entrañas.
Todas las cuevas de mi podredumbre.
II
Maté la sinrazón de mi conciencia.
La sinrazón de mi circunferencia.
III
La ciencia de la ciencia de la ciencia de toda mi conciencia.
IV
Línea nodal de mi desgarradura.
V
No me diga, psicóloga plural, que por su viento vagó mi geometría.
Yo conozco las convulsiones de mi hipotenusa.
De mi hija de puta hipotenusa.
Y todos los caminos son iguales cuando caminan por su propia muerte.
Un Edipo se da de glandulares circunstancias.
Son las sombras las que se matan de sus propias sombras.
Con ácidos de sombras.
Para morir en sus Apocalipsis.
Porque nunca se puede quebrantar lo quebrantado.
Ni la muerte conoce su camino cuando nace.
VI
¿Qué es la muerte? No sé. Quizás es una combinación de tiempo sin espacio.
Los oboes le hablan por teléfono al Destino.
Cuando se cumple el día de los coyotes.
O se cumple la contaminación de los eclipses.
VII
¡Qué belleza del mundo contrincante!
¡Cómo crecen los besos concebidos en el odio!
En el planeta del primer deseo.
Cada quien quebrantando las convulsiones de sus convulsiones.
Porque nunca se puede quebrantar lo quebrantado.
Ni la muerte con su negada sombra de ceniza.
Con su anegada sombra de ceniza.
VIII
¿Qué es la muerte? No sé. Quizás es una metáfora vacía.
La conciencia de una coalición de tiempo y sombra.
Cuando se cumple la mitad del tiempo. O la otra mitad del otro tiempo.
Los Profetas levantan sus metáforas contra los vientos más oscuros.
Y maldicen los signos de las esferas.
Porque nunca se mueve la hoja de un árbol sin la voluntad del hombre.
O porque hay enigmas que desgarran las entrañas malditas.
IX
Hay poetas que nunca dicen las señales.
Que nunca rompen los binomios de los epitalamios.
O que predican lunas inocuas en los incestos de las estrellas.
Sus tálamos cautivos son un ballet de sombras donde bailan desnudas las
discípulas de Ana Pavlova.
X
¿Quién lo dijo que la maldad es una línea oblicua?
¿Podría bailar Edipo en el vientre de su madre?
¿Se podría suicidar antes de cumplir el signo de las estrellas?
XI
Pienso a veces que el hombre es un bastón para matar tinieblas.
Un bastón de ceniza hecho con la ceniza del hombre.
Conoce su bastón. Pero el camino de las tinieblas nunca lo conoce.
Porque los caminos de las tinieblas recorren el vientre oscuro.
Y las tinieblas lloran la tragedia del hombre ciego.
La tragedia de su danza siniestra.
XII
Cuando los signos se descomponen en la muerte.
XIII
Dime, Delfos: ¿Por qué me traicionaste?
¿Por qué la frustración engendradora de tinieblas?
¿Quién engendró los vientres de la maldición de las tinieblas?
XIV
¡Ayúdame a morir! O dime cómo la maldición me dio toda mi muerte.
XV
Medito en la tragedia. Busco los signos del destino siniestro.
La tragedia fue antes del Verbo. Del Verbo nació la luz de las tinieblas.
Para matar a Dios.
A Zeus tunante.
XVI
Porque los hombres lloran debajo de los puentes vacíos.
Porque Zeus maldito engendró el Destino maldito.
XVII
Maldito sea el engendrador del Destino maldito.
Porque decían los griegos que ni Zeus escapaba a los golpes del Destino.
XVIII
Y Dios mató la obra de su Destino.
CANTARES DE LAS NEGACIONES
Cantar Uno:
TODO LO QUE SE NIEGA SE PROTEGE
CON LAS DONCELLAS DE SUS NEGACIONES
I
Cuando nace la luz muere el Destino.
Del Verbo equinoccial en pentagramas de ácido amarillo.
Ciencia aparte.
Poema es invención. Palomas muertas. Un mundo que se hace y se deshace.
Como quemar un tren. (Eso es pasado.) Como darle en la madre a mil
Sputniks.
Toda la ciencia del poeta tiene culebras amarillas.
Y no hay amor si los teoremas dicen que Dios es amarillo.
Porque la muerte es una culebra amarilla.
II
Morir es un amor que no conocen los ángeles.
La muerte del fondo de uno mismo.
Una muerte sexual. Una muralla de cenicientas profecías.
III
Hay poetas que vuelven sus espejos muy adentro de la contradicción.
Y ni los signos los pueden convencer.
IV
(Cronos inocuo.)
De sus inocuidades. Ser inicuo.
V
Por ejemplo: la Demonio del viejo filicida.
No hay Petrarcas que mueran del No-Ser del Ser ardiendo.
Que sus Lauras son ángulos de oscura geometría.
Fenomenología que ni la negación puede con ellos.
VI
Cada Dante se muere de Beatriz abandonada.
Muerte a muerte. Como del mar su verbo balbucido.
VII
Que yo ya no soy yo. Ni soy mi muerte.
Soy el cuaderno de una circunstancia.
La ciencia de la ciencia de un principio que muere de su fin.
VIII
Dígame, dura señal de las doncellas: ¿Por qué lloran las intuiciones más
introvertidas?
¿El carro de la luz es más potente que los Palacios de la Teogonía?
¿Que toda circular cosmogonía?
¿Y no hay caballos que del Ser pudieran su cosmos levantar?
IX
Que mil teoremas de fenomenológica estructura no pueden meditar en una sola
de las pasiones de nuestra conciencia.
Cantar Dos:
LES FLEURS DU MAL
El verbo balbucir es un enigma de tiempos sucesivos.
Tiene cuevas de mágica intención. Y no proverbios. Ni salmos.
Sólo brujas de muy baudeleriana plusvalía.
Tiene búhos de contaminación.
Y Baudelaires que sólo Dante conocer podría.
No hay MORADAS que vayan más allá de siete cornos.
Ni CÁNTICOS DE CÁNTICOS enfermos de dura excelsitud.
(¿Hay escaleras del tiempo del No-Ser?)
Los dos fantasmas que llevan de la pluma nuestra muerte.
(Fantasmas del No-Ser en Ser ardiendo.)
COMO LOS PIANOS CUANDO SE SUICIDAN.
Perdóname, Jehová: pero tus vicios no siempre son virtudes.
Hay un Palacio donde se sucede un mitin de escaleras.
Y a cada quien lo que le corresponde.
Que Dios no eres tú. Ni estás contigo.
Tú eres Baudelaire: mitad arcángel, y mitad instrumento de tortura.
Cantar Cuatro:
PORQUE LA MORTE DEL AMORE NOSTRO
Ni en la muerte se da la circunstancia de contrarios. De amantes que se odian.
Muy diamantes en besos de durísima dulzura.
Tempo lento no puede separar un arrebato.
Que no hay diamantes para los amantes como la perla oscura del deseo.
Morte nostra. Porque la morte del amore nostro.
Bella bruja de mis incomparables circunstancias:
¿Sabe Dante por qué Francesca no mató a Paolo?
Son preguntas de doctorales metodologías.
Son conceptos del Ser con resabidas apariencias.
Son conciencias de las conciencias de las apariencias.
Y lo que tienen de Sí, son mitológicos conocimientos de mitología.
Complejos de verdad en NOCHE ESCURA.
Se dice que San Juan quemaba estrellas con labios en los ojos.
Y se dice que nunca potestad fue revelada con álgebra escondida.
Amore del amor del alta stella.
Las potestades son prefabricadas con mucho SINAÍ.
Con mucho esfuerzo.
Con muchos montes de papel podrido.
Cantar Cinco:
TÉCNICA POÉTICA
¿En dónde está Moisés? Sepa la madre.
Se fue con Baudelaire y Jesucristo.
Llevaban Courvoisier y marihuana.
Y diez libretas de papel podrido.
¡Qué dura plenitud! Subieron tanto que no hallaron escalas para el vuelo.
Ni Génesis. Ni Verbo. Ni Parábolas.
Poema de diez manos cada una.
Por superrealidad. Poema lleno de vibraciones por adelantado.
Las múltiples palabras se amontonan en busca de sí mismas.
Y no hay Delfos de taquimecanógrafa estructura.
¿Dónde andabas, Moisés, cuando la muerte?
¿Fumabas Jean Cocteau sin Baudelaires?
Ni Cristo era tan adelantado para fumar su mar de Galilea.
La miel de su canción de espinas era.
Que púrpura de amor es más amarga que las espinas del conocimiento.
Cantar Ocho:
LA GRAN DEMONIO
¿Por qué grabé mi voz en las entrañas más hondas de la muerte?
Los gigantes no pueden encontrarla.
(Perseguidos por sus progenitores.)
Estás loca. Psiquiatra del demonio. Don Quijote no era paranoico.
Sólo quería violar a las estrellas.
Las estrellas que mueren veinte veces de megalomanía.
¿Consustanciamos lo consustanciado?
Simplemente morimos de sustancia.
Queremos derribar los Parthenones de nuestras Atheneas.
Lo que nace murió para nacer.
Y cada Cáliz se llena de pavura.
¡Cuántos TAOS hubiéramos escrito si la muerte…!
Pero somos un barco nada más lleno de TAOS.
TEMPORADAS de amor en el infierno.
TEMPORADAS MORADAS. TEMPORADAS.
De Dios es el infierno del Destino.
¿Cuántas veces se cierran nuestras puertas cada día?
Tú eres LA DEMONIO de ti misma.
Contigo se suicidan los espacios. El CASTILLO INTERIOR. Los mil problemas que van de tus corceles amarrados.
¿Cuánto tiempo murió la destrucción?
¿Nunca se acaba?
Eterno es crear las destrucciones de toda la creación en una sola.
Cada barco nos lleva sin Moisés a nueva Isla.
Y BARCOS HAY QUE VAN CON LA DEMONIO HUYENDO DEL DESTINO.
Y BARCOS HAY QUE VAN CON LA DEMONIO HUYENDO DEL DESTINO.
Y BARCOS HAY QUE VAN CON LA DEMONIO HUYENDO DEL DESTINO.
Cantar Diecisiete:
EL SUPLICANTE
I
No se muera, Señor. No se nos muera.
Mire que hay un millón de ratas en el mundo con ojos de culebra.
Los caracoles tienen ojos de culebra. Y las palomas tienen ojos de culebra.
No nos deje llorando en este mundo tan lleno de culebras.
Los ángeles se tragan sus ornamentos de culebras cuando los cocodrilos
fornican con las culebras.
Y no hay amor debajo de la blancura del viento.
No hay amor en los puentes que se tragan a los cocodrilos.
Señor: no se nos muera. Nunca nos deje abandonados en este mundo tan lleno
de puertas cerradas.
En este mundo tan lleno de puertas cerradas.
Los fantasmas le temen a su Verbo. Temen las estructuras de su palabra
aterradora.
Cuando los muertos duermen usted los cuida de la llegada de los tigres.
Usted los cuida de la llegada de las culebras.
Usted los cuida de los fantasmas vestidos de blanco.
II
Porque las tumbas tienen gorilas que fornican con las matemáticas.
Y no hay amor en la raíz cuadrada de menos uno.
Las tumbas se tragaron todas las raíces cuadradas de menos uno.
Y la madre del Ser es un gorila que nació de la razón dialéctica de la raíz
cuadrada de menos uno.
III
No se muera, Señor. No se nos muera.
IV
No deje que nos trague la raíz cuadrada de menos uno.
V
Hay un millón de raíces cuadradas de menos uno donde las ratas muerden la
cintura de sus orígenes.
Y nada puede Dios con los gorilas de las inmaculadas hijas de la muerte.
VI
No se muera, Señor. No se nos muera.
No quiebre su poder en los catetos del cáliz de una sombra.
Haga catetos con su hipotenusa.
Y viva muchos triángulos.
Viva todos los triángulos del triángulo para matar al triángulo.
Viva todos los triángulos del triángulo para matar al triángulo.
Viva todos los triángulos del triángulo para matar al triángulo.
Cantar Veintinueve:
A LA GRAN MADRE
I
Mi madre fue la ingénita. La ungida. La que sonó sus cascabeles de oro.
Tenía una falda llena de culebras para matar el tiempo.
Fue la madre de las culebras y del tiempo.
II
Cuando supo que una matricida.
III
Veinte Xaguares llenos de Serpientes.
IV
Veinte noches con ojos de Xaguar.
V
Veinte Serpientes que fueron hijas de la misma madre.
VI
¿Quién quiso asesinar los cascabeles de la danza?
¿Quién quiso asesinar los cascabeles de la muerte?
VII
Una culebra le brilló en los ojos el día de las culebras.
Y los xaguares se le amotinaron.
Y dijo Quetzalcóatl: ¡Que nazca el hijo!
Y que la muerte lo proteja.
VIII
¿Cuántos cuernos multiplicados por sus infinitos murieron al nacer?
¿Cuántas culebras estrangularon a su progenitora?
IX
Sólo una: la Danza. Panhuehuetles. Los teponaxtles. Tiempo de la muerte.
X
La primera culebra danzó llena de rabia todas las noches de la tierra.
XI
La última culebra soñó que se enroscaba en las desgarraduras del Destino.
XII
Y trabajó la danza con mil cuernos de mil culebras muy bellas y drogadas.
XIII
Y la muerte danzaba como Tigre en aquel mitin de locura.
XIV
Los hijos de las bestias son ángeles con cabezas de bestias.
XV
Los hijos de los ángeles son bestias con cabezas de ángeles.
XVI
Y no hay consagración en los fantasmas que ladran y asesinan.
XVII
Porque los óleos no penetran la podredumbre de los círculos.
XVIII
Porque sería maravilloso vivir en un manicomio de Santas.
XIX
Esta película pasaba en la noche de los cascabeles.
Esta película pasaba en la noche de los cascabeles.
Esta película pasaba en la noche de los cascabeles.
Cantar Treinta y Tres:
LA MADRE DE NOÉ ESTABA LOCA
I
Cuentan los periodistas del Destino que el padre de Noé tuvo cien hijos de la
primera amante de su madre.
Mil Demonios de mitomonstruológica estructura.
Cada uno atado de su cola.
También cuentan en sus editoriales perniciosos que la abuela de su tatarabuela.
Manicomios de manicomios por los manicomios igual a manicomios.
Una noche mandó quemar a sus tataranietos.
Tata tata de su tátaratata tata tata.
Y uno se salvó: fue el tabernero de la primera hija de la muerte.
La muerte bebe ron cuando consagra los epicentros de su ecología.
Y cuando es de números consume el epicentro de su plusvalía.
Allí fornicarás con el Destino.
Engendrarás quinientos manicomios de multiplicaciones sucesivas.
Serás la concubina de la muerte.
Y luego morirás de muerte llena de platónicos sexos amarillos.
Raíz de soledad. Segunda muerte. Los tálamos de Dios están vacíos.
Todos los manicomios están solos. Sólo Dios está en ellos cuando comulga con
la muerte.
Y allí perecerás. En la transmigración de los perros.
Y no consagrarás. Porque los perros están locos.
(Los hijos de los locos están locos.)
Y nadie les creyó. Todos tomaron en serio su locura.
II
Luego vino la otra potencia con un signo de quinientos gorilas muy peludos. El
asno de Caín volvió a la tierra con pelos en el culo. Y los cainitas se le
arrodillaron.
Y la mujer de Lot se hizo puta de azufre y de ceniza.
Por causa de Caín las sodomitas se hicieron incestuosas.
Y bebieron ajenjo con sus padres.
Con bálsamo de horror. Pero desnudas.
Y fornicaron por cincuenta veces. Y nuevamente se llenó la tierra de asnos y de
asnas.
III
Los asnos aprendieron del gorila heredo-alcoholizadamente asno.
Y las hijas de Lot lloraron una danza tristísima.
Los ángeles cortaron los penes de los hombres.
Y cogieron los perros por la cola para salvar al mundo.
IV
Pobres hijas de Lot. Qué mal las tradujeron al hebreo.
Se bebieron el cáliz de su llanto en sémenes podridos.
Y la ceniza fue de la ceniza. Espejo del amor de los espejos que vienen de las
sombras. Luz de sombras de las consumaciones de la muerte.
V
¿Tú conoces el sueño de Jehová cuando estás loco? ¿Qué droga te ayudó para
decirlo en bárbaros idiomas? ¿Se puede ser cristiano y sodomita? ¿Dios
habita tu Ser de perro muerto? ¿Los ángeles te cuidan, paranoico? ¿El asno
de Caín está en tus manos para salvar al mundo?
VI
Y luego engendrarás el Arca llena de toda la ceniza.
VII
Y dirás el Sermón del Manicomio para vírgenes locas que consumaron su
electromanía. No de Electra. Sino de Electra con sus electrones.
VIII
Nuevamente dijeron los periódicos: lloremos la ceniza.
Televisores de papel podrido dirán nuestra ceniza.
Y la muerte recitará la ciencia de un gorila: la palabra de Dios en un camello sin
agua y sin destino.
EPÍLOGO
EL ÚLTIMO PROFETA
I
Envuelto en escombros de túnicas.
Cuando la multitud vomite todos los escombros de todas las túnicas.
Cuando se corten la lengua los predicadores.
Cuando mueran los signos de los últimos cuadernos de la ceniza.
Cuando predique en la Sinagoga de la última ceniza.
Yo no vine a restaurar la ley.
Vine a quemarla.
Vine a leer los textos del hijo de las culebras.
Vine a dar testimonio de la huelga de las culebras.
Mi huelga de la vida me la ganó la muerte.
Yo me dije: que se detenga todo lo que nunca comienza. Lo que nunca
termina.
Yo soy el adjetivo de la muerte.
Soy la muerte que se murió de amor por otra muerte.
II
Yo soy el Minotauro que dibujó culebras de ceniza.
III
En el último día yo quemaré la Ley de la ceniza.
Porque no vine al mundo a restaurar la Ley.
Vine a quemarla.
IV
Que se suiciden todos los relojes de la congregación.
Que se suiciden todas las congregaciones.
Yo soy el texto del suicidio.
Yo vine a dar el texto del último suicidio.
V
Porque yo soy el último hijo de la muerte.
El que murió de amor por otra muerte.
VI
Yo vine a predicar los escombros de las palabras que murieron adentro de las
palabras.
Yo vine a predicar la última transmigración de las palabras.
De las palabras que murieron adentro de los ataúdes de las palabras.
De las palabras transmigradas en la última transmigración de las palabras.
VII
Porque los ataúdes crecerán como salmos de ceniza.
VIII
Porque la tierra será un inmenso salmo de ceniza.
IX
Porque la tierra será un tenebroso salmo de ceniza.
X
Porque la tierra será un macabro salmo de ceniza para que lo murmuren las
estatuas de la última noche de la ceniza.
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Verdaguer
Dimonis/ Demonios

