Wednesday May 05, 2004 at 12:34 PM
floresdeuxmal@yahoo.com.mx 0052 55 11 07 67 12 Uxmal 430, México,
03020, DF
Orlando Guillén Epílogo de Casasses a “Doce poetas catalanes”
Doy aquí, ahora, el fragmento inicial de mi versión
al Epílogo a Doce poetas catalanes del siglo
XX, de Enric Casasses. Lo publico casi al cierre de las
presentaciones paralelas de este libro ante el incumplimiento en
este sentido del Fondo de Cultura Económica de México
y del Institut Ramon Llull de Barcelona de iniciar su itinerario
a partir de la recién pasada feria del libro de san Jordi.
La poesía catalana del siglo XX entra también perseguida
a la lengua castellana.
Comienzan las metáforas morales
Enric Casasses
La poesía escrita en lengua catalana empieza con esta frase
anunciadora de lo que vendrá. Es la primera línea
del Llibre d’amic i d’amat de Ramon Llull (1232-1316):
“Comienzan las metáforas morales”. Vienen en
seguida unos pequeños poemas en prosa, tantos “como
días tiene el año”, escritos en Montpeller en
1283. El autor del libro no es propiamente Llull sino un personaje
suyo, Blanquerna, quien en el último capítulo (el
99) de la novela que lleva su nombre, se decide a escribirlo. Estamos
al final de la novela y Blanquerna ya es viejo. Completó
su educación, llegó a lo más alto, incluso
a ser papa de Roma; pero aún aspiraba a más y renunció
al papado para volverse pobre y ermitaño. Escribe entonces
el Libro del amigo y del amado, que constituye el capítulo
100 de la novela, y esta se cierra, así, con los escritos
del protagonista, con la quintaesencia de su lección (y no
es posible encontrar cerradura más abierta). Llull, pues,
presenta su obra mayor como obra dentro de una obra; subraya que
la experiencia que relatan los poemas es la de un personaje de ficción,
y la muestra como imaginaria y, por tanto, como imaginable. Eso
no la hace ni más ni menos sincera: es una de las obras de
la literatura universal que más sinceridad respiran. De hecho,
sin siquiera cuestionarlo, se ha aceptado en todas las épocas
como la manifestación más directa de la experiencia
más intensa de Llull, y lo es. Ahora bien: el juego literario
del autor ficticio y de la obra dentro de la obra (en el sentido
en que se emplea aquí) es un recurso para extender la vista
hacia delante factible de formularse blakeanamente: es imaginable;
ergo: será. Porque Llull no habla de algo que le ha pasado
a él si no de lo que te pasará a ti; aquello que,
habiéndote dejado cautivar por la novela puedes llegar a
creer inminente que te pase: si te identificaste, por poco que haya
sido, con el protagonista, cuando llegas al final te conviertes
en autor de los poemas, compartes su elevación espiritual.
Tener que pasar por Blanquerna intermediario es un atajo más
directo que si directamente te lo indicase Llull. Sea como fuere,
el caso es que pese a todo, de inmediato, todavía en vida
del autor, el Libro del amigo y del amado se independizó
de Blanquerna y empezó a circular con vida propia y es hoy
todavía la obra más difundida y traducida de la literatura
catalana. Vuelvo al capítulo 99: cuando Blanquerna se siente
inflamado por la inspiración no se pone a escribir para satisfacerse
a sí mismo, o por gusto o por alguna comezón interior
sino en desagravio de la realidad, gravemente perjudicada por los
hombres que actúan más por miedo que por amor. Para
decirlo con palabras de Llull: “Quien teme más a Dios
que lo que lo ama, se ama más a sí mismo que a Dios”.
Esto pertenece a un libro posterior, el de los Mil proverbios
(dado en Mallorca, en 1302, cuando él tenía setenta
“viniendo de ultramar”), donde también se lee:
“No ocultes la verdad que conoces a quien la ha menester”.
Uno de los antiguos manuscritos que preservan este libro atribuye
su paternidad ni más ni menos que al rey Salomón.
