Que nadie gobierne mi palabra
ni la mida ni la juzgue:
hablaré de los barcos zarpando
en madrugadas grises;
de los días quemados en inútiles hazañas
o tal vez desde este dolor
que terco anida en el pecho.
Escribiré el texto inevitable
que me dicta en lo profundo
mi vocación de sombras.
AMANECER ÓRFICO
Ayer fueron los pasos
en el hocico pardo de la ciudad,
con edificios insomnes que miraban
el cansancio de los días.
Falacia era creer que tenía
la dicha tomada de las manos;
no disfruté la sabrosura del banquete,
no vi huertos ni verdes colinas.
Los hierros repetían un salmo en el vacío
y la fe clavada allí.
Crecí por el dolor.
La fortaleza me acompañó
a la orilla de mi cama, de mi mesa,
y fui la columna-hogar-protector.
No me permitieron claudicar,
mas entrené guerreros a mi lado.
Feroz fue la lucha por el alba;
no supe cuándo llegó el fin.
Mis guerreros me anunciaron la victoria.
Ahora ya no hay miedo ni paso apresurado:
estas nubes prendidas a la ventana
son un coro de ángeles que emite
un órfico canto invadiendo el azul.
Con ternura la brisa desentume
estos cansados huesos, los ojos ateridos.
¿Cuál será el destino de este día?
Si el azar no interviene
será un día más en me invento
actividad, trabajo y un refugio
en los dóciles sueños de la mente libre.
SOLEDAD EN COMPAÑÍA
Ese rencor estrujado bajo la almohada
nos convierte en cómplices-enemigos
que comparten una domesticada libertad.
Ah, qué ilimitadas lagrimas
las de esta monotonía sin grandeza
que forja una cadena de cristales,
en que germinan yedras venenosas
cuyos alientos aspiramos.
Dos caras tiene nuestro transcurrir:
aguijón o indiferencia
que me llevan al anhelo
de estar sola, de toda soledad,
sin compañía.
Me alegraré de cada paso dado
con mi libre albedrío,
sin esta mentira solapada
de apoyar las manos
en el báculo del otro,
de mirar dos sombras
en la luna del espejo
y saberse cada uno, uno...
EN LA FRÍA MORADA
Un frío subterráneo
aflora y te circunda,
tu mirada surge de lo oscuro:
-Peces, peces del aire-
Nace una lívida aurora
y contempla entre tus manos
el dislocado sueño:
ese que un día atarás
a un hilo de palomas heridas
que en el azul profundo mueren
mientras por fin abandonas
el exilio de ti mismo.
Entonces comprenderás tus actos
como los del prestidigitador inepto
que maneja los hilos de su vida.
TRENES
La tarde en rosas se oxida.
En la estación los trenes llevan
un equipaje de ausencias,
ululan su nostalgia de horizontes
mientras un calendario desvaído corre.
Para algunos el tren marcha
sin regreso conocido;
en aquellos el pasmo y el dolor
comienza a ser raigambre
si el tiempo de los trenes
no es el mismo del alma.
Sé que un día partiré en un tren
que habrá perdido la memoria.