Selección y nota de Enric Casasses
Versiones de Orlando Guillén

JACINT VERDAGUER “ESTRANYAT DE L’ESPECTACLE”
JACINT VERDAGUER “EXTRAÑADO DEL ESPECTÁCULO”
Tot just ara el 2002, al cap de cent anys de la mort del poeta, han sortit a la llum per primer cop els
famosos quaderns d’exorcismes de Verdaguer. No entenem com una obra ni que sigui incompleta d’un clàssic de la llengua
i de l’esperit com és Verdaguer hagi pogut dormir tant de temps a l’ombra. Devia fer por a l’església, o a certes persones
concretes. Els quaderns es conserven a la Biblioteca de Catalunya i a l’Episcopal de Vic, i a la coberta d’un d’ells algú
va escriure, en diagonal, amb llapis de cera, OJO! Ara surten finalment de la mà de l’editorial Barcino i com a
volum segon dels Quaderns de revelacions, exorcismes i visions. El primer volum va sortir fa anys i no té tant
d’interès. Aquest segon, sí. Es tracta dels apunts que Verdaguer prenia a l’arribar a casa després de participar en les
sessions d’exorcismes o d’oració, com en diu ell, i que potser, no obstant llur caràcter de pur esbós fet a
correcuita, al final seran una de les obres més importants i llegides de mossèn Cinto i de la història de l’espiritualitat
europea. Els dimonis, acorralats a base d’oracions, xerren, canten, diuen tot el que saben del món de l’esperit, que és el
seu. Els diables potser són dolents però són àngels (caiguts), és a dir, esperits purs que saben tot el que es fa i es
desfà al món de l’esperit i en conseqüència al nostre món de cada dia: saben que Jesús acabarà triomfant i que Verdaguer
és un sant. Un dels dimonis canta: “Ai Verdagué, jamai t’oblidaré”. Un dels malignes confessa que estarien disposats a
anar mil anys de genolls sobre espines si poguessin ser perdonats. La primera frase de la primera llibreta, i que podria
servir de títol puix que l’obra no té títol, és “Estranyat de l’espectacle”. Sigui quin sigui el seu títol, nosaltres en
diem Dimonis.
Espiritualment l’obra és un abisme com n’hi ha pocs i té moments, cal dir-ho, divertidíssims. La seva factura i la seva
llengua demostren que Foix va tenir raó d’escriure el 1918 que en la prosa de Verdaguer hi ha “un fons joiosament dadà”.
Efectivament, alguns paràgrafs tenen el to i la textura de la paraula com a tal, que dirien els futuristes russos
Krutxònikh i Khlébnikov: cantarelles, onomatopeies, paraules deformades, rimes rodolíniques (“Sant Josep és un esquilat de
clatell,/ que els que no vulguen llana invoquen a ell”, o aquell dimoni que diu: “O tu em diràs atràs Satanàs,/ o jo et
diré atràs Verdaguer”), i altres. L’estil de Verdaguer és “lliure i natural, però gens primitiu ni càndid”, deia Foix.
Els diàlegs de Verdaguer amb el maligne, amb el mal, són un llibre de l’amic i de l’amat però amb el diable.
Aquesta petita selecció de dites dels dimonis de Verdaguer podria ser molt més llarga, perquè a cada pàgina hi ha diversitat
de perles, poemes finíssims, o brutals, la mestria espiritual de Verdaguer en el seu aspecte més privat, més secret, més
íntim i per tant més deixat anar, més atrevit i m’atreviria a dir més bèstia. Aquí encara no va pròpiament en defensa
pròpia, aquí treballa en defensa del bé, de la realitat (la creació). A voltes hom diria que s’està armant espiritualment
per a la guerra que li ve. Havent intimat amb els dimonis, què t’han de venir a explicar el bisbe ni el marquès!
La tria que jo havia fet per a l’actuació a la plaça del Rei amb Neus Dalmau, el 2003, per a clausurar l’any Verdaguer i
començar el segle Verdaguer, ha estat traduïda ara al castellà per Orlando Guillén, de qui està a punt d’aparèixer al
Fondo de Cultura Económica la magna panorámica Doce poetas catalanes del siglo XX. El poeta i traductor
mexicà em comenta que si aquests dimonis haguessin aparegut, no ja en el seu moment, només que haguessin sortit fa 40
anys, en la famosa dècada dels seixanta, la marca hauria estat fortíssima en tots els que escrivíem o començàvem a
escriure aleshores. A mi em semblen un esdeveniment cultural de primera magnitud. De moment no en diu gaire res quasi
ningú, però ja va esclatant, ja va esclatant, la bomba. Senyors, al final s’ha desamagat el llibre que ens tenien amagat
del gran nostre clàssic, de Verdaguer! I si el tenien amagat és per una simple raó: pel que diu. En els nostres dies en què
els caps de la joventut són matxacats amb tantes menes de demagògia, els aniran bé unes poques paraules de veritat,
immunes al pas del temps, per la cara.
Verdaguer va convocar i convoca la unanimitat del poble i dels artistes al voltant de la seva obra, veritable
Renaixença de l’ànima de la poesia. Per dir-ho amb el mot de Blake, toca els cels com si fossin un instrument. Que és
una arpa, i entre les seves cordes veu la musa, d’una bellesa inexpressable en paraules, i l’expressa en paraules.
Aquesta musa és la terra, la natura, l’univers, sa mare, la bellesa, la Roseta del mas d’Eures, la bondat, el seu
poble petit, la veritat... i ell és tan humil com correspon al poeta més ambiciós que ha donat l’espècie: “¿Per què,
per què, enganyosa poesia,/ m’ensenyes de fer mons?/ Per què escriure més versos en l’arena?/ Platja del mar dels cels,/
¿quan serà que en ta pàgina serena/ los escriuré amb estels?”
Ara al cap de cent anys veiem que efectivament també havia fet el misteriós viatge interior (interior?) de la lucidesa
impublicable del qual avui oferim quatre retalls.
(En els Apunts de la casa d’oració tot el que va entre cometes i sense altra indicació són coses que diu el
maligne 1 (Satanàs) o el maligne 2 o qualsevol altre dimoni; quan Verdaguer escriu “diu” o “deia”, sense res més, el
subjecte és el diable. Aquests dimonis s’expressaven per boca de dones suposadament posseïdes, com la Marta Xica,
la Maria 1 i la Maria 2, i altres. Un parell o tres de capellans, entre els quals Verdaguer, els forcen a parlar amb
les oracions que els resen. D’aquestes, la primera és el Veni creator, cançó de bella partitura i que justament
comença així: Veniu, esperit creador. El qual esperit, com es pot veure, certament acudia a la crida)
Apenas ahora en 2002, a cien años de la muerte del poeta, han salido a la luz por
primera vez los famosos cuadernos de exorcismos de Verdaguer. No podemos comprender cómo una obra, aún
siendo incompleta, de un clásico de la lengua y del espíritu como Verdaguer haya podido dormir tanto
tiempo a la sombra. Debía de dar miedo a la iglesia o a ciertas personas concretas. Los cuadernos se
conservan en la Biblioteca de Cataluña y en la Episcopal de Vic, y en la cubierta de uno de ellos alguien
escribió con lápiz de cera, en diagonal, OJO! Ahora, finalmente, salen de la mano de la editorial Barcino,
y como volumen segundo de los Quaderns de revelacions, exorcismes i visions. El primer volumen
apareció hace años, y no tiene tanto interés. Este segundo, sí. Se trata de los apuntes que Verdaguer tomaba
al llegar a casa después de participar en las sesiones de exorcismo o de oración, como les llama él,
y que quizá a pesar de su carácter de puro esbozo hecho de prisa, a la postre serán una de las obras más
importantes y leídas del padre Cinto y de la historia de la espiritualidad europea. Los demonios, acorralados
a base de oraciones, desembuchan, cantan, cuentan todo cuanto saben del mundo del espíritu, que es el suyo.
Probablemente los diablos sean malos, pero son ángeles (caídos): es decir: espíritus puros que saben todo
lo que se hace y se deshace en el mundo del espíritu, y en consecuencia en el mundo nuestro de cada día:
saben que Jesús acabará triunfando y que Verdaguer es un santo: Uno de los demonios canta: “Ay, Verdagué,/
nunca te olvidaré”. Uno de los malignos confiesa que estarían dispuestos a andar mil años de rodillas sobre
espinas si pudiesen ser perdonados. La primera frase de la primera libreta, y que podría servir de título,
porque la obra no tiene título, es “Estrañat de l’espectacle”. Sea cual sea su título, nosotros le llamamos
Dimonis.
Espiritualmente esta obra es un abismo como pocos y tiene momentos, hay que decirlo, divertidísimos. Su factura y su
lengua demuestran que Foix tuvo razón al escribir en 1918 que en la prosa de Verdaguer se encuentra “un fondo
jubilosamente dadá”. Efectivamente algunos parágrafos tienen el tono y la textura de la palabra como tal,
como dirían los futuristas Krutchónij y Klébnikof: coplas, onomatopeyas, palabras deformadas, rimas pareadas
(“San José es un espabilado trasquilado del pescuezo,/ que los que no quieran lana lo invoquen por eso”,
o aquel demonio que le dice: “O tú me dirás atrás Satanás,/ o yo te diré atrás Verdagué”), y otros etcéteras.
El estilo de Verdaguer es “libre y natural, pero nada primitivo ni cándido”, según Foix.
Los diálogos de Verdaguer con el maligno, con el mal, son un libro del amigo y del amado, pero con el diablo.
Esta pequeña selección de dichos de los demonios de Verdaguer podría ser mucho más larga. En cada página hay diversidad
de perlas, poemas finísimos, o brutales; la maestría espiritual de Verdaguer en su aspecto más privado, más secreto,
más íntimo y por tanto más a su aire, más atrevido, y me atrevería a decir más bestia. Aquí todavía no anda propiamente
en defensa propia. Aquí trabaja en defensa del bien, de la realidad (la creación). A veces uno diría que se está armando
espiritualmente para la guerra que le espera. Habiendo intimado con los demonios, ¡qué te van a venir a contar el obispo
y el marqués!
La selección que había yo elaborado para la actuación en la plaza del Rey con Neus Dalmau, en 2003, para clausurar el
año Verdaguer y comenzar el siglo Verdaguer, ha sido traducida ahora al castellano por Orlando Guillén, de quien está a
punto de aparecer por el Fondo de Cultura Económica su obra panorámica “Doce poetas catalanes del siglo XX”. El poeta y
traductor mexicano me comenta que si estos demonios hubiesen aparecido no ya en su momento, nomás con que hubieran salido
hace cuarenta años, en la famosa década de los sesenta, la marca hubiera sido muy poderosa en todos quienes escribíamos
o comenzábamos a escribir entonces. A mí me parecen un acontecimiento cultural de primera magnitud. De momento casi nadie
ha dicho casi nada. Pero ya va estallando, ya va estallando, la bomba. Señores: ¡finalmente ha sido desescondido el libro
que nos tenían escondido de nuestro gran clásico, de Verdaguer! Y si lo tenían escondido es por una simple razón: por lo
que dice. En los días de hoy, cuando las cabezas de la juventud se ven machacadas por tantos tipos de demagogia, ya les
vendrán bien unas pocas palabras de verdad, inmunes por la cara al paso del tiempo.
Verdaguer convocó y convoca la unanimidad del pueblo y de los artistas alrededor de su obra, verdadera Renacencia del
alma de la poesía para todos los que escribimos en catalán. Para decirlo con Blake, toca los cielos como si fuesen un
instrumento, un arpa, y entre sus cuerdas ve la musa, de una belleza inexpresable en palabras, y la expresa en palabras.
Esta musa es la tierra, la naturaleza, el universo, su madre, la belleza, la Roseta de la quinta d’Eures, la bondad,
su pequeño pueblo... y él es tan humilde como corresponde al poeta más ambicioso que haya dado la especie: “¿Por qué,
por qué, engañosa poesía,/ me enseñas a levantar mundos?/ ¿Para qué escribir más versos en la arena?/ Playa del mar de
los cielos,/ ¿cuándo en tu página serena/ será que los escriba con estrellas?”
Ahora sí, al cabo de cien años, podemos comprobar que efectivamente Verdaguer también hizo el misterioso viaje interior
(¿interior?) de la lucidez impublicable de la cual hoy ofrecemos estos recortes.
[En los Apunts de la casa d’oració todo lo que va entre comillas y sin otra indicación lo dice el maligno 1
(Satanás) o el maligno 2 o cualquier otro demonio; cuando Verdaguer escribe ‘diu’ o ‘deia’ sin más el sujeto es el diablo.
Estos demonios se expresaban por boca de mujeres supuestamente poseídas, como la Marta Xica, la María 1, la María 2 y otras.
Dos o tres capellanes, Verdaguer entre ellos, los obligan a hablar con las oraciones que les rezan. De estas, la primera
es el Veni creator, canción de hermosa partitura que precisamente comienza así: Ven, espíritu creador.
Este espíritu como puede verse ciertamente acudía a la llamada.]
Enric Casasses
Dimonis
Demonios