Pero los proverbios de Salomón fundan su propaganda en el
temor a Dios, y los de Llull en el amor. Entre ambos, en 1298, en
París, el sabio mallorquino había terminado el Arbol
de filosofía del amor, su libro más atacado por
los inquisidores, donde sostiene que las ciencias del entendimiento
sin las ciencias de amor y de bondad abonan el crecimiento de una
“mayor manera de hacer el mal y de engañar y de traicionarse
los unos a los otros”, y llevan al desastre. Pues bien: el
árbol de filosofía del amor le da su definición:
“Amor es la cuerda con la cual está el amigo atado
a su amado”. No me baso en estudios profundos que no he hecho
sino en mis lecturas, interesadas, ávidas, pero a despecho
de lo que digan los filoteólogos Dios en Llull quiere decir
la realidad. Aproximadamente. Es un concepto que no se está
quieto; que está en proceso constante de dejarse definir,
y queda abierto. No estoy negando la lectura católica estándar
sino afirmando la otra. Los conceptos básicos de Llull (lo
indica él mismo explícitamente y es uno de sus caballos
de batalla), son válidos para cristianos, judíos y
sarracenos. Y en consecuencia, añadiría yo, también
lo son para estoicos, epicurios, y para nosotros, europeos u occidentales
de los tiempos en que todo es ahora y nada también. El momento
de ponerse a escribir el Libro del amigo y del amado (aquel
en que Blanquerna se enciende de inspiración, tan bien descrito
en pocas líneas en el capítulo 99), es justamente
el que hace suyo Vinyoli en la nota al poema “Si de nit”
de Domini màgic . “Si de nit” es un poema llulliano
por las razones expuestas por Vinyoli en la nota, pero también
por la “fortuna/ de fer un tot unit/ amb sol, terra i lluna”,
y más todavía por la aparición en los últimos
versos de la escalera de los seres, que lleva al mayor saber y es
practicable por amor y no de otra manera.
Así, desde el título de su primer libro la poesía
catalana nombra con total claridad su territorio: el amigo, el amado,
y entre ellos la cuerda, la y copulativa del amor (que ya no es
exactamente el mismo de los trovadores). Amor a la realidad. Y en
la primera línea de la primera página define el medio
y el modo: las metáforas morales (que ya comienzan a ser
las nuestras). Mirad en la introducción de Guillén
sus comentarios sobre la moral en Ferrater y la ética en
Vinyoli. En una breve anotación de diario, Ferrater despeja:
“El tema de la literatura moral no es la experiencia que el
escritor tiene de los demás; es la inexperiencia en que se
siente frente a ellos” . En Llull las metáforas morales
son los poemas; o mejor: lo que quieren decir los poemas; o mejor
todavía: lo que te dicen los poemas -los cuales en el
Libro del amigo y del amado están en prosa: nada más
lejos del arte formal de los trovadores. El libro fue escrito (lo
dice su autor en el citadísimo capítulo 99) según
el estilo de “esas gentes que llevan el nombre de sufíes”;
es decir: inspirándose en modelos de la literatura mística
o religiosa del islam. Comienzan las metáforas morales.
Así pues la poesía catalana arranca en prosa. El poema
en prosa es un género que no reaparecerá con peso
en las lenguas europeas hasta los siglos XIX y XX; entonces acuden
a su uso además de algunos románticos, el modernista,
el simbolista, el dadá, el surrealista... Todos ellos tocados
por Llull o por lo menos por la huella llulliana, como veremos más
abajo. Puede decirse que en la civilización europea todo
proviene del verso de los trovadores y de la prosa del amigo y del
amado (digo civilización: hay otra onda europea, la incivilización,
que surge de los inquisidores y sus piras, y que aún intenta
predominar -por más que la realidad en la que viven los poetas
sea en verdad mucho más poderosa puesto que a pesar de tanta
sangre y tanta brutalidad existe todavía). El poema en prosa
tiene su santo patrón en Llull.
Antes que el gran mallorquino ya había poesía catalana,
pero se componía en lengua provenzal . Incluso Llull cuando
escribe en verso escribe aprovenzalado. La irradiación de
la cultura vecina era de tal magnitud en el terreno poético
que fascinó a los poetas catalanes y asimismo a muchos del
norte de Italia y de otras regiones. Nos referimos a la poesía
culta, o para decirlo más cultamente, a la poesía
de autor . Muy pronto la cultura provenzal se vio clausurada por
decreto apostólico y por la fuerza de las armas; de manera
que hoy podemos verla como un todo (el gran canto) y mirarle su
sentido: si el descubrimiento de los trovadores es la inseparabilidad
de la poesía y el amor, el tema concreto de sus versos es
la práctica posible del amor libre y multiforme, cosa que
imbrica dispuesta como las tejas de un tejado toda una visión
de la sociedad que ayude a ello; que a ello se preste; que a eso
se dedique: el amor, el disfrute del amor, la gentileza, imponen
una escala de valores que está por encima de las diferencias
de riqueza y de rango, porque es más activa y porque importa
más que estas. Y en su horizonte ideal visible las anula.
