Palacio de Bruselas en el monte Frigio. Sala de los nobles.
El gran escudo de armas está pintado en las paredes. Los
sirvientes parados debajo de los escudos. Son las siete de la mañana,
y no está lloviendo. Los números 1 y 2 conversan.
No son mexicanos, son de Bélgica, pero son bien mexicanotes
pahablar. Si no, a ver cómo la ven desde ahi.
1: Bueno, mujer, y para acabar pronto, ¿puedes
decirme en qué te ofendieron los de Atenco? Preveo, y con
mucha claridad, que tu rabia dejará caer un chicotazo más
sobre sus cabezas, mi alteza de la seca crudeza.
2: Esa es la voluntad de Dios, mi archiduque maximiliano
legítimo. Los ciudadanos mexicanos tienen su carácter,
tú lo sabes bien. Pero ahora estas gentes de Atenco se han
pasado de la raya, y ya hasta se atreven a lanzar trompetillas contra
nuestra presidencial pareja… A los de Atenco los hundiré
y ahogaré en mares y mares de aguardiente, junto con su dichoso
ejido y con todo y sus machetes... Dios lo desea también
así desde que yo así lo quiero…
1: Momento, que soy lento, señora infanta.
Algo me huele a monje papamóvil en este lugar, en este momento,
en alguna parte… de ti…
2: Será de ti... ¡Fúchila!
1: Sea, sea, mujer… De ti o de mí,
qué más nos da... Pero yo creo que el único
deseo de Dios es que el pequeño valle de Texcoco sea feliz.
Todo lo que ellos quieren es jugar a los dardos, cazar pájaros
con sus arcos, comer, beber, dormir…, cantar canciones cachondonas,
acá, echar la güeva... Y para todo ello tienen todo
el derecho. En lo que sí están rematadamente mal es
en haberse burlado de nuestra… reputa…ción…
Además, ten en cuenta que el peso está poderosamente
débil, y sin ninguna recuperación a la vista.
2: Ah, sisisí. El pueblo azteca pagará
por eso. Dejaré caer sobre ellos el bloqueo económico,
la reforma fiscal. No sabrán ni qué fue lo que los
chingoteó, mi galán de ganar la lana... En menos de
lo que tú musitas un sentido padrenuestro y un audaz avemaría,
ya tendré yo a los de Atenco tirados a la bebida…,
al chupe…, mi antigua, archiducal blandenguez. Amén...
Tú.
1: ¿Y yo por qué? Nunca mi presidencial
persona dirá amén a eso. Te lo digo yo. Además,
¿quién es el que manda en palacio nacional?
2: Tú, cuando con la pluma de rancho San
Cristóbal en la mano, firmas los decretos que yo te indico
que deben decir “Así lo deseamos” o “Así
lo mandamos”. De manera que toma este toro por los cuernos
y firma con buena tinta… y ponle el sello.
1: ¿Le estás llamando ‘toro’
a este decreto?
2: Toro le llamo, y toro es lo que es.
1: Uyayayuy…(Al publiq.): Ella
dice que su propio decreto idiotizador es un ‘torito’
de guanábana, pero yo prefiero un babadioso, o un buen curao
de pitahaya… ¿Qué onda, señora mía?
Resulta que estás ya tan briaga de tu propia importancia,
que te llegas a creer que estás embotellada y protegida dentro
de ti misma... ¡Vamos, México! ¡Por Dios, mujer!
Lo que te pido es que si vas a vomitar me lo hagas saber antes;
digo, para mandar a traer un tazón de cabeza de toro donde
puedas echar las tripas, y no tengas que andar corriendo. (Al
publiq.): ¡En la madretorre! Ha bebido tanta chela
como para emborrachar a un pueblo!
2: ¿Con que esas tenemos? Entonces, ¡que
Belcebú arregle tu carreta! Tocaré la campanilla de
los monjes capuchinos toriaos... Vendrán…, y te rasurarán
los aguacates verdes, y si hace falta, vendrán vestidos de
payasos también los dominiques... Te meterán la picana
por dentro, con toda su parafernalia: el sacacorchos, la jeringa
de agua de muerto, y demás cristianos artefactos... ¡Preparaos,
preparaos, mis queridos monjes guarros!
1: ¡No! ¡No! ¡Tened piedad,
señora mía! Firmaremos, cobraremos caro a la gente
de Atenco, y les cortaremos narices y pulgares. Se lo pensarán
dos veces antes de llevarse los pulgares a las narices para lanzarte
o lanzarme o lanzarnos trompetillas, mi infantilidad.
2: Que sea así, mi limpiabotas regio. Así
me gustas. Y aprovechando la cosa, firmarás también
esta acta magistral por la cual yo misma mando que se construyan
doce nuevas iglesias, ya que andamos tan cortos de ellas. Una estará
dedicada a nuestra señora de las nieves del Popocatépetl,
otra a nuestra señora grabada en video… En fin, una
más para nuestra señora de la santa muerte... ¿Qué?
¿Fintas, firmas o das color?
1: Firmaré, fintaré, firmaré
y sellaré, mi muy beato amorcito. Y los monjes de gaveta
abierta quedarán muy complacidos... Y en vista de que una
vez más el fondo de las asustadas arcas me han visto rascarlas
en exceso, alegremente y sin medida, y me han dicho: “tomad,
señor, este bendito chile verde, que es todo lo que nos queda,
para que os rasqueis vuestro sagrado trasero”… Y en
vista de, y así puespués, tú sabrás
pedirles a cambio que recuerden el bendito capítulo según
el cual nos tienen que adelantar los benditos dólares, para
poder imponer el bendito cerco sobre Atenco y el Anáhuac.
¡Bendita..., que diga..., maldita sea!
2: De acuerdo, y copirrai, mi indignidad... Pero
no te sulfures, que azufre ya tendrás bastante en el infierno...
Facultaremos al populacho para que llene los benditos cofres, y
para eso llamaré al grangrán panzón Panseco
de Hacienda... que organice un grangrán te-deum, con el grangrán
imán chupaabstractor en una mano y la grangrán talega
recipiente en la otra, mientras las gárgolas de todas las
catedrales gargotean agua bendita y los monjes, barítonos
y tenores, cantan: “¡Arrepentíos, pecadores!
¡Pagad vuestra entrada al paraíso”. Después
de eso los empedamos, los chingamos, y amén.
1: Amén.
[Escena primera de El sitio de Ostende, de Michel de Ghelderode:
Versión y adaptación: Grupo de teatro Las
Flores de Uxmal]