“Si veiéssiu los mils magos que hi ha a Barcelona! A Sants solament n'hi ha 900”.
“¡Si vierais los miles de brujos que hay en Barcelona! Tan sólo en Sants hay 900”.
159: Que em curaria de tot, que recobraria la memòria i enteniment que se m’anava xuclant lo M[aligne], com ho
havia pronosticat dient: “Li xuclarem la salut, la memòria, l’enteniment i tot lo que té menos l’ànima”.
159: Que me curaría de todo; que recobraría la memoria y el entendimiento que me estaba chupando el M[aligno];
que ya lo había pronosticado diciendo: “Le chuparemos la salud, la memoria, el entendimiento y todo lo que tiene menos
el alma”.
165: Abans, amb tos versos donaves agrado a molts oídos, de grans i xics i savis i ignorants; agradaves a molts cors.
Ara has d’agradar a sols un cor: al Cor de Jesús. La Verge accepta els versos que li has dedicat, mes ara vol altra cosa.
165: Antes, con tus versos dabas contento a muchos oídos: a grandes y a chicos y a sabios e ignorantes. Agradabas a
muchos corazones. Pero ahora tienes que agradar sólo a un corazón: el Corazón de Jesús. La Virgen acepta los versos que le
has dedicado, pero ahorita quiere otra cosa.
172: “Lo món en general i tos coneguts estan tan fora de camí que si vegessen lo que escrius dirien que és lo més mal
fet de tos llibres, i això que el dicta Jesucrist. Tot hi és senzill, com que és obra del Senzill dels senzills. Qui ho
reprova, serà reprovat”.
172: “El mundo en general y tus conocidos andan tan desencaminados que si viesen lo que escribes dirían que es el
más mal escrito de tus libros, y eso que lo dicta Jesucristo. Todo en él es sencillo, como que es obra del Sencillo
de los sencillos. Quien lo reprueba, reprobado será”.
205: “Jesucrist te diu: ‘Ets l’únic que has respost a la primera veu; no sies sord a la segona. No sies repropi’ ”.
205: “Jesucristo te dice: ‘Eres el único que ha respondido a la primera llamada. No seas sordo a la segunda. No seas rejego’ ”.
206: “Nosaltres te farem la guerra: fins les arenes del mar farem caminar per perdre la causa, i el dia que tingues lo peu pla, la sorra mateixa vindrà contra tos ulls per enterbolir-te”.
206: “Nosotros te haremos la guerra: hasta las arenas del mar echaremos a andar para perder tu causa, y el día que vayas a pie firme la arena misma vendrá contra tus ojos para enturbiarte”.
211: “La meitat de les mestresses de les cases dolentes són magues. Quina alegria pel sacerdot lo convertir una d’aqueixes pecadores o, si no, destorbar ses influències! Però el capellà no es cuida d’aquestes coses”.
211: “La mitad de las regentas de las casas non sanctas son brujas. ¡Qué alegría para el sacerdote convertir a una de estas pecadoras, o cuando menos estorbar sus influencias! Pero el capellán no es quien se ocupa de estas cosas”.
214: “Mentre estaves molt flac, Jesucrist te posava barreres petites; ara que ets més fort, te’n posarà de més grosses”.
214: “Cuando estabas muy flaco, Jesucristo te ponía barreras pequeñas; ahora que eres más fuerte, te las pondrá más grandes”.
216: “Sentireu dir cada punt: ‘Ara no n’hi ha de miracles com en temps dels llanuts’. Si l’home no veu miracles —és Déu qui us ho diu i no só jo—, si l’home no veu miracles és que ja està cego; és que a la terra ja no hi ha més que iniquitat, ràbia, furor i pecat”.
216: “A cada rato oireis decir: ‘Ya no hay milagros hoy como en los tiempos de los simples’. Si el hombre no ve milagros –es Dios y no yo quien os lo dice-, si el hombre no ve milagros es porque ya está ciego; es porque en la tierra no hay más que iniquidad, rabia, furor y pecado” .
221: “La Candelera t’ha dat la candela ben llarga, a tu, ja pots estar content. I encesa, que te l’ha donada!” “A tu sí que et va florir lo lliri; a tu sí que et va sortir lo sol al mig del dia”.
221: “A ti La Candelaria te dio la vela muy larga, ya puedes estar contento. ¡Y te la dio encendida!” “A ti sí que te floreó tu lirio; a ti sí que te salió el sol a mediodía”.
223: “No vol gaire habilitat lo batallar quan les bales van per l’aire. La gràcia està en batallar quan les bales te toquen”.
223: “No requiere mucha destreza batallar cuando las balas van por el aire. La gracia está en batallar cuando las balas te rozan”.
226: «A l’hospital i a la presó/coneixeràs ton companyó”.
226: “En el hospital y en la cárcel/ se conoce a los amigos”.
229: “Senyor, jo vaig a la guerra però em falta la sella, l’arma i el vestuari; donau-m’ho, si us plau. No pareu de dar-me lo vestit, des de les calcilles o calçons fins a la barretina. D’arma no en tinc, me l’he deixada robar; donau-me’n, Senyor, i feu que el meu germà també agafe l’arma contra qui ens ho roba tot”.
229: “Señor, me voy a la guerra, pero me falta la silla de montar, el arma y la soldada del vestuario; dámelos tú por favor. No dejes de darme el vestido, desde las calcetas o los calzones hasta el sombrero. Arma no tengo; permití que me la robaran; dame una, Señor, y haz que mi hermano también tome su arma contra quien todo nos roba”.
230: “Heu vist mai ningú al catafal del suplici? Mirau si té ganes de riure. Doncs l’home està al catafal i riu. Vosaltres, que ho sabeu, plorau”.
230: ¿Habeis visto alguna vez a alguien en el tablón del cadalso? Mirad si tiene ganas de reír. Pues el hombre está en el tablón del cadalso y ríe. Vosotros que lo sabeis, llorad”.
233: “Creu i practica, i agrega’t a l’Amic, i llança’t al mig del carrer”.
233: “Cree y practica, y únete al Amigo, y lánzate a media calle”.
237: Deia fa pocs dies: “En altre temps, sempre movíem guerres; avui som amics de la pau: nos va millor encara”.
237: Decía hace unos días: “En otros tiempos solíamos promover guerras; hoy somos amigos de la paz: nos va mejor todavía”.
Havent-li jo dit: “Anau a l’infern”, respon: “Ja no n’hi ha de dimonis a l’infern; tots som a la terra. L’infern està per llogar: sempre hi enviem estadants”.
Habiéndole yo dicho: “Idos al infierno”, repuso: “Ya no hay demonios en el infierno. Todos estamos en la tierra. El infierno está en alquiler: siempre estamos enviando inquilinos para allá”.
238: Me diuen que aquest matí cantava:
“Ai Verdagué,
jamai t’oblidaré”.
238: Me cuentan que esta mañana él cantaba:
“Ay Verdagué,
jamás te olvidaré”.
239: “La Sagrada Família serà el verdader bastó que us donarà auxili, protecció, consol i pinso. Tot això serà la pala per treure el pa del forn. La causa està molt inflamada”...
239: “La Sagrada Familia será el verdadero bastón que os dará auxilio, protección, consuelo y pienso. Todo eso será la pala para sacar el pan del horno. La causa está que arde”...
241: “Vosaltres dieu: “Déu ho arreglarà.” Sí, ho arreglarà, però amb lo suor de les criatures”.
241: “Vosotros decís: “Dios lo arreglará”. Sí, lo arreglará, pero con el sudor de sus criaturas”.
242: “Cada paraula sia un dall que rompa les cadenes que dinen [sic] al cor de l’home. Hi dinen, prenen cafè i agafen silló”.
242: “Cada palabra sea un tajo de guadaña que rompa las cadenas que comen en el corazón humano. Allí comen, toman café y agarran sillón.
246: “Lo veure la veritat fa ordinari, fa grosser”.
246: “Ver la verdad vuelve ordinario, vuelve grosero”.
247: Al mot de l’Evangeli de sant Lluc Gaudete autem quod nomina vestra scripta sunt in cœlis, diu: “Això ningú ho entén, fins los més savis estan a la beabà. Ba, be bi, bo, bu”, ridiculisa als que llegeixen l’Escriptura sense fixar-s’hi.
“Fill, no meu, no: fill de la Pastoreta, fill de la flor espiritual, que n’hi costes de dolors a la Mare!”
247: Delante de la palabra del Evangelio de san Lucas Gaudete autem quod nomina vestra escripta sunt in cœlis, dice: “Esto no hay quien lo entienda; hasta los más sabios están en el silabario. Ba, be, bi, bo, bu”; ridiculiza a quienes leen la Escritura sin fijarse en lo que leen.
“Hijo, mío no, no: hijo de la Pastorcita, hijo de la flor espiritual, ¡que dolores cuestas a tu Madre!”.
248: “Digues: ‘Qui intenta fer-me obeir, haja de ser l’autor de fer-me obeir’ ”.
248: “Tú di: ‘Quien intenta hacerme obedecer, que sea también el autor de hacerme obedecer’ ”.
262: “Lo món està en la mortalla i en lo desvari pròxim de la mort, amb un derrame al cervell, amb un derrame a la intel·ligència i amb un derrame a la voluntat, i en lloc de plorar, canta, i com que no es veu lo mal, no s’espanta”.
262: “El mundo está en la mortaja y en el desvarío prójimo a la muerte, con un derrame en el cerebro, con un derrame en la inteligencia y con un derrame en la voluntad, y en lugar de llorar, canta, y no viéndose su mal, no se espanta”.
265: “Jesucrist mateix te diu: ‘Confia en mi, que jo et manejaré el ser’ ”.
265: “Jesucristo mismo te dice: ‘Tú confía en mí, que yo te dirigiré el ser’ ”.
267: “Que et penses que el peu sagrat m’ha d’apretar poc la banya per fer-me vomitar aquestes veritats?”
267: “¿Y tú crees que el pie sagrado poco me ha de apretar la cornamenta para hacerme vomitar estas verdades?
272: “Lo sol sempre l’home el veu lleganyós; la lleganya té moltes pretensions”.
272: “Al sol el hombre siempre lo ve lagañoso; la lagaña tiene muchas pretensiones”.
277: “La font de cobrar la saviesa és estroncada, la font de la salut està glaçada i la font de les virtuts té espatllada la canonada”.
277: “La fuente de adquirir la sabiduría se ha secado; la fuente de la salud está congelada y la fuente de las virtudes tiene estropeada la cañería”.
290: “Ja vas enterrant lo respecte humà. Ja tens dues soles dobles a les sabates; si arribes a posar la tercera ben clavada, no relliscaràs i estaràs llibert”. “A on la trobaré?” “Esmolant lo machete”.
290: “Ya casi entierras dar importancia a lo que los demás digan de ti. Ya tienes dos suelas dobles en los zapatos; si llegas a ponerles la tercera bien clavada, no resbalarás, y libre serás”. “¿En dónde la encontraré?” “Afilando el machete”.
304: “A molts lo llegir los servirà per dur unes bones ulleres”.
“Qui és tonto i la Saviesa divina no hi està renyit, cava molt fondo”.
304: “A muchos leer les servirá para ponerse unas buenas gafas”.
“El que es simple y no está reñido con la Sabiduría divina, cava muy hondo”.
314: “Jesús, la flor de la saviesa, va passar per ximple. Si vols medalla, passa per lo que Ell va passar per dar la salut als homes. Lo demés del món és una bufada de tabaco”.
314: “Jesús, la flor de la sabiduría, pasó por simple. Si quieres medalla, pasa por lo que El pasó para dar la salud a los hombres. Lo demás del mundo es una vaharada de tabaco”.
315: Al ser jo fora, digué de mi: Ha de renyir amb lo món per estimar lo món».
315: No estando yo presente, dijo de mí: “Tiene que reñir con el mundo para amar al mundo”.