El tema es el amor; y el medio y el modo (la metáfora moral),
la rima. El campo del amor, tanto si surge del corazón (Bernat
de Ventadorn), cuanto si encarna uñero en la uña (Arnaut
Daniel), es el campo de la rima: “llengua entremesclada/ és
en la besada” [“es lengua en el beso/ entremezclada”]:
así define la poesía el trovador Bernat Martí
el Pintor. Algunos de los grandes trovadores de la gran época
son catalanes. El catalán y el provenzal son lenguas muy
cercanas: musicalmente tienen una sintaxis casi idéntica:
“Vós que heu fet català el líric/ vers
de Bernat de Ventadorn”, dice Ferrater a Foix, y tiene razón
ciertamente por lo que toca a Foix , pero en su conjunto la poesía
catalana siempre ha tenido suyo, siempre ha sabido sentir en catalán
o como si estuviese en catalán el lirismo de Ventadorn, la
brusca bronca fonéticomoral de Marcabrú, la recta
ley de la nada de Guilhelm de Peiteu, y la poesía trovadoresca
misma en vilo. Cuando la cultura provenzal cayó en picada,
la catalana se sintió su heredera porque era su heredera
y mantuvo (por mucho tiempo) la lengua y (por siempre más)
las formas y el espíritu. O séase que la poesía
catalana comienza en provenzal.
Para la microfonética espiritual íntima de la poesía
catalana este legado llega claro y vivo hasta nuestros días,
viajando por el espacio en que flotan las semillas de los poemas
(el mundo real) sin necesidad de recuperaciones románticas
ni de ninguna otra clase. El tiempo de los trovadores se acaba de
pronto porque redondamente se quedan sin sociedad: “desaparece
el sostén, el medio de cortes y auditores que da vida, material
y artística, al trovar”, dice el poeta francés
actual Jacques Roubaud; y: “La razón es clara: la cruzada
contra los albigenses, la invasión francesa, la instauración
de la inquisición. La inquisición combate a los cátaros,
pero poco a poco las ideas del amors se hacen indefendibles
y acaban siendo explícitamente condenadas”. Más
adelante Roubaud matiza que el trovar “no desaparece, en realidad.
En un lugar, a pesar de todo, se prolonga por más de un siglo:
en Cataluña. Las razones de lengua son evidentes. Las de
poder también. Son los siglos de la gran Cataluña
mediterránea. De Cerverí de Girona a Jordi de Sant
Jordi y Andreu Febrer, el trovar catalán parece suspender
el tiempo, o más bien dicho darle una marcha mucho más
natural, donde la forma de canción y el serventesio permanecen,
y donde el juego de las rimas se continúa entendiendo”
. El caballero Jordi de Sant Jordi, autor de escasos poemas, algunos
de los cuales cuentan entre los más poderosos de la musa
catalana, tiene uno muy famoso en provenzal catalanizado o en catalán
provenzalizado: “Jus lo front port vostra bella semblança”
[“En plena frente llevo vuestra bella figura”], que
suele cerrar las antologías de los trovadores y abrir las
de poesía catalana: un mismo y solo poema es el último
de una lengua y el primero de otra.
Se necesitó mucho tiempo para que la lengua poética
se fuera desaprovenzalando, poeta a poeta y poema a poema, hasta
el verso ya totalmente arrancado del corazón del idioma de
Ausiàs March. Este valenciano que renegaba de hacerse viejo
(“pues vejez en valencianos cae mal”) mete la mano en
las entrañas de la lengua y le saca batiente el corazón
vivo haciéndolo visible; el corazón en la mano, hace
siglos que nos lo enseña y el corazón no muere. Como
Llull, es un autor que hoy se lee más que, seguramente, en
cualquier otra época. Pese a tener una tradición ya
secular y muy prestigiosa detrás (y que llega hasta su propia
casa), March se considera, y es, el primero que versifica en su
lengua y “dejando aparte el estilo de los trovadores”.
Pero cuando quiere un ejemplo de amante fuera de serie entre aquellos
a los cuales ya “la tierra les es velo”, recuerda justamente
a Arnaut Daniel: está en el poema 47, el que comienza: “A
mal extraño, pena extraña/ y el remedio tendrá
que ser extraño”, y que al final dice que el amor “uñas
no tiene con qué aruñar mi carne”. Dije “hasta
su propia casa” porque dos maestros de la poesía medieval
y muy notables son su tío Joan March, y su padre, Pere March
-autor este de los famosos poemas “Me maravillo de cómo
no ve quien ojos tiene” y “En el momento que se nace
comienza el morir”.
Si Llull pone los pies en la tierra y siente cómo sube hasta
él desde la tierra misma la savia del amor, Ausiàs
le clava por amor los dientes a la realidad y no afloja la mordida,
o por lo menos así suena la muy concreta música de
sus versos. Ambas obras, la de Lllull y la de March están
vivas y vivificantes en la poesía de hoy en una medida en
la que quizá no lo esté ningún autor posterior.