338: “Vosaltres estau al mig de la batalla. Si reculau per por de gana, de gana morireu; si reculau per por de set, de set morireu; si reculau per por de ser pobres, de pobresa morireu. No reculeu. Jesús vos ho diu. D’allò que reculareu, d’allò no us faltarà”.
338: “Vosotros estais en medio de la batalla. Si reculais por miedo al hambre, de hambre morireis; si reculais por miedo a la sed, de sed morireis; si reculais por miedo a ser pobres, de pobreza morireis. No reculeis. Jesús os lo dice. De aquello que reculareis, de ello no os faltará”.
341: “Sant Josep és un esquilat de clatell,
que els que no vulguen llana invoquen a ell”.
341: “San José es un espabilado trasquilado del pescuezo,
que los que no quieran lana lo invoquen por eso”.
344: “Déu, nostre Senyor, deixa fer als dimonis alguna vegada, perquè ells mateixos nos donen llum”.
344: “Dios, nuestro Señor, deja alguna vez hacer a los demonios, para que ellos mismos nos den luz”.
356: “No et descuides de dir-me sempre ‘A tras!’ O tu em diràs ‘A tras, Satanàs!’, o jo et diré: ‘A tras, Verdaguer!’ ”.
356: “Nunca te olvides de decirme ‘¡Atrás!’ O tú me dices ‘¡Atrás, Satanás!’, o yo te dire: ‘¡Atrás, Verdaguer!’ ”.
358: “Jesús traurà la tapadora com se trau lo tap d’una gasseosa. Lo valor de la veritat lo tirarà en l’aire”.
358: “Jesús sacará la tapa como se saca el tapón de una gaseosa. El valor de la verdad hará saltar el tapón por los aires”.
359: “Tu sempre vés per posar un pedaç a l’home que ja no té cura”.
359: “Tú mira siempre de poner un remiendo al hombre que ya no tiene remedio”.
362: “No us canseu mai de la mateixa set”.
362: “No os canseis nunca de la misma sed”.
363: “La manxa d’amor destruesa el furor”.
“Nosaltres entram per les cases, destapam la cassola i ens prenem lo millor tall. Com ningú ens diu ‘Alto!’, Déu nos deixa fer”.
363: “El fuelle del amor destruya el furor”.
“Nos metemos en las casas, destapamos la cazuela y cogemos para nosotros la mejor presa. Como nadie nos dice ‘¡Alto!’, Dios nos deja hacer”.
366: “Jo só la màquina d’escórrer els cors. Quan los tinc escorreguts, los omplo de lo meu: los omplo de duresa, de tirania, de furor i venjança. Quan tinc los cors plens dels meus amaniments, ja no tinc por de res. Entro i surto d’allà on vull”.
366: “Yo soy la máquina de exprimir vuestros corazones. Cuando los tengo escurridos, los lleno de lo mío: los lleno de dureza, de tiranía, de furor y venganza. Cuando tengo vuestros corazones llenos de mis aderezos, ya no tengo miedo de nada. Entro y salgo de allá donde quiero”.
368: “Maria plora pels gossos muts, pels que han perdut la paraula. Sí, lo clero està lligat del govern i el govern està aliat a l’infern. Lo govern som nosaltres. Pregau sobre el clero, que veja el gep que el fa anar geperut”.
368: “María llora por los perros mudos, por los que han perdido la palabra. Sí, el clero está ligado al gobierno y el gobierno está aliado con el infierno. Nosotros somos el gobierno. Rogad por el clero, que vea la corcova que lo hace andar corcovado”.
376: “Com m’he tornat”, me diu a mi. “Abans te seguia sempre, com ho vares experimentar amb aquell vas de llet que et vaig emmetzinar. I, ara, la meitat del temps no sé ont ets”.
376: “Cómo me he vuelto”, me dice a mí. “Antes te seguía siempre, como pudiste experimentarlo con aquel vaso de leche que yo te envenené. Pero ahora la mitad del tiempo no sé dónde estás”.
389: No recordo amb quin motiu he dit al maligne Judas: “Vés a l’infern!” “No m’ho manen encara”, m’ha respost. “Abans s’ha d’aterrar la iglésia de Santa Maria, d’allà vora el Born. S’ha d’aterrar i, per cert, estarà plena d’ovelletes”.
389: No recuerdo con qué motivo le dije al maligno Judas: “¡Vete al infierno!” “No me lo ordenan todavía”, me respondió. “Antes se habrá de venir abajo la iglesia de Santa María, la de allá junto al Born. Se vendrá abajo, y por cierto, estará llena de ovejitas”.
392: “Hem fet un robo de dinamita per tirar a terra iglésies. Ja ho veureu en los diaris. Conjurau-ho i destruïu-ho, ja que teniu poder. Lo govern cerca els lladres; li costarà de trobar-los perquè som nosaltres”.
392: Cometimos un robo de dinamita para echar abajo iglesias. Ya lo vereis en los diarios. Conjuradlo y destruidlo, ya que teneis poder. El gobierno busca a los ladrones; le costará encontrarlos porque fuimos nosotros”.
396: Diu lo maligne 2 que anaven a moure un terratrèmol en lo pla de Barcelona, destruint aquesta ciutat, fins a la plaça de l’Àngel —tal volta per temor de l’àngel custodi de la ciutat. Diu que nostres conjurs ho han aturat. Diu que l’aigua dels pous n’han dat senyal, com és ver, havent pujat molt de nivell aqueixos dies. Diu que hi ha tres esquerdes en la muntanya més alta del voltant —Tibidabo? Los diaris també han parlat d’això, donant-ho com a notícia de poble, mes lo Dr. Montseny, que ho examinà, no en veié res.
396: Cuenta el maligno 2 que iban a provocar un terremoto en lo llano de Barcelona, destruyendo esta ciudad, hasta la plaza del Angel –tal vez por temor al ángel custodio de la ciudad. Dice que nuestros conjuros lo detuvieron. Dice que el agua de los pozos dieron señal, como es cierto, habiendo subido mucho de nivel por esos días. Dice que hay tres resquebrajaduras en la montaña más alta de los alrededores -¿el Tibidabo? Los diarios también han hablado de esto, dándolo como chisme de pueblo, pero el doctor Montseny que lo examinó, no vio nada.
400: Me diu a mi, veient-me escriure: “Fas molts gargots, però, baix la bona voluntat teva, un dia Jesucrist ho escriurà per tu”. Digues-li tu ara: “Acceptau, Senyor, aquestos gargots que faig per honrar-vos a vós”...
400: Me dice a mí, viéndome escribir: “Haces demasiados garabatos, pero viendo tu buena voluntad, un día Jesucristo lo escribirá por ti”. Dile tú ahora: “Aceptad, Señor, estos garabatos que garabateo para honraros”...
401: La Maria 2 posa els peus al coll de la Maria 1. Mossèn Joaquim la vol fer posar en orde, mes lo mal[igne] li respon: “Això és per ensenyar-vos a vosaltres com tenim lo peu al coll dels capellans”.
401: María 2 pone los pies en el cuello de María 1. El padre Joaquim la quiere poner en orden, pero el mal[igno] le responde: “Esto es para enseñaros que tenemos el pie en el cuello de los capellanes”.
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Ilustraciones Cuadros y dibujos de Rilke Guillén Roca http://rilkeguillen.spaces.live.com/
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Poema LXIV

Lo temps és tal que tot animal brut
requer amor, cascú trobant son par:
lo cervo brau sent en lo bosc bramar,
e son fer bram per dolç cant és tengut;
agrons e corbs han melodia tanta
que llur semblant, delitant, enamora.
Lo rossinyol de tal cas s’entrenyora
si lo seu cant sa enamorada espanta.
Es llegado un tiempo tal que todo animal bruto
busca amor, cada uno encontrando su par:
se oye al gran ciervo en el bosque bramar,
y por dulce canto es tenido su fiero bramido;
garzas y cuervos arman melodía tanta
que a sus parejas, deleitosa, enamora.
De tal caso el ruiseñor se ha entristecido
pues este canto a su enamorada espanta.
E, doncs si•m dolc, lo dolre’m és degut
com veig amats menys de poder amar,
e lo grosser per apte veig passar:
amor lo fa ésser no conegut.
E d’açò•m ve piadosa complanta
com desamor eixorba ma senyora,
no coneixent lo servent qui l’adora,
no vol pensar qual és sa amor ne quanta.
Luego entonces, si me duelo, mi dolor es debido
a que amados veo sin poder de amar,
y a que veo pasar por idóneo lo grosero:
amor le deja ser no percibido.
Y de aquí me viene piadoso lamento
porque desamor ciega a mi señora;
no sabiendo quién es el siervo que la adora,
no quiere saber cuál es su amor ni cuánto.
No com aquell qui son bé ha perdut,
metent a risc si poria guanyar,
he vós amat que•m volguésseu amar:
deliberat no só en amor vengut.
Tot nu me trop, vestit de grossa manta;
ma voluntat, amor la té en penyora,
e ço de què mon se adolora
és com no veu ma fretura que és tanta.
No, como aquel que su bien ha perdido
corriendo el riesgo porque podía ganar,
os he amado porque me podíais amar:
premeditado no soy en amor sobrevenido.
Desnudo me hallo, vestido con manta gruesa;
mi voluntad, amor la tiene en prenda,
y lo que de mí se ha condolido
es que mi mucha pena no advierta siendo tanta.
Tornada
Llir entre cards, ab milans caç la ganta
i ab lo branxet la llebre corredora:
assats al món cascuna és vividora.
E mon pits flac lo Passi de Rams canta.
Tornada
Lirio entre cardos: con milanos cazo la cigüeña
y con falderillo a la liebre corredora:
de larga vida gozan ambas en el mundo.
Y mi pecho flaco la Pasión de Ramos canta.
Ausiàs March
Versión: OG
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Respuestas para Hipócritas
Enric Casasses
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Verdaguer
Dimonis/ Demonios
Selección y nota de Enric Casasses
Versiones de Orlando Guillén

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RILKE GUILLEN ROCA O LA PINTURA
COM LA MÀ QUE ES TRAU A DÉU DEL VENTRE
Andreu Subirats

En una realitat simultània i dispersa que el color i el traç recullen a flor de mar, a flor de terra,
a flor de somni i a flor d’univers com la vida passa mentre la dona pareix el somni en l’espai d’allò
que fineix i d’allò que roman, l’obra plàstica de Rilke Guillen Roca és fruit de mar i de fembra, de terra
i de mar, de somni còsmic, i és obra que es desdobla en realitats simultànies i disperses que s’aboquen en
una realitat que ens conté i ens rebutja incessant i ens atura davant l’instant original de la creació, que
és allò creat creant-se i recreant-se en una realitat simultània i dispersa en l’espai tràgic, amorós i dramàtic
que la pintura s’apropia talment un món dins el món de tot allò que és i s’expressa i és ensems solitari i
simultani i dispers com ho és la realitat total i moridora. Tot això hi és present en el seu dibuix i en la
seva pintura, on la figuració, l’abstracció, el mite i la realitat s’abracen en una al•legoria de vida viscuda
i vida imaginària, simultània i dispersa, com la mà que partereja Déu i les deeses creades.
En l’obra d’aquest jove artista mexicocatalà, espiritual i vitalment format entre dos maneres de ser, de pensar
i de sentir que en ell han petjat dos paisatges humans i d’entorn, dos paisatges que són dos i són u, entreveiem
una densa capa lúdica d’angoixa existencial sempre indagant i sempre insatisfeta a causa de la seva vocació de
recerca transcendent del propi absurd i de l’absurd absolut que s’imposa sobre fons estel•lars o abismals o
terrestres o onírics i s’estén en una poderosa dimensió eròtica que és alhora resposta d’origen a la vida, deu
d’amor i de l’acte creador i crit rauc de permanència vivaç i joiosa davant la mort.
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Por sus textículos lo reconocereis
Roberto Godínez Navarijo

México, 28 de octubre, 2006.-¿Quién es Orlando Guillén? No un renegado buscapleitos
ni menos una especie de ogro que embriagado de sí mismo se obsesionara en arrojar piedras a los cristales de
Palacio, como sus detractores lo pintan, de la calumnia sacando raja. Pero la obra de Orlando Guillén ha
provocado la estampida de los hipócritas y la verdad se viene abriendo paso y es imparable. Orlando, como
sintetiza Enric Cassases, es un Poeta con mayúsculas: un escritor, periodista y dramaturgo que ante el
acoso del Estado mexicano por motivos de opinión incontestable, decidió defender su obra con aquello que
la sostiene: con su propia vida. Eso y más que eso documenta su libro La estampida de los hipócritas
(carta pública al presidente Fox), Muerte bastarda en Barcelona y otros textículos, recientemente publicado en
México por Ediciones Le Prosa y Ediciones y Distribuciones Culturales, presentado en julio en el Club de
Periodistas de esta ciudad de México y en El Horiginal de Barcelona el 28 de septiembre. En la presentación
mexicana en el Club de Periodistas acompañaron al poeta los escritores Mario Raúl Guzmán, Max Rojas y Gonzalo
Martré, mientras el pintor Orlando Díaz realizaba un cuadro efímero con el tema de la estampida hipócrita.
En la presentación en Cataluña estuvieron con el autor presentes Dolors Miquel (flamante y llameante ganadora
del premio Gabriel Ferrater de poesía) y Enric Casasses (autor entre otros títulos de “Canarios fosforescentes”
y consultor en catalán y epiloguista de “Doce poetas catalanes del siglo XX”, libro este último que
“La estampida” defiende de manera inobjetable). El pintor mexicanocatalán Rilke Guillén Roca fue en Barcelona
el encargado de realizar con el mismo tema que Díaz un cuadro efímero necesariamente original y distinto.
Es a partir de la publicación de textos cargados de agudeza e ironía -en donde pone por los suelos a la cúpula
cultural mexicana desvelando su falsedad y su putrefacción- que Guillén es gradualmente segregado y finalmente
vetado en los medios de comunicación, y privado de su derecho al trabajo y a la vida, a tal grado que sus libros
de teatro y poesía le son retenidos por las instituciones públicas encargadas de publicarlos (en forma obligada,
tanto por su valor intrínseco como por estatuto y por contrato). Orlando ha resistido en condiciones oprobiosas.
Así realiza diversos actos de protesta, se encadena públicamente y da lecturas de poesía a cielo abierto,
escribe una carta pública al presidente en defensa de sus derechos fundamentales y la distribuye en ediciones
de mano. En tanto, los medios y el presidente callan.
A la luz de las velas y en muchas ocasiones forzado a escribir a mano, Orlando completa entre 1999 y 2004 un
trabajo de vida: “Doce poetas catalanes del siglo XX”, una antología de libros enteros de los poetas catalanes
más representativos del siglo pasado (Carner, Guerau de Liost, Riba, Vinyoli, Ferrater, Estellés, Maria-Antònia
Salvà entre otros) traduciéndolos al castellano; sin embargo persiste el bloqueo, y pese a la relevancia
internacional y al apoyo de las instituciones catalanas de y a la obra, esta es burdamente descalificada en
un principio, luego pretendidamente mutilada, y finalmente retenida indefinidamente por el Fondo de Cultura
Económica, por lo que presenta querella penal contra esta editorial de Estado.
Hay que decir que la Poesía sabe retribuir a quien le sirve y es la prensa catalana quien dimensiona y valora a
cabalidad el trabajo de Orlando (¿quién mejor si no los poetas catalanes para calificar la traducción de su
propia lírica?). Pero la necedad y el miedo escénico de los hipócritas les lleva a omitirlo de la Feria del
libro de Guadalajara en su edición de 2004 dedicada precisamente a la cultura catalana y en la que,
irremediablemente, Guillén hubiera tenido un papel protagónico. Y lo tuvo, pero exhibiéndolos en lo que nada
valen, y con riesgo manifiesto de su vida.
Orlando Guillén sostuvo casi a punto de cumplir 60 años y en precarias condiciones de salud un ayuno de
conciencia por ocho días y medio a las mismísimas puertas de la Feria. Allí recibió la solidaridad de los
escritores de Guadalajara y de los jóvenes universitarios y de la de más de uno de los ponentes, gestos
indicativos del lado en que se asentaba la razón. Fugazmente se consignó el hecho en algún noticiero televisivo
y mezquinamente en algunos periódicos, pero su repercusión nacional e internacional todavía no cesa.
Con la presentación de este caso de persecución de Estado a un escritor ante la Comisión Interamericana de los
Derechos Humanos y con la publicación de La estampida de los hipócritas el autor da por concluida (es decir:
dejándola en manos de la justicia internacional) la defensa de su obra en México y se autoexilia en Barcelona,
donde realiza actualmente otro tipo de acciones por la publicación de “Doce poetas catalanes del siglo XX” y
prepara una lectura maratónica de este libro monumental y panorámico de la poesía de su título para la segunda
mitad de noviembre.
En la primera parte de “La estampida” se reúnen los documentos que dan cuenta de esta historia infame y de
todas las instancias a las que Orlando Guillén llamó sin obtener respuesta a tomar cartas en el asunto, y
hablan por sí mismos. Leerlos es atender a la razón que le asiste. Por sus textículos lo conocereis.
La segunda parte es un muestrario no exhaustivo y ni siquiera riguroso pero sí contundente del trabajo
periodístico, de crítica teatral y literaria, de opinión libre y de traducción que el maestro ha llevado a cabo
a lo largo de un gran tramo de su vida.
La importancia del libro radica no sólo en la denuncia que hace un escritor del atropello a sus derechos
fundamentales y de la impunidad con la que actúa la gente del poder en un país que se ostenta democrático y es
fraudulento y defensor de la libertad de expresión y es censor operante; también es relevante por ser testimonial
de lo que puede la valentía civil y solitaria cuando la asiste la razón y el derecho. Poeta, Orlando Guillén es y
ha sido un hombre decidido a defender a toda costa su obra, su verdad y a final de cuentas su vida.
A quien llevado por los fantasmas de la propaganda de los detractores del poeta pretenda hallar en La estampida
el insulto fácil o el chismorreo político, desde aquí le advertimos que al autor no le interesan ni el chantaje
ni la fama escandalosa. La estampida de los hipócritas es un libro que apela a la inteligencia, a la conciencia
y a la sensibilidad del lector, a su buen humor y a su memoria civil y humana. Porque, finalmente, Orlando Guillén
es un Poeta.
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«Jeta de Santo». El Abate Las Patas
Orlando Guillén
Por encima del poder de la anecdótica que ni a magia de carpa llega y porque
«Por mi culo que no sé el comején que signifique esto/ Pero alma frente a cuerpo/ Como perro sumergido en perra/
Juro que este instante me destaza/:: me transforma ::», diré con toda la jeta por pie de Mañanita que de lo demás
me callo, y por festín de sapo que Mario Santiago en Jeta de Santo es, concisamente, sí, Mario Santiago. El Abate
Las Patas. Hasta acá sube el hedor andante del cazador equivocado de su propio blanco, e ingenuo, no inocente;
e indefenso vividor que fue de infiernos ciertos en los 2 bolsones de la miseria del mundo reducto a sus andanzas,
por aquellos puntos por donde y hasta donde le fue posible patearlos; y por contraparte en «¿Quién eres? Soy 1
extranjero para dios/ para la policía/ para mí mismo», el resuello de su ancha respiración asmática de júbilo
simultáneo de amor y de belleza de todo lo vivo que quieras que no te incluye en versos de aristas de metal
nervioso que hasta plagiando al prójimo te incluyen y se mueven largos, mayestáticos recargándose en vuelo o al
contraerse y disparar, verdes y sinuosos como gusano de muertos o gargajo potencioso de polen de ala de culebra.
Aquí está, sí, Mario Santiago, y no el laboreado ficto famoso Ulises Lima que buscarán en vano los afanosos de
toda mitificación. No saben tales hurgantes que si hurgan el montón aparcado por los antólogos tampoco lo van a
hallar, pero poco o nada les importa: la verdad no es propósito natural de su pesquisa, porque de ellos es la
corola de la flor de los pesos medios, a mucha honra y enjundia. Cosa de ellos. O allá ellos. Pero El Abate
verdadero no da recurso a la decepción a quienes se lo permiten, y en eso es como un mago borracho dentro de
una bola de cristal que se tambalea, cae y se hace añicos que gritan retorciéndose en ojos y espejos diminutos
de vida y de conciencia; y a quienes no, les pone cráneo en la recámara la bala dilemática de inventárselo o
retornar a la fuente de su progenie que es pública y camino es llano que no cuesta. Y que quienes se queden,
que se queden. En todo y no sólo en lo que entre estas líneas se comprenda o se intuya, la verdad no es dinero
gratis y sólo os hará libres si la conoceis y sois consecuentes con su conocimiento. Por eso mismo no os la digo
y, en cambio, os conmino a que la perrieis allí donde esté o ande. Mario Santiago está en este libro que lo
antologa, y eso en sí, que no es mérito porque tal es su deber, es una excepción que rompe el resto de la regla
general al día, y deslastra por tanto cualquier fantasmagoría al abordaje. Lo digo en pleno acuerdo en este
criterio de a kilo con Mario Raúl Guzmán y Rebeca López. Dar El Abate de carne y hueso humanos, expreso por los
hitos poéticos que marcan su andadura antitrágica espiritual, espirituosa y sobre todo real, y dar persona
tangible en el patín de la vida, ha sido pues el criterio de los antólogos para seleccionar sustancia sangrienta
espiritual de la carne y médula dúctil pero no maleable del hueso de música poético del autor, sin eliminar por
exceso de celo chirridos y ripios en poemas que deben estar por razones no musicales (lo contrario sería querer
darlo sin evolución y sin defectos y omitir virtudes específicas por defecto de otros, más cuando no existe
obra sin defectos, y aquí son útiles muchas veces para soportarse a su escritura libérrima); y así nos entregan,
con este libro, de los alrededor de 1500 poemas que constituyen la obra en manos rebequiles de Mario Santiago,
solamente 161 que son a esa obra núcleo, cosa imprescindible por distintos motivos, casi diría sin ninguna
excepción y quizá sin omisión, porque ahora no me voy a poner a pespuntear detalle y precisar. La edición,
de portada sólo para gambusinos tenaces de Eldorados del verso y casi imperceptible al público lector normal,
lo cual no creo que sea intencionado, es del Fondo de Cultura Económica, Madrid y no México, lo cual no creo
que sea intencionado, 2008. MRG escribió también el prólogo. Su presencia me releva de antecedentes y referencias
poéticos y de circunstancia, y de entrar en voluntad y extensión o alcances de estilo. No del todo o quizá mucho
menos de intención de espíritu.
Jeta de Santo viene de jeta de Santiago; o sea: es título de autor y es valor añadido a los antologadores
que no sea de magín de ellos o de alguno de los dos. Así, aquello que en tanto enunciado revela
es revelador sin matices.
Indica no una «condición de» sino una «actitud de»: un desplante de Black Shadow enmascarado de plata,
un cinismo de moraleja; una disposición a llevar y ostentar en vivo una santidad secreta y abstracta,
autoasignada, como jiba de carga concreta porque sí o por güevos de tiranuelo de Narciso. Una ‘santidad’
insoportable, e insostenible para cualquier otro; una ‘satánica-santidad’ de «poeta-dios». Esto que es
individual y prófugo, en su propio reino antitrágico se agota y fagocita y fagota: es chicotazo sólo del
vuelo de su látigo, por más que quiera o no quiera expandir lo suyo a los demás. Pero para «tener la jeta»
extrema de cargar con una mascareta de este tajo a filo hasta la muerte en las relaciones de trato y obra con
todo y con todos, hay que tener jeta. Y para jeta la Jeta de Santo de El Abate Las Patas. Y algo más que jeta
también. Luego: no quiere decir todo lo dicho que Santiago no fuera «verdadero» en el sentido de «auténtico»
sino simplemente que no era santo ni se proponía serlo y sí en cambio ser poeta y con aquella máscara ir a misa
negra. Asumir pues gesto y figura y no sustancia de santidad es de hecho o una renuncia o un desprecio a la
santidad como proyecto de vida trascendente y de mundo; gesto y figura que borda ausencia de compromisos de
práctica y ética. La santidad es ejercicio espiritual y de mundo que como la poesía es cuestión de ser y no de
parecer, querer ser o ganar remotos lotes de eternidad en los jardines de muertos metavitales. Es vivir la
experiencia de ser divino, de tener en casa a Dios, de ser casa de Dios y vivir Él, ser Él viviendo en ti en
la materialidad de la vida concreta; y ello por la vía, que es a paga de la propia, de la renuncia, la humildad
y todas las virtudes frugales y por paradoja pródigas que vencen el ego y el deseo mortales por el ego y el
deseo de vivir en éxtasis de eternidad en divinidad. Virtudes de desecho desde la soberbia y el orgullo abatesco
prójimos a los de Nietzsche, sin embargo para otros a la mano de Utopía, a la mano de locos de una cierta
locura de desiertos etéreamente poblados por el poder monstruoso de monstruos fans de la fe. El Abate sólo
era un santón laico ebrio monstruoso de la fe poética. Y cínica y lúcidamente conciente de serlo. Para él
la poesía vivía en casa de nacimiento, residía en él, y él era si no la poesía sí El Poeta, el que la hacía,
El Creador. No se creía como el chileno patapalmonte solamente un pequeño dios por ser poeta sino Dios mismo,
El Creador. El poema con que celebra el nacimiento de su hijo se llama en delirio de balcón que no es hipérbole
“Dios padre rasga su espíritu santo para contemplar el milagro de Dios hijo”. A que todo esto se entienda mejor,
convoco ahora a dos de sus grandes modelos franceses de poeta: Mario Santiago no sólo se tenía por
«Satán adolescente» como Rimbaud sino también por el Amante Dios que lo nombra de este modo, creándolo,
el Poeta: Verlaine. Tu propio Rimbaud hijo es hijo de tu propio Verlaine padre en tu espíritu santo creador
internos. El idilio trágico de estos cuates es ayuntamiento patente y simbólico del mal y del bien -mal y
bien mutuamente enamorados e inseparables en la accidentada travesía espiritual del creador mexicano cuya
soberbia se ejerce impune como la otra cara, probablemente la única atractiva para él, de la humildad,
desde el cuerpo indiferencial en que al tocarse se funden y resuelven los contrarios. Su actitud vital de
confrontación y provocación permanentes viene de este arsenal de arsénico y asimismo el derecho que se arroga
de arrojar a los mercaderes del templo a la cara las plastas de mierda de su propia miseria en conciencia,
mientras él se concede inocencia y raíz de razón de juez inapelable. Porque a diferencia del filósofo citado,
El Abate no ahogó en la nada en combate conceptual o en el puro desprecio lo que arraigó en él de la visión cristiana de mundo, y de manera menguada, casi polvo y casi pelo aparece entre los trastos menores de su verso.
«Mi único evangelio: el Apocalipsis/ Don germinado/ Excremento de ángel/ Ensalada de Alpha rociada de Omega».
Mario Santiago no era un santo. El santo vive en la felicidad de Dios, se sabe creatura y no Creador y ama
tan mansamente al mundo que por amor renuncia al mundo. La santidad es, así y por lo antedicho al respecto,
un producto y un estado de locura manifiestos. Por la bacha que queda del cerillazo que enciende a Fénix,
el prestigio poético de la locura viene, en choque de contradicciones, mucho menos de la creación en estado
de locura que de la actitud de vida extravagante de los poetas, pero El Abate no siguió a Hölderlin porque
era muy otro gallo para su corral sino a Rimbaud en esto. Y eso fue axial de su problema: al Abate sólo le
podía interesar la locura como condición de la creación y asumirla por actitud en forma de receta rimbaudiana,
porque él de loco nunca tuvo un gramo; por el contrario, cultivaba bajo la tapa de los sesos una inteligencia
brillante, despierta y apasionada. El desorden general de los sentidos abatesco fue entonces pues actitud y
autoinducción. Poeta de halo ego en desmesura de divinidad creadora, necesitaba (y a mordidas y desgarrones,
pero los tuvo), tanto del amor femenino como de sus amigos verdaderos... y de prosélitos y acólitos a manera
testimonial de corte de los milagros de su mollera poética; y más aún: del reconocimiento social que nunca
recibiría en vida, porque había hecho todo para lo contrario. Así lo cuenta Mario Raúl Guzmán: «Su manía de
execrar a escritores “consagrados”, apedrearles sus casas llenas de metáforas más inanes que la más caduca de
las vanguardias y pintarrajearles las paredes hechas con las obras completas de Octavio Paz, dieron la coartada
perfecta a quienes decretaron su inexistencia». Era, por descontado, la suya, una ruta de fracaso y
autodestrucción. Por algo he dicho que fue un personaje antitrágico. El ideal trágico enfrenta y sortea toda
adversidad pero termina cediendo la vida a la dictadura del Destino -que no avisa cómo ni dónde porque es
El Que Es. El ideal de El Abate vivió destino en vida porque vivió su condición de poeta, lo que significa
asumirlo, pero la vivió a través de la máscara que se impuso y que se hizo con él y de él fue siamesa, porque
toda máscara es persona, y persona con persona se paga. Por eso en la gran final, solo contra todos y solo
contra nadie (como El Hombre Que Remolinea La Espada, de Josep Carner), en su tremendo delirio de Destino,
El Abate cedió a su máscara, a su imán de taquilla y a la atracción de pancracio de su propio maelstrom,
pero ciertamente no al rudo poder enclenque de Los Poderosos del Verso, y briago de toda bebida elocuente
bebió hasta las heces los riesgos y las glorias fementidas de su máscara, y fue, campeón sin corona, su
primera y su última víctima, cuando ya su muerto había cavado largamente su tumba y llovía sangre coagulada
sobre el ring.
Concubinato indesligable
entre el hemisferio-zas
& el hemisferio-cataplum
Contra vendavales e inundaciones
(& en cierta manera a
favor de ellos)
contra casas de puertas cerradas
contra soles agusanados
contra cirrosis más allá
del hígado/
La poesía sale de mi boca,
asoma las narices/ el pene
a lo imprevisto/
el estremecimiento
el resplandor/
& la baba también
& los pelos arrancados a este tiempo
a fuerza de jinetearlo
& desatascarle su rodeo/
& la caspa/ & la petrificación
de tantas de las yerbas & raíces
de este mundo/ que antes de
morderlas nos vemos obligados
a escupir...
La poesía sale de mi boca,
de mis puños, de cada poro
resuelto de mi piel/
de este mi lugar volátil, aleatorio/
testiculariamente ubicado/
afilando su daga/ sus irritaciones
su propensión manifiesta a
estallar/ & encender la mecha
en 1 clima refrigerador
donde ni FUS ni FAS
ni mechas ni mechones
ni 1 solo constipado
que merezca llamarse constipado,
ni 1 solo caso de Fiebre-Fiebre
digno de consignarse en este
mi inmóvil país
ECLIPSE DE SOL EN EL METRO
CORONA DE ESPINAS ELÉCTRICA
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Al principi era el vent
Al principio era el viento
Enric Casasses

Al principi era el vent
fent fressa entre les branques
i ens posem a cantar
i en ser la cançó ordida
el silenci descobríem
i vam saber que som
de l’esperit
de les cançons
del vent d’entre les branques
i amb prou feines ser-hi ara
és més que viure i morir
Al principio era el viento
rumoreando entre las ramas
y nos pusimos a cantar
y con la canción ya lista
descubrimos el silencio
y supimos que somos
del espíritu
de las canciones
del viento entre las ramas
y casí por los pelos seguir aquí
es más que vivir y morir
Versión: OG
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Ubú Güey