La forma de su letra no mata; al contrario: nos provoca, deslumbra
y estimula. Y la vida de su espíritu, tan llena de virtudes
todavía por descubrir, interpela ahora más que nunca
o tanto como siempre: su obra no ha callado, no lo ha dicho todo:
no hay tal todo, porque está viva y aún nos sorprenderá.
El uno es una fuente que riega una cuenca inmensa y mana y mana.
El otro un volcán en erupción, y escupe y escupe lava
encendida. Quizá en la catalana sea más intenso, más
cargado de intención que en otras lenguas latinas el diálogo
con los grandes medievales y sobre todo con estos dos: su presencia
da a la poesía catalana del siglo XX, en su sensatez, una
pujanza osada como el amor (la brillantez de Llull no se apaga ni
declina) y un eje de inteligencia moral activa (March no para de
aguijonear). En algunos raros momentos incluso estos dos autores
disímiles parece que intercambiaran los papeles: “Desenamorado
fui engendrado y desenamorado nacido y desenamorado he sido en este
mundo casi todos los días de mi vida” (Llull, Libro
de contemplación en Dios, cap. XIV, 21). “En lo
finito queriendo los infinitos” (March, poema 122).
Todo esto en la poesía, porque la fascinación por
el provenzal sólo se había dado en verso. Las únicas
prosas escritas en provenzal en Cataluña fueron tratados
de versificación en provenzal. Porque mientras los poetas
cantaban o renegaban en la lengua vecina, la prosa se escribía
en puro catalán: el bello catalán gótico y
románico a la vez, porque lo gótico catalán
transfigura lo románico sin arrinconarlo. Es un gótico
dignificado por la contención romana. Uno de los primeros
y más notables prodigios de la prosa, y de la lengua, es
el Libro de los hechos de Jaume I El Conquistador, única
autobiografía de un rey medieval . Como protagonista y como
autor el rey tiene gran talla; escribe dictando con la confianza
y la sencillez de un hombre que sabe que alcanzará altura
mítica. Es una crónica (de los hechos de su reinado)
y unas memorias (de su evolución como persona). Un fundador
mitológico humano, ¡y escribe! En la nación
catalana algunos de los mitos más importantes son reales,
humanos y escritores (Jaume I, Ramon Llull, mossèn [monseñor,
cura, padre o padrecito] Cinto Verdaguer, Pompeu Fabra...).
Porque la gran prosa inicial e iniciadora es la de Llull, y Llull
también es un personaje de la mitología, quizá
el principal de todos. Algunos católicos quisieron declararlo
hereje; otros quisieron hacerlo santo; y ni unos ni otros se salieron
con la suya. Así hablaba Giordano Bruno (filósofo
que sí que fue ignominiosamente quemado vivo por los católicos
en el año 1600): “Entre aquellos que en soledad han
conseguido la visión y adquirido poderes maravillosos se
encuentran Moisés, Jesús de Nazaret, Ramon Lllull
y los contemplativos acomodados entre los egipcios y los babilonios”
. El Llull filósofo y el Llull poeta y todos los Llulls son
un mismo Llull, algo excepcional en aquella época. Cuando
filosofa, más que el razonamiento lineal (o deductivo: de
un punto se pasa al siguiente y se sigue siguiendo una línea),
la forma predominante de su lógica es analógica (se
argumenta con base en paralelismos y armonías entre líneas,
lo que es algo mucho más potente y requiere, en lugar del
criterio de verdad demostrada de los deductivos, un punto de intuición
llamado también sentimiento o bondad: la filosofía
de amor; y entonces no falla). Es el criterio de verdad que escribe
en estrofa sáfica y sin comas Brossa: “Borra amor imaginarios
límites/ Oh Verdad el anhelo con que yo te recibo/ El ardor
con que te deseo te hace perenne/ Inextinguible” (El pedestal
són les sabates, 1955).
Ahora vuelvo a comenzar de cero.
Enric Casasses nació en Barcelona en 1951. Autor entre otros
libros de “Comienzo de los comienzos y ocasión de las
ocasiones”, “No estábamos”, “Cal”,
“Canarios fosforescentes” y “De equivocarse así”.
Consultor en catalán y epiloguista de “Doce poetas
catalanes del siglo XX”.
Orlando Guillén. Mexicano, 1945. Autor entre otros libros
de “Títulos del miedo”, “Ubú Güey”
y “Rey de bastos”. Ha traducido a los grandes poetas
catalanes del siglo XX.
El artículo original está en http://uruguay.indymedia.org/news/2004/05/25204.php