Séptima escena
Balcón de palacio del Güey
UBÚ: El bufón de genio no
tiene genio de bufón. Aunque mi tiempo es horca, te digo
que no y que no. ¿Acaso quieres que me arruine por esos botarates
de lechuga y nanche curtido?
DEGENERAL: Compórtate como Dios amaña,
Ubú Güey. ¿No ves que el pueblo espera pedo con
premio..., pan y circo?
DAMA: Si no ordenas repartir comida a destajo
entre los güeyes de la manada, y si Caín no mata a Abel
en feroz y desigual combate, en menos de un par de horas ya habrás
sido derrocado.
UBÚ: Comida a destajo, sí.
El camarón, la manteca, la luz, no. Manda a matar tres caballos
de Zaragoza y cuatro de Carlos IV. Adóbalos con achiote,
y será suficiente para el banquete de esos marranos meneaos.
Yo te lo digo, te lo redigo, y te lo repito: a mí lo único
que me importa es enriquecerme. ¡Lo demás me vale vergra!
¡No soltaré ni un solo centavo!
DAMA: Pero, Ubú Chicharrón
de las patas de Cuauhtémoc, Ubú Raza de Bronce, ¿no
capizcas que lo que tienes en las manos es más oro que el
que sueldan los pendejos en Babilondres? Oro negro, oro negro y
amarillo, y todo ese oro de origen es tuyo; mientras lo sigas manejando
tú, claro.
DEGENERAL: Para no ir muy lejos, Ubú
Valle de Anáhuac: por ejemplo en La Capilla de Joaquín
se guarda una fuerte moctecosuma, un inmenso tesoro. ¡Vamos
a repartírnoslo..! Digo, ¡vamos a repartírselos!
UBÚ: ¡Miserábilis culerus,
género neutro! ¡Si te atreves..!
DEGENERAL: Ubú Güey, ¡señor!
Si no prestas para la orquesta lo mínimo indispensable, el
pueblo no podrá más y se negará a pagar impuestos.
UBÚ: ¿Qué dices, soldado
raso, sargento mula, cabo cabrón? ¿Es eso posible?
DAMA: Por supuesto que sí.
UBÚ: Y por supuesto que no, y en
ese caso consiento. ¡Orale, putos! ¡Que se repartan
sueltas tres melones de lucas de las de antes, y que se cocinen
estofaos las cuentas del gran capitán y los güeyes y
los corderos. Después de todo, amadísimos cagalares,
¡yo también cobraré mi parte!
(Los Culeros entran al influjo del parlamento
ubúero, tamemes de utilería para el caso, y la disponen)
(Entra títere titeregente del clan general a lo cabrón)
(Patio central de Palacio) (Ubú, El Degeneral y La Dama,
en el balcón)
TODOS (menos Ubú
que se quita la corona para agradecer): ¡El Güey
ha muerto! ¡Viva el Güey!
UBÚ (derramando oro entre los
putos) ¡Orale gansos, pánfilos y patos! ¡Orale,
que chorrea y resbala la manteca, y hay camarón hasta para
el tuerto Ventura! La verdad es que yo no quería, pero La
Dama de las Caguamas me ha comprometido en esta bronca; y ya que
estoy en ella, ¡van ustedes a prometerme, por lo menos y por
vía de mientras, pagar los impuestos que se me hinche imponerles!
TODOS: ¡Pagaremos, pagaremos! ¡Sí,
sí! ¡Pagaremos!
DEGENERAL: Dama de las Caguamas, ¡mira
cómo se disputan el oro! ¡Qué chingona arrebatinga!
DAMA: ¡Por las crines de mi kótex!
¡Saco! ¡A ese pobre güey le partieron la chomosta!
UBÚ: ¡Precioso espectáculo;
bonito de verdad..! ¡Que me traigan más cajetas!
DEGENERAL: No es por nada, pero ¿qué
tal si organizamos, matizando la inconmensura, una carrerita de
tragaldabas por alguna bolsa de alquiler del espíritu en
alza?
UBÚ: ¡Más cabrona que
bonita idea, degeneral Goebbels! ¡Es usted un genio de la
estrategia que solito se atacó...! ¡Atención
a esta cajeta, güeyes, putos, culeros, madrones, madronas y
madrinas y demás ciudadanos: a pesar de los niños,
contiene trecientos mil pesones de oro en morlacos de buena ley!
¡Los que quieran participar en la carrera, batos todos y ya
güevoncitos, colóquense en línea de salida en
aquel extremo! Echarán a correr cuando con mi pañuelo
bordado de azul azabache me suene las narices, porque ando un poco
agripedo, y el que llegue primero hasta este ángulo de luz
se lleva la manteca. El resto de los participantes no se irá
sin salpique de consolación: tengo esta otra cajeta. ¡Y
Nos la derramaré generudamente!
TODOS. ¡Pocamadre, Güey de güeyes!
¡No se veían estas cosas desde hace un cojonal de sexenios!
¡Viva Ubú Güey! ¡Viva La Dama de las Caguamas!
(La multitud se desconcentra hacia un extremo
del patio, y se dispone al pugilato con las patas)
UBÚ: ¿Busos, caperuzos?
TODOS: ¡Nomás esperando que
des la señal de arranque, Ubú Güey!
UBÚ: Pues entonces: ¡a la de
una!: ¡listos!; ¡a la de dos!: ¡en sus marcas!,
y ¡a la de tres!: ¡fuera!
(Se suena) (Tropel de tumultos gestuales
sonoros) (Ritmo de marcha olímpica)
DEGENERAL: ¡Ahí vienen ya,
Ubú Güey! ¡Croño! ¡Por mi armaño
que si así corrieran para ir a chambear, seríamos
güeyes bien boleaos!
UBÚ: ¿Armaño has dicho,
miserere?
DEGENERAL: ¡Armaño he dicho!
UBÚ: ¿Y qué cosa es
un armaño?
DEGENERAL: ¡Una verga de este tamaño,
cagalar de ángulos azules!
UBÚ: ¡Tu putra madre! Mira,
Dama de las Caguamas: ¡el primero será el último!
¡Lo alcanzarán fatalmente, y será rebasado!
De hecho, para mi placer, ¡comienza a perder terreno!
DAMA: ¡Nocononoco! ¡Intenta
superarlo, pero de ningún modo lo logrará!
DEGENERAL: ¡Eres clarividente, Ubú
Güey de Güeyes! ¡Mira! ¡El que venía
segundo lo ha rebasado hecho mierdra! ¡Gana el segundo por
tres pedos largos y uno entre gamborinos!
TODOS: ¡Híjole, ganó
Juan Pérez! ¡Viva Juan Pérez! ¡Diana,
diana, con chinchín! ¡Viva Juan Pérez! ¡Viva
Ubú Güey! ¡Chingue a su madre el degeneral Mentao!
UBÚ: Sabias palabras es melcocha
frita. Todo mundo está invitado hoy por Mículo a la
cacra de Súculo. Las puertas de palacio están abiertas,
y el odio no ha nacido en mí. ¡Aceptad, señorías,
el favor de mi mesa y las migajas!
TODOS: ¡Viva Ubú Güey,
Güey de guachos!
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Enric Casasses
Limpieza sucia
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Orlando Guillén y Mario Raúl Guzmán
A curul por
tarumba

Ha regresado de nuevo a reírse
de mi postura (de mi impostura, diría)
y ha vuelto a salir.
JS
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Gordon Ross
Orlando Guillén
y el Libro de Libros
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Orlando Guillén
VALLE INCLÁN: PODER, TIEMPO
Y LENGUAJE

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Enric Casasses
Netzaualcóiotl
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¡ES
EL ENRIC CASASSES!

Selección, nota y versiones
de Orlando Guillén
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Orlando Guillén
Tiempal
Libro de pinturas

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Enric Casasses
Canaris Fosforescents

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Enric Casasses
Canarios Fosforescentes

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LOS FRUTOS SABROSOS DE CARNER

Para comenzar, estos frutos no son simbolistas
ni [i]rrealistas ni novecentistas como se ha
dicho y repetido: pretenden ser, eso sí, reales poéticos; es decir, reales en el poema. Igualmente,
las hermosas mujeres y chavas que allí vemos rondándolos no son ideales ni programáticas ni arquetipos
de nada. Son, cada una, ella: a una le falta el marido y se muere de las ganas de abrazarse con él
apasionadamente, mientras a otra le falta el marido y le viene muy bien la calma de ya no tenerlo encima.
Y, en fin, el mundo que sitúa a los poemas no corresponde a ningún modelo de sociedad soñada sino que es una
cara elemental, y por sus frutos mediterránea, de nuestro planeta: cielos, días, mañanas, árboles, aires,
fuentes… Alguna vez, apenas señalada, se divisa una casa. Y en el centro del cuadro, las figuras: Alidé,
Neera, Ixena… En Los frutos sabrosos los nombres propios son todos griegos, pero fuera del poema de las
granadas, donde aparece la diosa Hera, no hay nada de griego: no hay allí ninfas ni sátiros ni atrios ni
peloponesos. Leyéndolo nos da la impresión de estar en el ambiente rural catalán, que es donde verdaderamente
se ubica. La invocación a Cronos, en el último poema, está puesta en boca del autor, y no es que Carner
se vaya al tiempo de los griegos sino que trae a Cronos al tiempo de Carner, que en esta obra es intemporal
como los campesinos.
El libro se publicó cuando Josep Carner era muy joven, en 1906. Pero lo retocó y pulió y lo volvió a publicar
en 1928, cuando ya había entrado a los cuarenta y ya nos había obsequiado alguno de sus grandes libros.
Y todavía lo retrabajó a fondo a los 70 años para la edición de 1957, que es la que aquí seguimos.
Así, por sus temas e intenciones, Los frutos es un libro de juventud que recoge los aciertos de expresión,
y obviamente de intención, del hombre maduro y experimentado, finalmente centrados y afinados con la sabiduría
del “gran maestro viejo”.
Los frutos de Carner son dieciocho:
1. Fresas. El capricho de una abuela y la inocencia de la nieta más pequeña nos introducen a la inocencia
verdadera de cuando no sabemos ni que la inocencia existe. Lo que sabemos es que el cielo se acaba detrás
de nuestro jardín y que el mundo es exactamente eso: una fresa. La primera idea se encuentra en el Blake maduro.
La segunda es más radical y atrevida que las cosmologías de Blake.
2. Naranjas. La primera palabra del título y del poema es el nombre de la protagonista: Aglae, una mujer
preñada por primera vez; con aquella avidez que a veces sienten las preñadas, primero muerde una naranja,
y después, con aquella clarividencia casi alucinada que a veces tienen las preñadas, ve su destino y su ser
en una naranja caída junto a la acequia: junto al canalillo.
3. Albaricoques. En un bello y sencillo idilio (palabra griega que significa pequeño cuadro, pequeña escena)
unas amigas, quizá todavía no adolescentes, alcanzan el buen juicio de no comerse todos los albaricoques del
árbol, pensando en el placer invernal de la confitura. Es un canto al guardarse algo, no avariciosamente sino
para prolongar el gozo que entra por los sentidos, la dulzura. Las felicidades de lo que se llama expresión nos
exaltan y nos ofrecen una bella voluptuosidad sin sombras que se derrama dentro de la boca: un regalo en todos
los sentidos.
4. La manzana escogida. Escena interior, de alcoba, entre una pareja de viejitos. El mundo ya los va dejando
de lado, pero ellos se aman. De algo tan sencillo, Carner produce un magnífico poema que también es, entre otras
cosas, altamente epicurio en la imagen de la manzana arrugada que todavía perfuma. Es el poema de la manzana,
pero no hay en él ni una pincelada erótica. El erotismo aparece, y a veces con mucha fuerza, en otros frutos,
en otros poemas. Aquí no. Aquí solamente se habla de amor. Dibujado sobre el fondo del mundo tan áspero que lo
rodea, este es el poema del amor pleno, real y duradero.
5. Las peras. Primero presenta a la jovencita protagonista en cuatro versos ágiles, llenos de contenidos,
osados (“voluble como el amor”) y más que claros: luminosos. En la segunda estrofa su cuerpo es acariciado
por la luz. En la tercera vemos su placentero estremecimiento ante el infinito, en un verso sublime.
En la cuarta aparece uno de aquellos aciertos que salvan al poema, al poeta, a la poesía y a la vida: el
“tú sola, tú primera”, cuando el autor desea a Ixena lo que todavía no ha obtenido nadie nunca: que no conozca
el sufrimiento. Los poderes que invoca por si tal fuera posible son las albas, las ramas primaverales,
los pájaros cantantes… y el río. En la última estrofa Carner arriesga en el juego de las correspondencias
entre naturaleza y retórica para llegar a un final esplendoroso.
6. Los higos matinales. Después del movido allegretto del poema precedente, los violines acometen el adagio
de la viuda, no alegre sino feliz y reposada. Comienza bajando la escalera del jardín en un movimiento
cuasicinematográfico y acaba en el placer, que vale por todos, de comerse el higo y beber de la fuente.
Carner es un enamorado de las fuentes. Sencillísimo en su acción, el poema adquiere una densidad y una
complejidad muy interesantes en su parte central, la de “la papadilla fina” que él “siempre le sobaba”.
La ordenación de los diferentes frutos del libro está muy bien calibrada: los cambios de atmósfera o de tono,
los contrastes y las concomitancias: el cambio de ritmo entre este poema y el anterior es notable, pese a
tratarse del mismo verso: el alejandrino.
7. Agavé y las castañas. En esta curiosa “teoría de los cuerpos” que son Los frutos sabrosos, hace aquí su
aparición la soltera que comienza a tener los cabellos blancos: noviembre, tiempo de castañas. La amable,
bondadosa delicadeza del autor hacia la protagonista se expresa en el primer verso: “Agavé té les mans suaus
i fredoliques”, el cual se repite en semifinal idéntico, pero ya con una música diferente. La definición de
la niñez que aporta Agavé, plena de magia y de verdad, se podría aplicar al poeta Carner que “ve en cada cosa
una chispa encendida/ como saludando a otra chispa en sus ojos”. Las cosas, el tiempo, la luz y la sombra son
seres tan humanos como tú y yo: la oscuridad avanza tentaleando, la flama quiere platicar con Agavé… El tiempo,
en este tristísimo poema, no pasa para ella: se va. Parece fácil de decir, pero los dos versos con que lo dice
Carner hacen padecer la hondura terrible, el frío helado, el pavor de cómo se va lo que se va y viene lo que
viene. Hasta el oro de sus anillos se enferma.
8. El corazón flameante de las granadas. La mujer de un tal Alcides promete canastadas de granadas a la diosa
Hera, mujer de Zeus, si le concede espléndidas y furiosas batallas de amor con su hombre, que la tiene muy
olvidada. El pavorreal (“pagó” o “paó” en catalán) de la tercera estrofa es un animal dedicado a Hera; en
sus templos solía haberlos. El poema de las granadas llameantes no es, como ha dicho alguna recrítica,
un canto a los esparcimientos conyugales sino, “claro está”, la exaltada expresión del erotismo de una mujer
en la plenitud de sus días, un diluvio de palabras flameantes, deseos ardientes y poderosas languideces
entremezclándose con sollozos: “mi cuerpo demanda sus besos que someten como el viento”. Y, finalmente,
el estallido de las granadas abiertas: sangre y rubíes.
9. Almendras. He aquí un nuevo idilio o pequeña escena: un precioso diálogo entre amigos y amigas ya
“un poco arrugados”, “cabezas blancas”, puestos bajo el signo de la gracia y de la gentileza. Es una serie de
expresiones afortunadas, hallazgos de minero del corazón humano. El piropo que el más viejo de los amigos lanza
a sus amigas, va cobrando una dulzura que atraviesa y vence la melancolía que ellas habían expresado primero,
y llega al corazón, “i, pel camí de veure-us, ho fèieu tot més clar”. Es como aquello de Flamenca, la gran nova
provenzal: “y vino claridad de las mujeres, cuando mostraron su cara decubierta”.
10. Las ciruelas de oro. Más que de las ciruelas este es el poema del ciruelo, escrito todo él “en un triunfo
incomparable”. El modo de hablar del paisaje expresando lo que pasa en el interior de las cosas y sobre todo
en el cuerpo o sea en el alma de Aglaia, lo sitúa al lado de los grandes poemas de la madurez carneriana.
La temperatura erótica es todavía más alta que en “Las granadas”, porque no apunta a los besos y a los abrazos
del amante sino se resuelve en el simple hecho de alzar las manos para cortar unos cuantos ciruelos del árbol,
que “se estremece por un momento de la ferocidad” amorosa de la mujer. Ni el autor ni la protagonista nombran
explicítamente al deseo y ni ella misma se lo reconoce como tal, pero allí está y potentísimo. “Aglaia tiene
una sed que seca el juicio”…
11. Cerezas. Poesía centrada en el tema de la alegría y por única vez con moraleja final: “el benaventurat és
qui pren l’alegria”, que podría ser budista zen y es también, de nuevo, epicuria: las joyas más valiosas que
podrás nunca alcanzar a contemplar son cuatro cerezas. Ninguno de los caminos de la vanidad o del provecho
te dará tanta alegría. La revelación, como pasa con otras grandes cosas de la vida, llega a través del más
pequeño de todos, que es ingenuo como las cerezas e inocente como el cielo. En el prólogo a la edición de 1928,
Carner recuerda y escribe que Joan Maragall “escogió como la flor de este librito Les cireres ingènues”.
12. Calidia y los duraznos. Es de los más complejos del libro. Se trata de una mujer que tiene un cuerpo y
unas formas que son la envidia hasta de los duraznos. El poema está puesto en boca del árbol, que solemne y
emotivo se le declara a Calidia: lenguaje y vocabulario de enamorado. En otros poemas hemos visto el amor y
también diversas formas del arte erótico. En este aparece el enamoramiento, el gran enamoramiento que siente
el durazno por la mujer. Tu mirada, le dice, se ha convertido en mi destino. El ritmo es lentísimo y de una
gran fuerza, y sin embargo se volverá a acelerar en el poema siguiente.
13. Las nueces. El cuerpo del poema, una discusión entre dos hermanos, es de una chisporroteante belleza
ingenua e infantil que puede parecer fácil, pero… no conozco otro poeta que llegue hasta ahí. La lección amoral
que se desprende del cínico “buen juicio” del último verso es muy propia de los niños: mientras los otros
se pelean, yo me iré comiendo las nueces… En la edición de 1906 en lugar de “seny” decía “celestial candor”.
Porque el buen juicio en sentido propio e incluso en sentido carneriano estaría en procurar que no se pelearan
y repartirse las nueces, y en cambio, no: ¡se las come todas! Gabriel Ferrater, como receta de felicidad,
titulará su primer libro Da nuces pueris [Dale nueces a los niños]. Los niños de Carner toman ellos,
directamente, las nueces del árbol, a un costado de la fuente.
14. Serbas. Otra perla preciosa y finísima de las que sólo Carner sabe encontrar. Debe ser el poema más difícil
de traducir de todo el libro. Da una idea de su atmósfera la lista de palabras que allí aparecen: endreçades,
polida, endegueu, compassada, ben atesa, m’escau, poso, son indret, desada, endreç… A partir de la mitad del
poema, la viejita Hersé habla en primera persona, y dice que “juega a media vida”. Puede parecer resignación,
pero es otra cosa: es su buena disposición vital, sabrosa; y por eso el poema, pese a ser más cercano a la
muerte, no presenta la desolación de “Las castañas”. Al contrario: el aire que lo atraviesa es placentero.
15. Limones. Gabriel Ferrater en su poema “Tres limones” (del libro también comestible Chúpate el dedo grande)
dice que es imposible encontrar significado a los tres frutos que ve dispuestos sobre una piedra plana,
imposible inmortalizar los recuerdos e imposible escribir su poema, pero con todo eso escribe un buen poema.
El caso de Carner es absolutamente opuesto al de su gran admirador. Carner encuentra sentido, o más bien inventa
y fabrica sentidos a todo lo que ve y a todo lo que se inventa, y los sentidos que crea son poéticos; es decir:
son poemas y, por tanto, aspiran directamente, sin subterfugios, a la inmortalidad: nos los envía a los humanos
todavía no nacidos entonces, dirá en el poema de “Las uvas” al final del libro.
16. Membrillos. Bello diálogo sobre el envejecimiento de la belleza femenina entre dos hombres que admiran
la juventud y el cuerpo divino de Ligea. Pero no se queda en un lamento por lo que se perderá sino se eleva
a una pre-visión epicuria del placer que respira en toda cosa, en todo cuerpo y en toda edad. Una cualidad
del poema y de muchos otros del libro y de todo Carner, y hay que decirlo porque es tan obvio que no se suele
recordar, es la emoción. Es emocionante sin sentimentalismo, cosa difícil y rara que podría ser útil para marcar
la frontera entre el poeta y los poetastros.
17. Eglé y la sandía es una proclama encendida de la pujanza del matriarcado. Pujanza que hoy, por cierto,
con la igualación de la mujer y la desaparición del antiguo mundo rural, va menguando. La escena que describe
Carner y el discurso dirigido a la luna roja que pronuncia Eglé afirman con potencia flamígera que la mujer es
la protagonista de la Historia y siempre lo ha sido. En este poema se trata de mujeres campesinas acostumbradas
a trabajar duro y a traer derechitos a sus niños y a sus hombres. Una virtud extra del poema es que es divertido.
18. Las uvas inmortales. El poema se dirige a Cronos, dios de la vejez austera, y naturalmente le habla de tú, como
suele hablarse con los dioses. No es el único poema de Carner dirigido a Saturno. Cuando le dice “mi juventud
palpitante/ contigo te llevas de la cabellera”, no podemos evitar recordar a Ausiàs March pidiendo al dios de
los cristianos que le dé la mano o lo tire hacia él de los cabellos, aunque aquí simplemente lo que pasa es que
el joven comienza a encalvecer. “Las uvas inmortales” es la primera arte poética de Carner, quizá un tanto
ingenua, pero ya con una intención indiscutible y muy clara: dedicar la vida a la poesía, como así lo hizo.
La concentra en dos versos que corroboraría Vinyoli: “ser exprimido y aplastado,/ la sangre inútil transmutando
en vino”. Mas adelante, Carner perfilará su arte poética en poemas espectaculares como “La red mandada a hacer”
y sobre todo en “Creación del poema”.
Algunos versos de Los frutos los grabaremos en el frontal de edificios importantes para que los distraídos
pongan atención: “Sosa cosa es vivir cuando uno no se arremanga”.
Enric Casasses
Prólogo a Los frutos sabrosos
de Josep Carner
Versión de Orlando Guillén
(Inédito)
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El caos vendrá...
Francisco Seguí

EL CAOS vendrá después de varios siglos cuando el que prolonga el ser
perfeccionado hasta la delicia,
le devuelva el rostro a la delicia
con látigos y fósforos que tiemblan.
Cuando se descubre que no hay sitios de agua para el hombre
en este gran océano de la vida,
y se nos agarrara por la nuca
tenazas obligándonos al gemido y a la desesperación, y ahogándonos:
borbotones de vida acompasados,
decapitadas lombrices temblorosas,
nos fueran aligerando el aire: aquel aire que nuestros antepasados nos dejaron en la boca a medio abrir.
Y cuando se hubieran esparcido los retales carnívoros
algunos peces de la selva tropical
nos enlutarían debajo de la tierra
debajo del sésamo del agua en efervescencia
Vendrían como las masas aululantes de las gaviotas, en desierta escapada a las orillas de las dunas de metal: voces
y alas confundidas con el chirriar del azo-gue sobre las palmatorias, algo así como el chasquido de un detonador y el in-fernal tableteo
canto mágico de la ametralladora...
...Claxons en avenidas vociferantes, la chatarra del óxido y las anémonas de zinc, una cucharada de manteca para el
cerrojo del cetme y otros y tantos edifi-cios derrumbados por la herrumbre de la civilización: aglomeración de atabones
y cerámica descolorida, deshilvanadas paredes con un ocre olor a cal. Y desde arriba oyendo y viendo caer las antenas
de los satélites liquados, el radar anun-ciara la dispersión de los baúles en los grandes andenes, y las máquinas de
cianuro sobre las vías, recorrieran estrepitosamente las columnas de humo y el aullido de las poblaciones anónimas...
El Caos vendrá
silencioso testigo que está presto
a la figura hiperbólica
sobre los aranceles de la alimentación
que corren emparejados como las libélulas,
redondeadas,
chamuscadas las alas de plata
y fieltro finos,
plásticos del calor sobre las cañerías del agua en continuos gorjeos,
las cintas de las coronas reales
como del hambre
su más fiel planta carnívora:
un recorrido que debemos hacer a pie para los usados estertores del corazón, para que resuenen los gritos en el pecho
y nos comamos el hambre del amor desde los pies
hasta el iris de los ojos más estereotipados,
cantos de antorchas que alimenta lo infrahumano,
sobreestimación de la plegaria más relacionada con el fruto de las acequias, de la cicatrizada comunidad de abejas
viejas y amaestradas para la supervivencia...
coches que nunca llegarán a su destino por carreteras infernales: esa descomposición del hombre que corre al
unísono de su destructora mansedumbre, callejones albergando a inocentes homicidas como caínes de una nueva
estirpe, vasallaje a la flor que acaba de anunciarse en un programa de televisivas indul-gencias desde los
altavoces que unen la habana con madrid
hasta los estertóricos reflejos,
noctábulos,
del canal de suez...
...Y si faltara poco añadiríamos la salvajada más cruel a los cristianos homicidios de los negros
por si el pocentaje de salinidad del mar fuera tan denso
que flotara toda la fauna horriblemente en el salitre.
Desiertos de sal y almas desoladas,
desesperados muñones que aún quisieran agarrarse a la vida,
palpitantes coágulos de sal sobre la sangre requemada en el desierto, senti-mientos a medio destruir colgados de
los esqueletos de las vacas, sobre las chumberas y las pitas, descolgando de los plátanos secos, herrumbre y restos
de antiguallas, pendones de sal adheridos a los huesos... y se nos escuchara desde el fondo del límite más abstracto
donde la imaginación sueña su losa y desdibuja tempestades de arena sepultando la voz que emerge del escalofrío...
Aún tienen que llegar los pubis más elocuentes de esta vegetación y arrancar u-nas ramas del magnolio más antiguo por
donde salen las cabezas y los ojos desorbitados...
...Vendrá el Caos,
este vacío irreprimible, horrible desazón enlutada en los viejos refranes desacompasados, y diremos que sí
a todas las bárbaras plegarias rezadas en silencio,
porque no van con nosotros los crímenes del hambre y de la guerra...
dos tres siglos de eróticos sentimientos
sobre la tumba de los desconocidos, algún amor profano con la margarita de los colores estériles:
helados y pretensiosos discursos
para alimentar los senos de las parturientas más delicadas,
un abucheo de ayes corrompidos
y soñar,
tapados el tímpano y el cerebro,
soñar,
colorear de besos los esqueletos vivos de los asesinos...
De Prohibido amar las cucarachas
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¿Quién bloquea a los poetas catalanes?
Habla Orlando Guillén
Ernesto Patraca Maldonado

Los avatares de la tenaz y apasionada defensa de
«Doce poetas catalanes del siglo XX», monumental y necesario libro de libros de
traducciones de la poesía clásica de la lengua catalana del siglo pasado a
la nuestra de hoy, obra del poeta mexicano Orlando Guillén, es ya historia y
puede documentarse incluso en estas páginas virtuales. Pero que ahora, a punto
de resolverse su publicación en Barcelona volvamos a verla frustrada, como si
todo lo valioso que cae en manos de políticos estuviera destinado al bloqueo y
al fracaso, es motivo de estupor y nos resulta inadmisible e inexplicable.
En México entendíamos sin justificar, porque la injusticia no tiene justificación,
que el libro fuera bloqueado: se trataba de un episodio más de la larga persecución y
negación de la persona y la obra del poeta por motivos de opinión.
Pero, ¿en Cataluña?... Ya se lo preguntaba, nos parece, hace algún tiempo en otro
lugar Gordon Ross... Tratando de aclararnos el asunto y aclararlo ante la opinión
pública, abusando de la amistad con Orlando le hemos pedido y nos la ha concedido
esta breve entrevista.
¿Quién bloquea la publicación de «Doce poetas catalanes
del siglo XX» en Cataluña?
En principio nadie. El bloqueo no tiene explicación ni pies ni cabeza.
Se difumina en la forma, tomada como apariencia. Establecer quién,
sería saber por qué. Y no hay por qué ni razón de ser para oponerse.
La cultura y su difusión, en Cataluña, una nación sin Estado, es
una cuestión de Estado, precisamente... Y, no habiendo por qué, tampoco hay quien
dé la cara; porque ponerle cara sería dar quien cargara con el despropósito.
Jurídicamente las instituciones de cultura no pueden ni deben bloquear este libro.
Su obligación de existencia legal en torno a la difusión de la cultura catalana
se los impide y les obliga por el contrario a publicarlo y asumir el fomento de
su presencia.
Pero esta vez entiendo que se cumplieron todos los pasos y gestiones necesarios
para que apareciera. Entonces, ¿por qué no ha salido?
Porque inexplicablemente no hay voluntad política. La voluntad política como
tal es abstracción, entelequia, y su concreción sólo se da en los hechos.
Lo demás es tiempo y forma. Y aquí, ya te lo dije, la forma se difumina
en apariencia. Y el tiempo se administra según la disposición favorable o no con
que esa voluntad se ejerce.
Y el libro se bloquea sin que nada ni nadie aparentemente lo esté bloqueando...
y la cosa se atasca...
Esa es la jugada, supongo... Pero ni los entiendo ni les arriendo la ganancia.
Si las instituciones catalanas indudablemente tienen capacidad económica y
facultades legales para que este libro ya estuviera en circulación cumpliendo
sus propósitos de expansión espiritual y abriendo una ventana de mundo al
conocimiento de la cultura catalana, ¿para qué montar el numerito de hacerlo
pasar por la bandeja de Madrid, cuando a la política lingüística de la metrópoli
española se debe, históricamente, el hecho del desvanecimiento y la ocultación de
los frutos de una poesía peninsular como la catalana escrita en lengua distinta a
la castellana? ¿Qué buscaban los políticos culturales? ¿Qué coño esperaban?
Si calculaban, ¿qué chingao calculaban...? ¿O es que...? Dime tú...
Está culeca la gallina, poeta... Pero personalmente no creo que esto se vaya
a quedar así o que tú, con tus antecedentes, lo vayas a dejar podrir o dejes que
lo pudran. Visto de esta manera, ¿qué crees que proceda?
¿Qué salida le ves al problema?
Tiene dos que pueden en su momento ser una y la misma. La primera es agotar la
vía institucional mediante recurso a la exigencia ciudadana de que los administradores
culturales cumplan con su obligación y publiquen el libro. En este sentido las aguas
de la poesía catalana ya están en movimiento. Es algo complejo, pero es viable y
sostenible... La segunda, es asumir la necesidad de publicarlo independientemente,
por Ediciones Le Prosa y La Zorra vuelve al gallinero... Y también, sobre todo en
México, en este otro sentido se están ya levantando las olas a ver el mar...
Yo no desdeño ni prefiero lo uno ni lo otro... Pero, como ves, parecen ser,
en realidad, más que dos alternativas dos pasos a una misma salida, de modo
que alcanzar el primero puede hacer innecesario el segundo,
que es quizá el más difícil.
¿Entonces...?
No hay que comer ansias, y empezar por el principio que es sentencia de Perogrullo.
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Dolors Miquel: «Misa terrena»
Orlando Guillén

El rito es sagrado y en consecuencia sucesivo e inmortal. De la ofrenda vegetal y animal y del
sacrificio humano al sacrificio del cordero, el rito es la forma, y no es separable de su fondo.
Religiones hay dominantes y las hay aplastadas y extinguidas, pero el rito sobrevive por
los caminos oscuros de la resistencia y su esoteria. Si el rito muere, muere vivo. Esto es
así mientras alguien crea en su Dios y en sus dioses y su humanidad viva en la historia.
En cambio, si un rito aparentemente vivo y en ejercicio muere es porque su sustancia ha perdido
lo que era esa sustancia y se está pudriendo en vida. El oficio de la misa católica es un rito
muerto, un rictus hieratista de gusanería, un revuelo en el tablao de los hipócritas,
el logos fársico de una infamia practicado por infames y vendido al mejor postor por el
mejor impostor. La misa católica apenas ha tenido, no tiene o ha perdido sacrificantes
dignos del sacrificio de la transustanciación del pan y el vino, la multiplicación de la
palabra y la sangre y el cuerpo divinos sin que Dios y no la jerarquía los suspenda a
divinis como Dios a la jerarquía. Esa es su minimalia trágica. Su feligresía es asunto
de feligreses.
La estructura de la misa católica permanece por contra, latente siempre, en los países
donde este credo es estigma social de fe, como las piezas en desuso de un armario olvidado
y desvencijado entre otros triques y cachivaches de la memoria colectiva o personal,
y desde el punto de vista poético es una fuente simbólica que más o menos de Baudelaire para
acá ha surtido raudales sueltos a la teoría de la imagen viva. Ningún poeta sin embargo como
hace ahora Dolors Miquel la había sacado en todas sus partes del desván hasta la arena laica,
desacralizádola, dádole una buena sacudida de hueso y carne humana, y estirádola por sus
puntas para hacerla sonar y decir la cosa viva del misticismo y el misterio poético como
quien canta trayendo de la cosa divina la cosa humana, o llevando a la cosa divina la causa
humana que es su causa y no al revés sino también, y desde un lenguaje exaltado que anda a
oscuras luminoso de tan tenso y que de tanta carga de contemporaneidad hace de la poesía
lengua y mano de Dios, y de los artilugios de la razón maña del hampa del pensamiento y
guante de mano de la dominación. La Missa pagesa es al mismo tiempo una misa cósmica y
terrenal y una indagación trágica y ética en lo insondable de la totalidad de lo que existe,
y en la absurda petulancia de la naturaleza humana y sus conductas sociales y espirituales
frente a la precariedad real de una inteligencia y una sensibilidad que ni saben lo que
perciben ni pueden ni tienen con qué dar respuesta siquiera a la elementalidad y a la
evidencia. El plantón de lo callado en los geranios del silencio:
“El silencio siempre suma;/ nunca resta.// La sintaxis del silencio/ no tiene sujeto.//
El objeto del silencio/ es el sujeto escondido.// En lo oculto del silencio está todo.//
El silencio es la materia/ más dura e indestructible”. El ‘canibalismo vitalista’ de esta
cazuelita que consagra y ofrece a Dios: “¿Dónde queda el conejo que perdemos mientras
deglutimos el conejo?/ ¿Es conejo lo que descuartizamos o ya es otra cosa?/
¿Dónde queda su muerte que nos tragamos para convertirla en vida?/ ¿Es el conejo muerto
la sonrisa que luciremos esta tarde?/ ¿Es la lechuga decapitada el cabello que nos va
creciendo indómito?/ [...]/ Señor, acepta el horror milagroso de esta cazuelita [...]”.
En términos generales el misticismo de este libro es transgresor y renovador. Pero antes
es perfeccionista, y de un perfeccionismo que liquida con homenaje de trascendencia toda
antecedencia y cierra la llave de paso a descendencias posibles.
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Bellessi
Orlando Guillén

En horma curva de ser longitud el tiempo es espacio al tránsito transitorio.
La vida mortal sobre lomo de animal cuyo principio no puede establecerse pero cuyo final
vuelve al principio como si a oído propio se contara los días, transfísico como acunando
su serpiente alada.
En la memoria del tiempo el tiempo humano es memoria de vida y se conserva transmortal
en poesía como en vaina de poesía la idea de Dios.
“Una mirada de fiera para colgar/ en el escueto retrato de los años”, mira cómo una mujer
que pasa por el tiempo “vestida de negro cruzó la calle,/ la memoria,/ como un relámpago
oscuro su tarde de verano”.
La de Diana Bellessi es poesía que mira y fija el instante desde un punto agujero del
tiempo, acorralándolo con amor humano y con “Los tiempos verbales amarrados, como helechos
a una misma piedra”.
Ya en «Crucero ecuatorial» que es libro de 1980 y tercero de su producción, aparecía a resplandor
impreciso algo de “aquel” fuego quemando todavía y acumulando pasado individuado que es
materia al instante inmaterial que no cesa pero se rebelará. Se rebelará contra el
tiempo en palabra: deteniéndolo, flor de ramo poemario expreso sólo hasta
«La rebelión del instante» (2005).
Escribo todo esto para hablar de una unidad vital y artística en movimiento. Digamos una andancia de
persona poeta que crece con su andadura en tiempo y alienta y se alimenta de experiencia de
amor y creación, siempre trascendiendo y trascendiéndose hasta el resplandor occiso por
tajadas de tiempo.
Así se hace preciso un resplandor de paso.
No trayectoria, no camino al andar porque eso es pasado que a sí mismo se ostenta. Tampoco
proyecto; porque, en tal, voluntad y conciencia tienen por tope meta o propósito; y aquí sólo
hay asunción y camino, mucho camino.
No es que no tenga propósitos concientes sino es poesía de conciencia como se verá patente en
«La edad dorada», libro de 2003, si bien a esas alturas se podían establecer claros antecedentes
en «El jardín» (1992) y en «Sur» (1998), por ejemplo, detrás de los cuales hay actitud de
artista que con pura pureza creadora enfrenta la siniestra presencia de la junta militar
que gobernó Argentina durante años aciagos que rodean o marcan su escritura, y espiritual,
humanamente la sobrevive; no es que no alcance metas posibles sino se ejercita en pagar y
apagar y dejar encendidos de vida los huesos gloriosos de la muerte en círculo hacia sus
extremos orígenes borrascosos, tanto en «La edad dorada» como en «La rebelión del instante»
o desde un presente que se bifurca identitario en «Danzante de doble máscara» (1985),
donde se funden antigüedad mítica americana y tradición occidental en danza.
La poesía de Diana es aventura de espíritu y huella e hiende lo desconocido. Parte de su ser
y el ser conocidos y sabidos, y va clavando alfileres de Naturaleza al tiempo desconocido e
ignorado y deteniéndolo en poema ensangrentado de la sangre del minuto. De aquí lo minucioso
en lo nimio como fuente de conocimiento de la belleza encantada de la vida. Es cosa muy
sencilla, y encantadora, y más compleja que su apariencia o que su reflejo muñón de belleza
y de vida. Es crecimiento espiritual en bruto. Establece lazos de vida entre sus partes
como entre adulto y niño o como entre amante y desamante o como entre tiempo y destiempo,
y esas ataduras son indisolubles por la mirada, por la sal de la tierra, por el pájaro y
la flor, por el aire, el fuego, la extensión de las aguas, el paisaje, el amor, y por el
sueño camino de la muerte, y por esta y por el tiempo de la vida. La poesía de Diana atraviesa
terrenos que podrían ser meta o propósito en otros, pero en ella son lugar de paso y
crecimiento natural, fruto que fue flor y más antes sabia verde, semilla, y sus sangres
se besan de raíz, y, siendo, serán. Es ritmo de vida en movimiento de persona que ama en
medio de la atroz belleza del Todo y de la Nada y del funéreo acaecer de lo humano y su
miseria material y lánguida.
He dicho en otro sentido material y lánguida pero he tocado por cualidades el alba del
harpa del habla femenina. Del habla femenina es el misterio fértil de ser amadamante,
parir y nacer, como del habla masculina el misterio de ser amantamado y engendrar en
completud y ser a luz; y de ambas el amor de que está hecha la creación y el vértigo de
lo mutuo. Por eso el habla del varón poética funda o engendra poesía en tanto el habla
de la mujer es fecunda y pare poesía, y amamanta hijos que amamantarán o serán amamantados
en relativo causal de arte. En términos de lenguaje de poesía, y más concretamente en la
lírica que es sustancia de sujeto, la mujer «da a luz» como el hombre «es a luz» en la
distinta criatura del poema por inseparabilidad en lo humano de lo genérico sexual que
zanja dos ternuras para una misma criatura de diversidad. Tampoco por esto excluyo: hombre,
mujer hetero u homo sexuales o quimera, están siempre, si se ejercen poetas por destino,
en sus criaturas verbales vivas marcadas por la estrella individual de lo masculino más o
lo femenino más o por su fusión desdoblándose más. O menos; y todos en las mismas
bragabraguetas de humanidad en soledad de oscureceres. Cargado de viejas palabras y
palabras nuevas todas ellas vivas, el lenguaje de Diana es dual en ella misma y en la
Otra que también es ella, y en amor se fecunda en palabra única de mujer reconocible por
ternura madramante que sabe darse también amigahermana y solidaria. De «Eroica» (1988),
esta “Imagen del texto vivo”: “El texto/ el cuerpo común avanza/ y elige/ la sutileza de
la piedra/ para ser/ un Pueblo/ que cruza la gran distancia// Torsos oceánicos/ colas
nalgas de pez y de sirena/ los pechos/ que cruzaron/ la niebla del agua/ del sueño voraz
el cuerpo/ la imagen del texto/ vivo/ partículas que laten/ rosa rojo/ amniótico/ tiempo
del mar/ sujeto a la gloria/ Sólo ésta// Donde cae/ el bretel/ la bombachita rasgando los
talones/ el sí/ pero no/ el ángel mío/ mi corazón/ el peso/ el macizo de pelos/ en el centro/
que cae/ que entra/ en mitad del texto/ el Pueblo/ extiende su gesto/ sus torsos oceánicos/
muslos músculos dedos/ dientes el morador/ el mordedor/ avanza/ y somos/ solos/ sólo ésta/
la gloria”. Y de «La edad dorada», esto que también dota condición de dios al tiempo,
ciertamente imagen en contradicción de lo eterno mortal humano: “Oh tiempo si yo pudiera/
sentirte en femenino/ y en tus brazos dejarme ir/ como todo lo que admiro/ como aquello
que describo/ incesante cuando quiero/ escucharla, a ella mi alma,/ dedicada en exclusivo/
a seguirte ¿o detenerte/ un instante mi señor?// [...]/ Nada es infinito en// lo viviente,
de ahí su sed/ Pero eterno sí, lo da/ la condición de haber/ vivido, tu sombra y aura/
mi señor, esa música/ donde el ritmo ordenas,/ nostalgia de lo tenido/ y de lo que nunca
hemos/ tenido allí. Ahora sí,/ amiga mía en tus brazos/ te dejaré ir”, donde, además,
como de adiós hablan en consunción la Una en la Otra ante el prodigio tiempoespacial en
que sucede el sol y las demás estrellas.
Pero una cosa es el habla y otra la música del idioma. En Bellessi una sintaxis a veces
abrupta parece jugar pulso a esa música de ordenado ritmo, sobre todo en la caprichosa
forma de interrogaciones que no se abren puntuales, pero en realidad el tajo sensible la
pulsa en sindéresis callada, y si de pronto es como si se cortara, penetrándola fluye
en movimiento. Música de ala y tierra, agua en melodía de verdes bajo batuta de tiempo
y de la voz de los pájaros y las mínimas rosas de la yerba alzándose la camisa a rayos
del sol. De «Sur»: “Por música/ se revela regulado el corazón/ como rosa infinita a la
conciencia”.
Ala de trino o pico de calandria que se tiende al vuelo.
Me despido de Diana por ahora «En la joyería de la carne», que es poesía de alabanza
y humildad y de angustia y de fe: “La sombra de dolor no cede,/ la ola es ola en turbulencia/
con el aire y el tranquilo/ fondo del mar no la sosiega// Tierno lo que vive encerrado/
en su vestido porque cambia,/ se vuelve de sí inapresable/ Ah, déjanos, un poco más/ aquí.
Déjame seguir, ser// cazadora del resplandor/ asido al límite y siempre/ excedido de él.
Déjame en/ la joyería de la carne/ y del verde, en la seda/ de los pétalos y las alas,//
alimentada y acosada/ por el fuego, la tierrra el aire/ y el agua. Déjame creer/ que instante
y duración/ no se separan y alguien canta/ eternamente esta belleza/ Déjame creer que yo lo
hago// hasta que ceda mi lugar/ con bienaventuranza, hasta/ desear partir, no antes, o
enséñame/ la larga despedida y pueda/ así yo entonces alabarla/ alabándote con mis manos//
y si las manos me faltaran/ alabándote con los pies,/ y si me faltaran los pies/ alabándote
con el alma,/ y si el alma me faltara// no sería yo ni la sombra/ del dolor que dice:
déjame,/ sino la pura muda gracia/ del silencio que canta en vos”.
Me despido de Diana por ahora «En la joyería de la carne».
“Una mirada de fiera para colgar/ en el escueto retrato de los años”, mira cómo una mujer
que pasa por el tiempo “vestida de negro cruzó la calle,/ la memoria,/ como un relámpago
oscuro su tarde de verano” y viene porque vino a verme un día cualquiera a Barcelona.
Y si no viene porque no vino a verme, la veré en Buenos Aires en la calle Garay.
Adiós.
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Igual que el toro que huye hacia el desierto

Sí com lo taur se’n va fuit pel desert
quan és sobrat per son semblant qui el força
ne torna mai fins ha cobrada força
per destruir aquell qui l’ha desert,
tot enaixí em cové llunyar de vós
car vostre gest mon esforç ha confús:
no tornaré fins del tot haja fus
la gran paor qui em tol ser delitós.
Igual que el toro que huye hacia el desierto
si vencido por otro es obligado,
y si vuelve es recuperado y cierto
de acabar a quien antes lo ha afrentado,
de ti conviene haberme así alejado
pues ofuscó tu gesto mi valor:
y volveré hasta que haya dominado
lo que mi gozo impide: un gran temor.
Ausiàs March
Versión: OG
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